estaciones

11.05.2015

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Llegados a estas fechas en que el buen tiempo no es que esté asegurado pero empieza a darse por sentado, la estación de la primavera da un sutil giro hacia una estación intermedia que podríamos llamar ‘pre verano’.

Para mí, esta época es tan deseada como agobiante y agotadora. Porque en invierno, de lo malo malo, te sale algún fin de semana descargado (de estos que tienes pocos planes y sacas más tiempo para el descanso), pero desde aquí hasta bien finalizado el verano ya no paro. Mi vida se convierte en una sucesión de idas y venidas con días laborables -también liados- en medio.

Esta acumulación de ocio primordialmente viajero, tiene -por supuesto- su cara y su cruz: en el lado bueno que me gusta, lo disfruto y me divierto. En la cara oscura está una cierta sensación de permanente destierro. La maleta no conoce el descanso, los días se pasan a velocidad de vértigo y acabas estando fuera tanto, que no te cunde lo que estás dentro. Además te encuentras amigos que te terminan torciendo el gesto (y lo entiendo) porque intentan quedar contigo y tú eres un cajón lleno de ‘no puedos’…

Pero es que hay tantos sitios en los que me apetece estar, tantas cosas de las que quiero participar, que muchas veces he pedido en la hoguera de los sueños fantásticos dones como la ubicuidad o el teletransporte; aunque éste último no me conviene, que ya sabéis cuanto me gustan los viajes… Me vendría mejor tener alguna mano extra, o una cabeza con más memoria, que hay muchas ocasiones en las que me faltan. Por pedir…

 

Lunes. Buenos días!

02.06.2014

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Me gusta pensar en las estaciones como lugares de tránsito. Y no porque sea un original nombre de mujer, si no porque me gusta la palabra tránsito en su acepción más genérica: el paso de un  estado a otro (de despierto a dormido, de ilusión a desencanto, de líquido a gaseoso…). Parece aludir a un cambio consciente y consentido; a un devenir natural del curso de la vida. A ese estado mental en que no te tropiezas con las piedras del viernes, si no que fluyes sobre ellas, entre ellas y a pesar de ellas.

Como es una palabra dócil, uno imagina que ese cambio de estado es un proceso sin grandes altercados y tirando a lento pero, en contadas ocasiones, el tránsito se esconde a ras de piel, en las yemas de los dedos pulgar y corazón cuando se frotan entre ellas y hacen ‘chas!’. Aquí mi quinta coreará el “y aparezco a tu lado” de la Rosenvinge pero, en este caso, no procede… O tal vez sí porque, efectivamente, aparece a nuestro lado el conocimiento; como si fuese el vástago de la ciencia infusa y el sobrino del milagro.

No es una situación muy frecuente, pero yo creo que a todos nos ha pasado. Como cuando llevas mucho tiempo estudiando una materia sin aprender ni papa y de repente (chas!) lo entiendes; ves los conceptos como piezas de tetris; todo encaja, te sientes clarividente, no comprendes como has podido ser tan cerrado de mente!!

Pues a veces -raras veces- en el terreno personal también se produce: cuando has estado obcecada dando vueltas alrededor de un comportamiento ajeno que no comprendes y, con un chasqueo de dedos, te viene. Te sientes como un personaje de Marvel con el súper-poder del saber. Chas! De tonto a cuerdo: tránsito hecho. Y aunque lo que tienes delante pueda doler, la endorfina que el entendimiento segrega, cauteriza la herida antes siquiera de que sangre.

Teniendo en cuenta cuantas estaciones de paso acabamos cruzando en nuestra vida y todos los tránsitos que debemos hacer, no me parece un mal súper-poder.

Feliz lunes. Feliz cambio de semana. Buen tránsito de mes y Buenos días!

23.09.2013

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Cualquiera diría que estamos al inicio del verano por las temperaturas tan agradables que nos acompañan. Pero no es así y se nota. Se nota en las uñas de los pies. Si os fijáis la mayoría de las mujeres que llevan sandalias tienen el esmalte de las uñas de los pies descacarillado, como aquella que sabe que en cuatro días va a llevar la bota puesta.

El caso es que el otoño se nos presentó anoche a cenar casi a hurtadillas, pero viene para quedarse; en concreto, 89 días y 20 horas de pisar hojas secas, asar castañas y calabazas y cosechar girasoles, con los días recortándose a ojos vista y las noches dominadas por la vista de Venus y Saturno. Y aunque estéticamente es mi estación favorita, la perspectiva del termómetro cayendo a la par que las hojas no se me hace nada agradable…

Haremos lo del refrán: al mal tiempo, buena cara; que para eso hoy es el Día Mundial de la Sonrisa; aunque no especifican si es de la horizontal o de la vertical… Afortunadamente no preciso de ningún taller de risoterapia de esos tan en boga para mantener sano el sentido del humor y siempre estoy -de un modo u otro- sonriendo. Así es que -ya sabéis- si alguien de repente me ve seria, es que no me está viendo entera…

Lunes. Empieza la semana! Buenos días!!