gripe

29.01.2015

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No es que no sepa ducharme sola -en mi casa casi siempre lo hago- es que a lo largo de los seis últimos años me he acostumbrado a las duchas multitudinarias de los polideportivos (entendamos aquí el término multitud en la cualidad del dicho, esto es, referido a más de dos), de tal manera que cuando disminuye el aforo, me aburro como un percebe perdido en un cocido.

 

El martes pasado, por ejemplo, que los vestuarios estaban desiertos porque la gripe había hecho estragos entre los nadadores, ducharme, echarme la crema y vestirme fue un auténtico coñazo. Hay que hacerlo y lo hago, pero un coñazo.

 

Normalmente, con eso de que la desnudez física incita a la intelectual, la conversación suele estar de lo más animada y nunca nos falta. De hecho, en esas lides conocí a mi buena amiga Alba. Y siempre que nos preguntan ¿de qué os conocéis vosotras? respondemos entre risas que de las duchas, que nos conocimos en pelotas… razón por la cual nos fue imposible ocultarnos nada!

 

Desconozco si ese mismo ambiente se respira en el vestuario de enfrente, el masculino. Y me temo que con la duda me tendré que quedar porque si entro a curiosear quizá rompa su dinámica… Los chicos que se duchan así en modo manada…son capaces de conservar la misma naturalidad? Porque desde luego cuando a las chicas se nos cae el jabón no pasa nada de nada!

En fin.. Curiosidades de jueves, nada más. Buenos días!

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23.01.2015

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Pues parece que por fin termina esta semana y no sé si alzar el puño de la victoria, suspirar de alivio o abrir la ventana y saltar (pero con este frío igual me hago carámbano en la caída y no es plan).

En estos días pasados he sido atacada por la enfermedad: los mocos, el malestar, los oídos, fuertes mareos, una contractura… afortunadamente de los dedos meñiques estoy fenomenal. Tengo la sensación de que mi cuerpo ha intentado ponerse malo de distintas maneras -por puro vicio de molestar- pero no le he dejado salirse con la suya. Entre la piscina, las pastillas y la indiferencia he ganado la batalla.

Es cosa de prescindir de las partes dañadas: que siento ruidos, pues paso de escuchar; que me mareo, me agarro a la barandilla para no rodar por la escalera; que la contractura no me deja dormir, pues me pongo a soñar; que el faro de la bahía tiene la bombilla fundida, dejo el barco y me dedico a trepar por las rocas de la orilla ¡y ya está! Lo de siempre: guardar la proporción entre el problema y el remedio a aplicar…

Pero sí que es cierto que tanto frente abierto me deja el ejército con pocos vélites por hilera y se apoderan de mi algunas tormentas. He acabado, por ejemplo, presa de varias adicciones: al telediario, al Candy Crush Soda, a las acelgas, a una barra de cacao que huele a rancia y a alguna fantasía auto-elaborada que me reconforta.

Sólo espero que el gin de semana haga conmigo lo mismo que el temporal: darme una tregua, que todavía queda enero por delante y ya se sabe que está en cuesta. Buenos días!!