hablar

27.03.2015

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Contra las ilusiones ópticas, las palabras falsas y las miradas mudas a veces, los cuerpos… hablan. Se comunican entre ellos mediante un lenguaje ancestral que sólo ellos dominan.

 

Es cierto que esta comunicación no se produce siempre. Se conoce que los cuerpos también estaban en la torre de Babel y no todos tienen el mismo idioma. Algunos no se entienden, no empatizan. Hacen contacto, pero -en realidad- no se tocan.

 

Pero cuando dos cuerpos se tocan y están afinados en un mismo verbo, la comunicación se hace magia. El cerebro desconecta, es innecesario; incluso estorba.

 

Y es la piel la que manda.

El tacto el que habla.

El instinto el que abre el camino.

Las sensaciones las que toman el control.

 

Así, el más mínimo movimiento se hace perceptible, cada latido merece su reflexión y en la propia carne queda una huella que horas más tarde sigue vibrando, como un diapasón.

 

Cuando hablan los cuerpos, callan tanto la razón como el corazón.

 

Es viernes. Hagamos pues el silencio.

Feliz fin de semana y buenos días a todos.

09.12.2014

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Algunas noches tienen una especie de entidad propia que se impone a tus propios planes. Son noches de evolución curiosa y amanecer incierto. Y, aunque sus hilos los mueven las brujas, suelen dejarte buen cuerpo al día siguiente: quizá con resaca, o con afonía -es verdad- pero también con una sonrisa divertida bailándote en la cara.

No es, necesariamente la mayor juerga, ni la mayor borrachera, ni tiene por qué ser la noche más divertida; son simplemente noches de extraña magia, en la que las cosas suceden con su propia cadencia; se enlazan de forma extraña…

La cosa es que, cuando te toca vivirla y la percibes, necesitas hablarlo con alguien que te entienda. Lo normal es que al día siguiente arda el whatsapp. En mi caso, que no disfruto de los dones de la paciencia ni de la vergüenza, busco a veces desahogos más anónimos e inmediatos. Esto es: porteros de garitos, repartidores de flyers y hasta la camarera de un restaurante que sólo me preguntó el angelito que qué quería para beber… A poco que me den pie y tengan cara de buena gente, les meto un chapón de órdago contándoles todos mis pesares sazonados con numerosos secretos de estado.

Igual alguno piensa que estoy regular de la cabeza, pero a mí me parece una solución bastante rentable: son personas que se muestran amables y receptivas, puedes contarle historias que comprometen a otros sin que suponga traición y, como les importa en realidad tres pepinos y además no tienen datos (hay que tener cuidado de no dar nunca  nombres, por si acaso), se olvidan de todo en cuanto charlan con el siguiente que vaya pintón ¡y sin pasar la factura! ¿Acaso hay un psicológico mejor?

En fin, chicos. Es lunes-martes después de un finde muuuy largo. Sed benévolos… Buenos días!

07.10.2014

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Pues por muy bien que lo cantara la Torroja, si entre mi suelo y mi cielo hay algo con tendencia a quedarse calvo es porque…

 

me cuesta tanto…

…callarme.

 

Lo de ‘olvidarte’ me parece una tontería que no es imprescindible y que, en cualquier caso, puede venirte dado con la edad a poco que te toque una demencia senil o el otro cabrón alemán.

 

Lo que es un auténtico hueso es callar. Callar a tiempo. Callar cuando el verbo lo destila la rabia. ‘Morderse la lengua, dicen’. Yo me la podría desollar y, aún así, hablar. Cuando estoy cabreada es lo que el cuerpo me pide ¡y  la naturaleza es sabia! No se lo puedo negar (bueno, excepto cuando me pide un plato de patatas con chistorra a las tres de la mañana, la verdad). La musa de la ironía no deja espacio en mi cabeza para nadie más; y mucho menos para la del silencio, que es tan sutil y delicada, tan… callada.

 

Y aunque admire el temple de aquellos que son capaces de aguardar el postre helado de la venganza y guardarse para ese momento sus palabras, no logro imitarlos y, cuanto más me hierve la sangre, menos controlo el caudaloso río de los truenos que me atraviesa la garganta.

 

Así es que si alguno padece de trompa de Eustaquio sensiblera o delicada, le aconsejo tome la opción sensata -no invocar al demonio de la ira- o la práctica -tapones para oídos o dejar la dichosa trompa letárgica-

 

Buenos días de martes con postdata (Ayer, callé. Ahí es nada).

09.12.2013

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Es conocida y respetada la costumbre de hablar a las plantas: se supone que algo en el sonido de la voz humana les sirve de nutriente. Resulta extraño cuando ves a alguien por la calle hablándole a un seto, pero bueno, pase; el hombrito solo querrá asegurarse de que el seto crece… Tampoco le sale de alto a nadie los que hablan con su mascota: las puñeteras parece que todo lo entienden. Gente que habla con su coche aunque no lleven el manos libres, gente que hablamos con nosotros mismos, con algún objeto inanimado, con alguien que no está presente… Incluso dicen que hay algunos que hablan con su pene. Es raro, pero frecuente. Ahora, la palma de la comunicación inter-especies se la lleva el ascensor de mi garaje, que tiene carrete como él solo; que si ‘se abren las puertas’, que si ‘se cierran’, que si ‘ascensor subiendo’, ‘bajando’, ‘fluyendo’, ‘fumando’, que ‘dónde vas con tantas bolsas’, que ‘hace mucho que no te veo’, que ‘te ha crecido el pelo’, que ‘espera no te vayas, pasa, siéntate, que te cuento un cuento’… Y yo que soy de natural educada, le contesto; increíble cuantas palabras caben en cuatro paredes de acero ¡!

Lunes post-puente: por favor, seguidme la corriente. Buenos días…

19.09.2013

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😮
8)
>:o
^_^
O:)
3:)
:v

(^^^)

19 de septiembre. 31 cumpleaños de los emoticonos y, ¡Ah del barco!, Día Internacional de Hablar como un Pirata para los pastafaris. ¿Qué más se puede decir?Ahoy, bucaneros! Buenos días!!

03.06.2013

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Hubo un tiempo en el que la gente soltaba las amarras de la lengua ante el aroma de un café o un chocolate y con su calor entre las manos, que debatían los dimes y diretes de la política mientras bebían agraz o agua de cebada, sentados alrededor de una mesita de mármol blanco frente a una pared tapizada en felpa color escarlata, con espejos, en la que se abría un ventanal por el que ver pasar los carruajes por la calle ancha de Peligros… Era el Madrid de 1845 en el que, un 3 de junio como hoy, Pedro Fanconi y Francisco Matossi inauguraban el Café Suizo, para gloria de su tierra natal y de la que les adoptó, a ellos y a esa nueva moda que trajeron de los ‘cafés de tertulia’ que desde entonces hicimos tan nuestra.

Quiero pensar que de aquellos aires de inteligencia, cultura y debate queda algo más que el recuerdo y los bollos suizos. Que no todo es discutir a gritos en plena calle, frappuccino en un envase de cartón plastificado y 40 minutos de wifi gratis. Que no hemos perdido el gusto por sentarnos a hablar y a escuchar, que la tertulia aún se gasta… y a veces la realidad me devuelve el café con un sí y otras, solo me devuelve el cambio.

Lunes… qué toman ustedes? En la carta tenemos hoy… ¡Buenos días!