escarmiento

30.05.2014

Posted on Actualizado enn

Da igual cuantas veces nos pongan delante la misma puñetera piedra; siempre podemos volver a caer. El escarmiento es, por lo visto, flor de un solo día: se marchita en cuanto se enfría.

Y nosotros -muy ofendidos porque de tanto tropezón nos duele el pie- volcamos nuestra ira contra la piedra, como si ella pudiera elegir su manera de ser… ¡Noooo! La piedra, piedra es. No es inteligente, carece de empatía y probablemente no conoce la mala fe. Se cree compleja pero no llega ni a simple: es su naturaleza rocosa quien la empuja a hacernos caer. Culpa nuestra es confiar en ella y no levantar más el pie.

Esquívala, me dicen algunas… pues podría ser. Pero yo no sé andar con miedo a errar y, si no me implico con mis baches, ¿con cuál?

Puntera de acero en las botas, me recomiendan otras… podría ser también. Pero ¡que pena! la vida de un canto rodado no debe ser buena.

Al final, el golpe se lo lleva tanto la piedra como quien se lo da. Y es el tiempo el que tiene fama de poner a cada uno en su lugar: erosiona la roca, la reduce a polvo, le lima las aristas… y a nosotras nos hace más listas.

Y así, entre chinitas y pedruscos, la vida va pasando. Quién sabe si en ese sendero, una misma no acabará rodando… Viernes. Espero que esta mañana encontréis despejado el camino del fin de semana. Buenos días!!