extraterrestres

10.03.2015

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Según la paradoja de Fermi, si hay tantas civilizaciones en el universo, tanta vida inteligente en la galaxia, es contradictorio que no se comuniquen con nosotros.

 

Esto lo formuló el tal Fermi -a la sazón científico nuclear- mientras charlaba en el comedor con unos colegas con la muy elaborada y sintética sintaxis: ¿dónde están?

 

El gran silencio.

 

Y para explicar el gran silencio hay un río de teorías con mayor o menor rigor científico que van desde la inexistencia de extraterrestres hasta un complot interestelar para no decirnos ni mu.

 

Pero ninguna acierta.

 

El gran silencio está, en realidad, en nuestro planeta. Yo lo he visto.

 

El gran silencio es tener a una persona delante, hablar, y aún así no comunicarte.

 

El gran silencio está lleno de palabras que se hacen serpiente: se retuercen, envenenan y resbalan.

 

Es a la vez un escudo y una bala. Un proyectil que desgarra la propia carne y la carne ajena. Una perturbación en la dimensión del universo que crea vidas paralelas. Distorsiona la historia y arrasa con las certezas.

 

El gran silencio es un adversario taimado -todo humo, soledad y cervezas- que paraliza los músculos del cariño y deja los cuerpos rígidos, incapaces de buscarse para romper su barrera. Es un dardo en la lengua, que le amputa a ésta su parte buena.

 

El gran silencio trae los gritos y la guerra. En un bar con poca gente o en una plaza semi desierta. Comparte sustancia con las penas: que no matan, pero ayudan a no dormir…

 

Lo que ni el señor Fermi ni yo sabemos es si tiene escapatoria su paradoja. Si hay una puerta trasera que nos evite tanta batalla queda. Si existe la palabra mágica que anule tanta ausencia. Si ponerle un nombre, todas estas letras y dejarlo a la deriva en una botella es conjuro para que la comunicación vuelva.

 

Si el gran silencio tiene cura y si vamos a buscarla siquiera. Buenos días.

27.09.2013

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Después de pasarme una nochecita de aúpa robando en unos grandes almacenes forros polares y provisiones para huir al monte y así escapar de los invasores que dominan la tierra, me he despertado absolutamente trastornada, empeñada en que mi despertador era táctil y cabreada porque no se apagaba al tocar la pantalla… Vamos, que he estado un rato en ese limbo que separa el sueño de la realidad, másperdida que una docena de japoneses en el Museo del Jamón.

Pero la pesadilla ha llegado cuando he consultado la página del AEMET: lo que nos van a invadir son unas nubes más negras que el carbón que bombardearán rayos, truenos y centellas; al termómetro le va a explotar la burbuja inmobiliaria (digo otoñal) en plena cara y a mi me va a obligar a pensar con qué me vestía yo cuando no andaba cada día en sandalia y pierna al aire. Y todo esto, aprovechando que es fin de semana. ¡Venga ya! ¿Qué atracción fatal sienten las borrascas por los sábados? ¡Pues menos mal que nos tocaba el veranillo de San Miguel! Y para más INRI se celebra hoy el Día Mundial del Turismo ¡!

Menos mal que Google celebra su cumpleaños con caramelos a golpe de piñata… Viernes, buenos días y, si podéis, buen fin de semana.