gazpacho

12.06.2015

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Hace un par de días, cuando el cielo sólo amenazaba con nublarse, tenía en el andén de enfrente del metro dos muchachas a cual más incoherente, más divina… y más anacrónica. La una viste faldita corta vaquera, camiseta de tirantes, bota de cuero alto y paraguas, mientras que la otra ha elegido para pasar el día pantalón de pana, camiseta de manga larga con aire otoñal y chanclas.

 

Yo entiendo que estos días de tiempo variable es difícil elegir la indumentaria; que abres el armario cada mañana y las cuentas no te cuadran, entiendo que dudes entre Pinto y Valdemoro, a todas nos pasa. Pero no logro razonar que una se ponga -de un golpe- la mezcla exacta entre Laponia y Las Vegas. Como si entre el gazpacho y las sopas de ajo no hubiera nada… Por ejemplo, Canarias

 

Y sin embargo, visualmente, me encanta.

 

Creo que parte de la culpa la tienen las revistas de moda, que gustan de fotografiar a sus modelos de esa guisa. Pero una cosa es posar un rato por la nieve con calzonas y otra muy distinta salir de tu casa a las ocho de la mañana de un 10 de junio con 27° a la sombra y calzarte unos botorros forrados de borreguito hasta la rodilla.

 

Que la industria ya nos ha colado bastantes burlas, como los jerséis de lana gruesa y sin mangas o los helados, que nadie duda en comérselos fuera de temporada. Pero ¿calor y botas? Mi menda, por ahora, no se apunta. Lo dejo para cuando me apetezca que las extremidades me huelan a Roquefort o tenga las uñas retorcidas como las de un aguilucho que, de momento, no es el caso.

 

El caso es que es viernes y lo que hoy hay que ponerse es alegre. Feliz fin de semana y buenos días!

23.07.2014

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Capítulo 3. La solución II

Os recuerdo que ayer nos quedamos mis restos de melocotón, mi ‘algo’ clavado en la garganta y yo sentados en un sillón de urgencias del Gregorio Marañón. Con una doctora que -pese a su buena voluntad y sus 5 intentos- era incapaz de sacarlo, otros dos tíos mirando y mi lengua dándose de sí de tanto tirón.

No quedó más remedio que pedir refuerzos. Así es que la residente cogió el teléfono y dijo a alguien al otro lado que estaba en quirofanito con un cuerpo extraño ¡! Coño, que no tendré un tipazo, pero eso de cuerpo extraño me parece pasarse, no? Afortunadamente el reclamo sirvió para que apareciera allí un señor con bata blanca y cara de ser el jefe de todos ellos que al segundo intento me lo sacó…  el cuerpo extraño… lo que tenía clavado y tanto me había amargado….

¡Un pellejo de tomate!
¡¡Apaga y vámonos!!

El otorrino dice que es el primer caso que él conozca y que casi supero en original a un señor al que le extrajo un pelo de su propio bigote que también se le había clavado.. Me dice el buen doctor que puedo reclamar por daños, pero como el gazpacho lo hizo mi madre, me da un poco de apuro sacar una indemnización del patrimonio familiar, no?

Total, que del extraño caso de la piel de tomate asesina hemos concluido que los vegetales son más dañinos que el cerdo, así es que a partir de ahora, todas las noches ceno torreznos. Total, como el cuerpo extraño ya lo tengo…

Miércoles. Buenos días!

Pellejo Tomate Asesino

12.06.2014

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Es tradición pública, notoria y reconocida en mi familia que, a poco que comienza la temporada estival, comienza la producción e ingesta masiva de sopas frías de tomate; bien en la más popular forma de gazpacho, bien en forma de porra antequerana (lo que la mayoría conocéis como salmorejo). Igual me da; los dos me encantan y constituyen el primer plato perfecto de todas mis comidas veraniegas.

El primero del año siempre me sabe a campanada de salida de lo mejor de esta temporada: a terraceo, a mar, a amigos, a días largos, atardeceres lentos, a viajes, a poca ropa, a deseo. El primero de este año, en concreto, me ha sabido a todo eso y, además… a madera. A madera sí; cual si fuera un Rioja criado en barrica de roble. No. No es una metáfora ni que hayamos patentado un nuevo sistema de maceración del tomate… Ha sido cortesía de mi madre (el hada que, cuando aparece, rellena los tupper), que le ha añadido a la porra un ingrediente secreto: cuchara. Tuvo la peregrina idea de meterla en el thermomix mientras estaba funcionando (a saber con qué propósito, porque si era para removerlo digo yo que las cuchillas a toda leche ya harán algo); de tal forma que de la cuchara de palo que entró, sólo el palo salió. Y qué queréis que os diga, mezcladas con el tomate, el ajo y el sabor a sol, las astillas no están tan mal.

Lo malo del cuento es la moraleja refranera: madera que no mata.. ¿flota? Pues eso, otro verano flotando. Jueves. Buenos días!