dormir

17.09.2014

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Pues nada. Aquí sigo. Incapacitada para ganar ningún concurso de belleza y apta en cambio para emprender un nuevo formato televisivo: “Mi flemón y yo”.

La verdad es que ya parece que mi moflete empieza a tener un tamaño más razonable; al menos ya quepo por las puertas y la gente me mira con -ligeramente- menos cara de horror. Algo es algo. Pero mi trabajo me ha costado: he pasado la mitad de la noche durmiendo sentada en el sofá del salón y la otra media intentándolo en la cama. Y no por falta de sueño, si no por la puñetera posición.

Y es que he descubierto que el flemón se nutre de mi decúbito supino (y hasta de mi decúbito prono, el muy cabrón) y he tenido que dormir apoyando la cabeza sobre dos almohadas y tres cojines que me dejaban el cuello como la peli de adolescentes: ‘A tres metros sobre el cielo’. Y yo, así, no. Nunca he comprendido como pueden dormir en esa posición los americanos de las películas y las series. ¿No os habéis fijado? Se acuestan tan tranquilos en una cama con 300 almohadones dejando el cuello alzado como un galápago y el edredón que sólo les llega por los sobacos ¡¡!! ¿Mande? ¿Y eso es estar cómodo? Cuando te vas a la cama, los cojines se quitan (ordenadamente o lanzándolos por ahí, eso ya cada cual). Y, cuando arropas a alguien, se le sube la manta hasta la coronilla, leches! Con lo bien que sabemos hacerlo aquí!! En fin…

Miércoles. Hoy os deseo, además de buenos días, un buen dormir.

15.09.2014

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No tengo costumbre de dormir la siesta. No cabe en mi agenda diaria, ni me parece necesaria (una vez cumplida la edad adulta), así es que -durante 50 semanas al año- la omito. Pero cuando estoy en el pueblo, de vacaciones, se activa un código oculto en mi programación que me impele a echar, todos los días, necesariamente, una cabezadita después de comer [Os hago estas consideraciones previas para que entendáis que el estado mental en el retorno a la realidad está algo…disperso, quizás].

Bueno, pues en una de esas siestas estivales algo raro debí de soñar porque me desperté convencida de que la evolución humana lo estaba haciendo mal. Que deberíamos involucionar y volver a tener rabo. Sí, rabo, cola. De las de por detrás. Como un mandril o un personaje de Avatar. Que nuestra vida sería mucho mejor con una buena cola que nos permitiera un tercer miembro prensor. No? Imaginaros qué bendición para las incontables ocasiones en que nos faltan manos!

Y es que en muchos de mis sueños, yo vuelo. Pero no vuelo como Superman ni como un avión. Es más bien un vuelo corto, a poca distancia del suelo; de lo que deduje aquel día que quizás se trataba de tener un rabito con el que ir dándote impulso. Tipo: un pié aquí, el otro ahí, el rabo enganchado en la farola de allá y ¡zas! Cuatro metros en un solo paso!

Vamos que, francamente, sólo le veo ventajas al asunto. Y no me convencéis de lo contrario, que bastante lo intentó mi pobre amigo Fernando, destinatario aquella tarde de mis desvelos rabiles.

Lo dicho: pido involución. Quiero mi propio rabito (o rabón) y me salto del lunes al viernes de un empujón. Buenos días!!

24.07.2014

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El sábado pasado, durmiendo con mi hermana Jimena, me di cuenta de lo bien que duerme una… sola.

Sonará cruel decirlo, pero es que la niña activa el modo garrapata y no hay manera. Se te adhiere a la piel como el mencionado bicho y no te la despegas. Mira que yo duermo como un cesto, pero con ella me desperté varias veces con sensación de peligro y era porque me tenía al puro borde del abismo. No es que duerma contigo, es que duerme encima de ti. Y eso que estoy acostumbrada a dormir con mis hermanas y suelo ser de las que invaden, pero nada, no puse pica ni en Flandes, ni en mitad de mi propio colchón a pesar de ser grande… Lo cojonudo es que si te levantas y la dejas sola, se queda en su mitad de la cama sin moverse como si fuera una santa ¡! La bomba.

Y es que lo de dormir con alguien tiene su guasa. A cualquier pareja que preguntes te cuenta mil batallas: desde los que duermen en el canto del colchón y ni pestañean para no dar la brasa, hasta los que se pasan toda la noche dando la tabarra y no dejan al otro echar la persiana. No me extraña que en Real Sitio del Escorial -que espacio no les faltaba- los reyes que allí moraron tuvieran habitaciones separadas; aunque viendo aquellas camas, apostaría a que cómodos del todo tampoco estaban…

Pero no recuerdo a santo de qué he me he puesto yo el salto de cama… Debe ser que ya es jueves y el sueño me mata. Como no son horas, un café, agua fría y ¡buenos días!

13.06.2014

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Recuerdo que, al principio, las noches que pasaba a tu lado no pegaba ojo. Cosa rara, porque tengo tendencia a dormir como un cesto cuando estoy tumbada y tengo sueño… Probablemente era la falta de confianza, que una cosa es compartir sexo y otra descanso y hay que conocerse más para eso.

Así es que allí estaba yo, una extraña entre las vigas de tu techo, estudiando cuánta luz entraba por la claraboya, vigilando -sin pretenderlo- tu sueño inquieto. Adaptando mi cuerpo al contacto constante de tu cuerpo; paladeando el silencio.

Y así pasaron las horas, las noches y pasaron aquellos tiempos. A golpe de placeres entre los desperfectos, nos construimos un pasado sin saber que lo estábamos haciendo.

Pero lo que eran bordes dentados se hicieron aristas de hierro. Y con la luz del día, con los días que siguieron, vinieron desvelos nuevos. Senderos tortuosos que nos perdieron. El viento, a poco que sople, desvanece aquello que es etéreo.

Y aún hoy nos seguimos desvaneciendo. Bordando notas de desencanto, bajo amenaza de destierro. Entre el fragor de tanta batalla, entre los ladridos de unos perros que solo saben callarse cuando se muerden algún hueso.

Será que pecamos de imbéciles. Que hay demasiadas sombras que no se disuelven con el fuego. Será que no nos cubre ya la pendiente de aquel techo… estaba tan cerca de nuestras manos que lo tocamos sin quererlo.

 

Viernes. De nuevo.

Buenos días

 

19.05.2014

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Alguno recordará que hace un par de semanas andaba yo más feliz que una perdiz porque, contra todo pronóstico, había dormido a pierna suelta en un autobús… Pero como no hay ciencia exacta ni regla sin su excepción, esta noche -que la he vuelto a pasar sobre ruedas- me ha cambiado completamente el cuento: en lugar de estar sola como Rapunsel en su torre, me he sentido más espachurrada que Blancanieves compartiendo la cama con los siete enanitos; solo que el mío era uno solo y de enanito no tenía nada (nada a la vista, al menos).

Me ha tocado por compañero de asiento un chaval grande como una montaña por el que estoy seriamente preocupada: su temperatura corporal no era normal. Lo sé porque como él era enorme y yo no peco de pequeña, el 15% de mi cuerpo (tomado verticalmente y por el lado derecho) ha estado continuamente en contacto con el 20% del suyo (también tomado verticalmente, pero del lado izquierdo), de tal manera que al amanecer esta mañana en Méndez Álvaro, nos habíamos fusionado. Sí, sí, unidos por el costado; siendo el primer caso conocido de siameses nacidos de distinta madre y en distinta fecha ¡! Creo que lo van a publicar el mes que viene en el Skeptical Inquirer…

No, ya en serio; hacedme caso que yo he visto muchos capítulos de Expediente X y sé que el calor d el cuerpo de ese muchacho podría dar lugar en cualquier momento a una combustión espontánea y la cantidad de líquido que desprendía por la sudoración ha podido licuarlo. Vamos, que para un día que me abrigo requetebién, el conductor pone la calefacción a toda mecha y me instalan en el asiento contiguo una caldera… una caldera de vapor!!

Lunes y San cubo de Rubik. Eso es lo que veo yo hoy en cuanto parpadeo: cuadraditos de colores! Muy buenos días…

05.05.2014

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No me extraña que mi padre no me crea porque para mí también es difícil de entender, pero sucede: en su casa, en Málaga, me duele la espalda. Yo sospecho que esos colchones de blanda visco-elástica que se gastan son especialistas en despertarme la lumbo-ciática; aunque quizá dormir con una hermana que hace 10 años que no es un bebé encaramada a mis riñones tampoco ayude en nada.

Y aunque soy de las que se les llena la boca diciendo que no soy en absoluto delicada y que duermo en cualquier lado, este puente he ido de cama en cama y no hay manera: me levanto destrozada. Y luego resulta que regreso en un autobús nocturno en el que tengo que alcanzar el sueño hecha un cuatro sobre un asiento de poli-piel que resbala, con la cabeza colgando de la almohadilla hinchable, sin saber como estirar las piernas, escuchando por encima del volumen de mi música un concierto de ronquidos a 5 bandas, para amanecer en Madrid a punta mañana… y no me duele nada!

Reconozco que lo de dormir en el autobús es toda una ciencia: que si el cojín cervical, que si los cascos modelo tapón que te aíslan, que si un pañuelo del cuello grande que te haga de manta… Y no menos importante tener la suerte de cara: que te toque un buen compañero de cama (de asiento, vaya). Por propia experiencia os digo que los rusos gigantes que van durmiendo la mona todo el camino no me gustan -para estas lides- nada de nada; lo mejor son los que son como yo: profesionales de dormir en los medios de transporte que, según se sientan sacan la almohada, la manta, los cascos y te dan las buenas noches. O, caso de ser muy afortunada (y anoche lo fui), el autobús a reventar y en el asiento contiguo NADA.

Día 5 y empieza el mayo laboral. Lunes y de vuelta a mi cama ¡Ah, no! Aún no. Y no me faltan las ganas… Buenos días!!

07.04.2014

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Dispuesta a ser justa y, dado que el viernes pasado me dio por desmontar expresiones tradicionales del lenguaje popular, hoy quiero destacar una que contiene en su simpleza tanta verdad, que creo que la tendríamos que ampliar:

“El comer y el rascar, todo es hasta empezar”

Efectivamente. He ahí una verdad como un templo. Pero, insisto, esas no son ni de lejos las dos únicas actividades de las que parece que no tienes muchas ganas pero, cuando empiezas, el cuerpo te pide más porque ¿Qué me decís de dormir? Yo aguanto como una jabata con cuatro o cinco horas diarias pero, si me dan rienda suelta, desgasto el colchón hasta que tengo el cuerpo con forma de manta y me levanto sólo porque los riñones me duelen como si se me fueran a partir. ¿Y el sexo? Igual. También aguanto cuatro o cinco horas diarias pero.. ¡No! Es broma. Me refiero a que, en épocas de sequía el cuerpo es capaz de adormecer el deseo hasta dejarlo en un anhelo llevadero pero, cuando lo incorporas a la dieta, no lo puedes dejar. Y así con tantas otras cosas: el deporte, la lectura, algunos juegos, algunas personas…

Parece que el ser humano tiene el gen de la adicción, pero que éste tiene dos posiciones: puede estar en ‘on’, puede estar en ‘off’… La cosa está en controlar el interruptor.

Lunes y Nuestra Señora de la Caridad (Cari, para mí) ¿Sabéis que hay un pueblo en Mozambique y otro en Argentina que se llaman Siete de abril? Hoy parece un buen día para pasarse por allí. ¡Buenos días, caris!