generación

29.04.2015

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Lo bueno de compartir un pasado histórico y cultural común con los miembros de tu generación (entendiendo aquí que generación implica un amplio abanico de edades que distan tranquilamente hasta 20 años entre sí) es que así es muy fácil entenderse los chistes y poner en común los recuerdos.

 

Todos tenemos en la memoria las mismas imágenes en tonos anaranjados, los mismos programas de la tele, los mismos juegos y juguetes; incluso idéntico orgullo de pertenecer a ese grupo. Por eso, aunque no soy de las que se deja arrastrar con facilidad por los cantos de sirena de la nostalgia, de vez en cuando acabo con una sonrisa bobalicona hablando de pequeñas tonterías del pasado.

 

Para ser más exactos y por lo que he derivado en esta reflexión ha sido por los helados… El otro día nos batimos en duelo Mati y yo a cuenta cada una de su bando: ella era de Frigodedo y yo de Frigopie. Ella insistía en que, aunque el suyo era de hielo, no era hielo del que muerdes y te da un escalofrío en los dientes, si no que tenía una película cremosa por fuera. Yo le digo que es imposible, que eso no se inventó hasta los Fantasmikos… Afortunadamente, no llegó el polo al río porque llegamos a un Entente Cordiale vía Twister de nata y chocolate, que nos gustaba a todo el mundo ¿cómo pudieron dejar de fabricarlo?

 

El caso es que a cuenta de la conversación, buscamos un cartel de los helados de aquellos años, antes de que se inventaran los Mágnum y casi terminamos las dos llorando no ya por los recuerdos, si no viendo los precios que pagábamos… y es que no hay nada para hacerte sentir mayor como la puñetera inflación ¿o lleváis encima 70 pesetas para comprar un Superchoc?

 

En fin… Retocaremos digitalmente la imagen para quitarle el sepia, que la vida -y los precios- siguen su rumbo… Miércoles. Buenos días!!

Cartel Frigo helados antiguo

18.02.2015

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Mira que me gusta el Spotify.

Es el sueño de mi generación hecho realidad: acceso gratuito a una biblioteca musical gigantesca con la posibilidad, además, de organizarse las canciones en bonitas listas… La versión actual de aquellas cintas que grabábamos con infinita paciencia y arduo trabajo de la radio hace poco más de 20 años. Seguro que más de uno se acuerda: te tocaba tener siempre la casete lista y los reflejos alerta y aún así se te colaba a la mínima la voz del locutor pelma que no respetaba el final de la pista ¡! En eso hay que reconocer que estos tiempos son sustancialmente mejores.

Ahora bien, estos del Spoti que se creen tan a la última y tan modernos, no han debido oír hablar de los algoritmos que permiten la publicidad selectiva, porque a mí (a mí, personalmente) me tienen frita… Lo voy a dejar por escrito y bien clarito: por más veces que suene el anuncio de ‘Latiiiino Caliente de Filter’ no voy a agregar la puñetera lista!!

Es que tiene guasa la cosa; sabiendo mis gustos, pudiendo acceder a mis playlist, a las de mis amigos y hasta a la de mis padres ¿por qué narices me sale cada tres canciones un tío diciendo que tiene para mí una selección del mejor regetón? No guapo, perdona, pero para mí no tienes eso!! Que estás tan tranquila barriendo al ritmo de Carlos Sadness -por decir algo- y te empieza a sonar tres puntos de volumen más alto que tu música, un hortera cantando ‘Hoy vamo a selebrá que estamo en carnavá, lalalalala’ Mande?? Joder, que me toca soltar corriendo la escoba para cerrar la ventana a toda velocidad no vayan los vecinos a pensarse que esa es de verdad mi selección musical!!

Empiezo a sospechar que precisamente pretenden eso: que te pases a la versión premium no para evitar los anuncios, si no para evitarte la vergüenza!!

Miércoles… qué vamo a escuchá? Buenos días!!

17.12.2014

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Ya sé que los de mi generación (que incluye a los nacidos en un período aproximado de 20 años) estamos muy orgullosos de nuestra infancia: nuestros días lejos de videojuegos, móviles e i-cacharros, nuestras bicis, barriguitas y nuestro criarnos en la indolencia de la calle, en el desparpajo del contacto entre seres humanos… Todo eso fantástico.

Fantástico. Sí. Pero, seamos francos. Teníamos mucho. Pero no lo teníamos todo: no teníamos parques de ocio!! Me refiero a esos sitios ideados para niños llenos de bolas de plástico de mil colores donde rebozarse cual croqueta de dos patas y lanzarse por toboganes, cuerdas y colchones elásticos con la alegría de caer y no hacerse daño.

En ese sentido me temo que he nacido demasiado pronto. Es ver los Dino-chismes, Aventuro-tierras y Parque-colorines y empezar a salivar descontroladamente. ¡¡¡Yo quiero montarme!!! En mis sueños más felices no me acuesto en la cama, si no en un suave lecho de bolas de colores mulliditas que me arrullan y me atrapan. Pero nada! Estoy vedada!! Para mayores de 12 años no hay bolas que valgan!!!

Y ese, hoy miércoles, era mi tercer -y por ahora último- trauma… Buenos días!