huevo

01.06.2015

Posted on Actualizado enn

Cuando dije que este fin de semana me iba a quedar castigada, no esperaba que fuera tan rigurosamente cierto, pero es que parece que estos días han sido los de la exaltación de la literalidad.

Véase el sábado: me invitaron a comer “un huevo” y así fue, nos comimos 1 huevo… entre diez. Y cuidado, que sobró!! La cosa es que el huevo en cuestión no era de codorniz, si no de avestruz  y venía preparado con mucho indumento. Vamos, todo un invento.

Pero lo del castigo no ha sido tan bonito y era, además, autoimpuesto. Sucede que ha llegado esa estupenda época del año en que una comienza a necesitar la ropa de verano. Y aunque eso me inunda de felicidad, la cara negativa es que el armario no se puebla de prendas de temporada por ciencia infusa, así es que me he quedado en Madrid estos días y he minimizado mis salidas, de cara a cumplir con ese noble objetivo: hacer el cambio del ropero… He ahí mi castigo.

La condena que debo pagar dos veces al año a perpetuidad por tener el vicio de comprar. Que una cuando va de tiendas le parece que no tiene de ná y lo mismo le pega al vestido que al pantalón, a la blusa y al cinturón. Pero cuando toca sacar la ropa de temporada te encantaría ser -únicamente- la legítima propietaria de dos pares de bragas.

Por fortuna todo se pasa y cuando ves tres meses largos de tirantes y piernas descubiertas poblando tus perchas, la oda al nudismo se te pasa y prometes no volver a dar la tabarra en tu blog… Hasta el próximo cambio de temporada.

Lunes. Hasta los peores castigos se pasan y empieza una nueva semana. Buenos días!

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