huevos

17.07.2013

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Pero qué les pasa a los tíos que no pueden cerrar las piernas? Qué es lo que tienen en medio para tener que sentarse tan espatarrados? Es una cuestión de envergadura, de estar escocido o de no saber elegir la talla del pantalón? Que ya sé que pedirle a un tío que junte las rodillas está al mismo nivel de dificultad que lamerse un codo, pero es que dejan una distancia tal entre una y otra que puede pasar el tajo por debajo!!

Siempre he pensado que eran tipos que la tenían muy cortita (la educación, digo), pero es que me encuentro a tantos en el metro, que he empezado a preocuparme; a ver si va a ser un problema médico y yo venga a darles rodillazos!!

El caso es que entre esa invasión del espacio del asiento de al lado y que ahora en verano suelen ir en calzonas con su vello corporal haciéndome cosquillas al mínimo traqueteo del vagón, he acabado por hacer lo que nunca hubiera pensado: ¡huir de los hombres!

Menos mal que las sondas espaciales son menos delicadas, porque si no, no estaríamos celebrando hoy que hace 38 años que un Apolo estadounidense se unió a una nave espacial soviética Soyuz convirtiéndose en la primera unión cósmica de las dos naciones… Tierno, no? Pues cerrad las piernas!!

Miércoles. Buenos días.

28.06.2013

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No es que me considere un dechado de virtudes, (que tengo una por cada mil defectos, como dice la canción), pero siempre he tenido algunos dones que me venían muy bien y a los que estoy acostumbrada; por ejemplo, los mosquitos. No me pican. Aunque los haya a millares, siempre prefieren la sangre de quien tengo al lado, la mía debe amargar -aunque cuando la he probado tras algún corte en la mano, me sabe rica-. Bueno, pues este año me habrán mejorado leucocitos y plaquetas porque me han picado nueve ¡Nueve! Debió ser hace dos semanas, aprovechando que me estaba echando la siesta en un pantano, debajo de un pino… pero es que aún las tengo en vigor; es más, como no tengo costumbre de aguantar las ganas de rascar, lo que eran nueve picotazos sencillos, ahora se han convertido en nueve pelotas de ping pong repartidas por mis brazos y piernas. Y no me hace ni pizca de gracia ¡¡!!

Pero no es lo único que ha cambiado a peor últimamente. Tengo la sospecha de que he perdido otro de mis dones: los huevos. Mi madre los cuece con todo el cuidado del mundo, vigilando la temperatura y aún así se le rompen. Pero a mí no. Yo los metía de la nevera al agua caliente sin contemplaciones y no se me rompían jamás… hasta ayer. Qué es esto? Qué va a ser lo siguiente? No abrir un libro exactamente por la página que busco? Que no me toque siempre la puerta del vagón enfrente? Por favor, decidme que las hadas madrinas tienen libro de reclamaciones!!

28 de junio y viernes orgulloso. Que vuestros dones no os abandonen. Buen fin de semana y buenos días…