edificio

20.07.2015

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Recordareis (los asiduos a estas letras) las muy mentadas obras de mi edificio, porque bien de guerra os he dado con ellas. Que si los cascotes, los albañiles, el patio, el polvo y todo el resto de la parafernalia (ver para muestra las entradas del 14.02.2014, 03.04.2014 o 18.09.2014)… Pues por si quedaba alguna duda, la obra continúa!

Parece que ya se ve la luz y que -con suerte- el proyecto incluso termine antes de que yo me jubile; pero ahora en la recta final,  ha empezado a preocuparme el poco interés que les veo por reparar todo lo que me tienen mal: las ventanas, el timbre, el tubo de la caldera, la lámpara… Creo que han roto absolutamente todo lo que había en el patio y podía romperse, vaya.

De hecho, hasta hace unos 15 días me daba cuenta de que iban rematando un montón de detalles pendientes, excepto los de mi casa. Pero todo cambió un sábado por la mañana… De esto que llegas el viernes de madrugada y con el calor olvidas bajar la persiana; sumado a esa costumbre que Dios me dio de dormir en pelota picada, la consecuencia está clara: al albañil le alegré la mañana. Para cuando quise abrir un ojo debía llevar tres manos de pintura junto a mi ventana. A poco que se esforzara debió de verme hasta la entretela.

Pero mira, mano de santo con el chaval. La actitud cambió de forma radical: me limpió el alfeizar, la persiana, me ha prometido lijarme lo de la puerta y dejarme el patio como la patena. Que si yo sé que el truco era enseñar carnaza, hace meses que me hubiera dejado ver las tetas!!

Lo malo es que de lo prometido le queda más de la mitad y el albañil ha desaparecido.. Y para más INRI me he cargado la materia prima del tráfico de influencias (tal cual) Pero eso da para más de tres párrafos, así es que mejor lo dejamos para mañana.

Lunes. Buenos días!