fiesta

18.05.2015

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Por cosas de la vida que no vienen ahora al caso, hay días que acabas protagonizando las Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (pero en secano), emulando a Willy Fog por el mapa patrio, siendo la bola de una máquina de petacos, que cada vez que da un bandazo no suma puntos, si no kilómetros… Así me pasó ayer domingo que, en tres volantazos me calcé ochocientos, empeñada en abrir un nuevo puente aéreo Burgos-León-Burgos-Madrid exclusivo para mí.

 

 

El caso es que los primeros fines de semana de buen tiempo en la ciudad me cuesta respirar. No por alergias ni afecciones respiratorias de tracto urbano, afortunadamente. Sólo es que encuentro el aire terriblemente sucio, el asfalto demasiado duro, el gentío excesivamente burdo… El ansia de horizontes limpios se apodera de mí y no hay verbena en las Vistillas que me retenga aquí.

 

 

Por eso tantas veces los afanes se me van en salir y salir… Porque sólo fuera de Madrid puedes cruzarte con un corzo curioso que detiene su huida para mirarte a los ojos o con dos liebres saltarinas que juegan a dos metros de ti; sólo donde el horizonte se hace monte es posible buscar salvia, estepa y aliaga o aprender a distinguir enebros de sabinas, aunque sea chupando sus bayas. Y la carretera -cuando discurre entre roquedos y verdes montañas- posee su propia magia; más si la música acompaña y, para mayor gracia, no haces más que adelantar camiones-orquesta: señal de que llevas el mismo camino que la fiesta.

 

Total, que me he venido con la retina bien aireada y el resto de las piezas agotadas. Será posible descansar entre semana? Lunes. Buenos días!!

árbol campo Cebrecos

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31.10.2014

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Jamás he visto al miedo esconderse en una calabaza, por mucho que metamos una vela en su boca desdentada. No. El miedo es más parecido a esa amalgama viscosa que se cuela reptando bajo tu cama. Aquello que espera en silencio, 60 centímetros por debajo de tu espalda; algo frío que, cuando tengas la luz apagada y la guardia baja, se colará entre los pliegues de tu sábana.

 

No creo que a nadie le aterren en realidad las telarañas, aunque podrían, si sientes cómo te atrapan, si te retienen inmóvil frente a un peligro que se acerca mirándote a la cara.

 

Tampoco es que den pánico los niños que llaman a las puertas con esa cantinela del ‘truco o trato’. En cambio la mirada sin párpados de una muñeca de porcelana o su risa infantil en una casa deshabitada puede ponerte los pelos como escarpias.

 

Los disfraces que se ponen los chavales para salir de marcha? Nada! Por más que porten hachas, motosierras o espadas ensangrentadas. El terror sí podría ser una máscara. Una que se aproximara flotando desde la nada.

 

Vampiresas de bote, dráculas de paja, zombis de pacotilla… Bailarines absurdos de esta mascarada: el auténtico terror se esconde en nuestra mente desbocada. La fiesta de los difuntos no es más que la bravuconada que usamos para olvidar que el miedo nos acecha desde cualquier puerta cerrada.

 

Feliz Halloween. Buenos días (mejores noches) y buen fin de semana.

27.06.2014

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Me doy cuenta de que ayer desaparecí sin decir ni chus, ni mus, ni bicicleta, pero -por supuesto- tiene su explicación: nos quedamos toda la mañana encerradas en la oficina.

Bueno, la puerta estaba abierta y las ventanas funcionan perfectamente pero, por cometer ese terrible pecado de cambiar de compañía telefónica, en lugar de tener servicio con las dos, no teníamos con ninguna, así es que hasta que no convencimos a un técnico -bajo coacción y amenazas- de que viniera a tocarnos un rato los cables, estuvimos de encierro comunicativo: ni Internet, ni teléfono. Sólo nos quedaba el fax como recurso (lo que hoy en día equivale a las señales de humo).

Y qué queréis que os diga, nos parecía que, siendo una oficina, iba a ser algo malo, pero tampoco es tan dramático! Sólo un poco más cansado… Trituras tus papeles, trituras los del vecino, sacas brillo a los clips uno por uno, echas unas carreras de sillas, tiras los bolis que no pintan y, cuando ya tienes todo eso hecho y estás a punto de empezar a contar las gotas de gotelé del techo, te acuerdas de que por ahí debe estar la botella de vino que sobró de Navidades y de que tu compañera tiene mucho arte, que es una maestra de las sevillanas y que si robas una flor de abajo te puedes echar unos bailes!

Al final, tan agustito, oye. Es más, tengo localizado ya el par de cables y lo de pegar un tirón y arrancarlos de vez en cuando no me parece una mala opción… Por suerte ya es viernes y podemos dedicarnos al jolgorio sin romper ninguna instalación. Feliz fin de semana, disfrutadlo mucho… Buenos días.

11.09.2013

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Desde que varios guardias de seguridad defienden a mediodía la entrada del metro en la estación de mi trabajo, las escaleras de acceso y la calle se han convertido en una fiesta… un auténtico maremágnum de personas cómodamente afincadas en cada escalón, esperando a que nadie les estorbe el paso franco; ayer había, incluso, un chico tocando el acordeón y una señora mayor vendiendo empanadillas caseras a 50 céntimos la unidad. Creo que hoy pensaban montar las casetas de tiro al blanco y los coches de choque, pero probablemente el aguacero les haya estropeado el plan ¡!

Y es que tengo la impresión de que, además de las consecuencias más evidentes de la crisis económica con la que convivimos desde hace ya demasiado tiempo, hay otra serie de cambios más sutiles que no estoy segura de que vayan a revertirse fácilmente aún cuando volviéramos a nadar en la abundancia (no chilléis, es un decir). Me refiero a la mucha gente que ha dado un paso hacia el lado oscuro de la ley. Antes tampoco gustaba pagar el metro o los impuestos, pero había un temor subyacente al ‘por si me pillan’, que me da la impresión de que, en muchos casos, ha desaparecido. Quizá porque ahora, simplemente, hay mucho menos que perder.

11 de septiembre para los gregorianos y Feliz Día a Cataluña.

1 de Meskerem y año nuevo para los etíopes.

¿Se puede pedir tener más que perder? ¿Se debe? Feliz Enkutatash y buenos días!!