Ensanche

09.02.2015

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De aquella excursión que hice el año pasado al Ensanche de Vallecas en pos del consumo de gangas de la que vosotros no os acordareis ya, me traje tres cosas a destacar: una toma de contacto con una zona de Madrid que no conocía, una jarra de cristal para el agua y una sábana bajera de tejido polar.

De lo primero ya os hablé en su día, lo segundo no creo que dé para mucho comentar (cristal, tapón de acero, capacidad de 1,2 litros, muy mona, no la uso… Ya está), pero lo de la sábana polar no me lo puedo callar.

¡Por Dios! ¿Cómo eran nuestras vidas antes de que se inventara el forro polar? ¿Cómo superábamos el invierno? ¿Qué nos poníamos para ir a la montaña?
Me confieso ferviente admiradora de este tipo de tejido: abriga, no pesa, lava fenomenal, no se plancha, es ecológico y tarda poco en secar. Suave, gustosito y transpirable. Más que un tipo de tela, es un milagro. Y para colmo de bienes ¡es barato!

Jerséis, pijamas, gorros, guantes, calcetines, pantalones, sabanas, batas, mantas y la hija fea de ambas, la batamanta. Todo es mejor si es polar.
Vale que es sintético, inflamable, no estiliza nada la figura y se fabrica con Tereftalato de polietileno (un polímero plástico derivado del petróleo con un nombre insufrible) pero ya me diréis si no es mejor reciclar cuatro botellas que seguir cazando visones para despellejarlos!!

¿Frío yo? ¡Nunca! Vendí mi Damart y ahora uso un forro polar. Lunes. Buenos días!!

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13.01.2014

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El otro día me fui de excursión urbana al Ensanche de Vallecas. Quería ejercer de consumista compulsiva de súper-ofertas en un outlet que han abierto allí una cadena de supermercados que defiende que la calidad no tiene por que pagarse. Así es que me aferré a la línea 1 de metro como aquella que no se aburre de ver subir y bajar gente y, 19 paradas después, allí donde se terminan los raíles, aterricé en ese territorio ignoto del ‘Ensanche’ para comprender, al primer golpe de vista, el porqué de su nombre: madrecita que pedazo de avenidas tan grandes ¡Ocho carriles del ala en el primer cruce! Afortunadamente los encontré desiertos porque pasar al otro lado, habiendo tráfico, puede llevarte toda la tarde.

El caso es que el barrio es amplio y cómodo; que con el metro no hay distancias (para los que tenemos callo en el transporte) y que todo huele a limpio y a nuevo. Es más, probablemente de aquí a 15 años adquiera su propio carácter, pero ahora mismo la sensación que da es la de haber llegado a alguna llanura manchega donde, por efecto de extrañas habichuelas mágicas, han brotado como champiñones una miríada de bloques de viviendas a cual con más carácter… Y es que los edificios del PAU tienen tela; algunos son muy interesantes, pero todos juntos y ordenados en descuidado desconcierto acaban pareciendo las pancartas de una manifestación radical pro arquitectura de vanguardia. Al menos a mi ojo inexperto…

13 de enero y 160° aniversario de la patente del acordeón, ergo día mundial de Los Pajaritos; una pena que sea lunes y no día de fiesta, por aquello de volar tú y yo cruzando el cielo azul y el ancho mar. Buenos días…