invierno

22.12.2015

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Tengo la manía de ver sólo un telediario al día. Por la mañana, para salir de la cama, suenan un par de alarmas y se encienden la cafetera y la tele con el volumen un poco fuerte; así -entre el olor a café y a noticias- me es más fácil volver del mundo de los sueños al de los currantes de lunes a viernes.

 

Por tanto, el noticiario que suelo ver es el mañanero de TVE 1 que dura 30 minutos, no incluye sucesos, y repiten íntegro dos o tres veces. Conozco su estructura de memoria (cabecera, nacional, internacional, el tiempo, deportes y variedades) además de la duración aproximada de cada bloque. Por eso esta mañana me he dado cuenta de que, efectivamente, hoy empieza la Navidad o al menos las vacaciones han llegado a las redacciones…

 

Para empezar, he tenido que mudarme al canal 24h porque en la Uno estaban en el especial adoración al bombo y para seguir porque le deben de haber dado vacaciones a media plantilla y todo el contenido del informativo se ha reducido a: 30 segundos de la frase de turno de cada líder político sobre los gobiernos futuros, 30 segundos del rifi-rafe en la cumbre del Mercosur, 19 minutos de topicazos sobre los previos al Sorteo de la Lotería, 8 minutitos de información deportiva (que esos periodistas no se deben ir de vacaciones por más que los equipos les inviten a comidas de Prensa) y 2 minutos del nuevo video-clip de Bloc Party. ¡¡Ole con las noticias!! ¡Vivan las fiestas!

 

Vamos, que entre la tele, el calendario que lleva hoy en la frente un copo de nieve y que me he cruzado esta mañana varios pastorcitos y algún ángel de unos 70 centímetros puesto de pie, el problema de descentramiento que os comentaba el viernes ha empezado a desaparecer. Justo ahora que el culebrón postelectoral se pone interesante! En fin, no me quejaré, que estoy segura de que nos vamos a cansar de hablar de pactos cuando pasen los Reyes. Me callo y digo lo que repetía a modo ensayo el pastorcito “¡Vaya, qué frío hace!”

 

Martes. Invierno. El gordo. Los premios, los pactos, los bombos, los hiatos y los diptongos están en el aire. Ya queda poco… Buenos días!

23.11.2015

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Últimamente -y fruto de la casualidad- casi todos los días le silbo a un cura por las mañanas.

 

Yo sé que es complicado de creer, pero no lo puedo evitar! Resulta que en mi casa no hay cobertura de móvil (cosas de los pisos interiores en edificios antiguos, será) y cada mañana, según salgo por el portal, el móvil pilla señal y me entra el mensajito de rigor bien avisándome de las llamadas que me he perdido, bien con publicidad, que desde que Dios inventó el whatsapp, solo me llegan SMS de Cortefiel y de Orange (eso sí, no me paran de llegar). El caso es que, aunque tengo casi todas las funciones del teléfono silenciadas, suenan en alto mensajes y llamadas, los primeros con ese silbido tan característico que venía de fábrica.

 

He ahí como, habiendo sincronizado el azar mi salida de casa cada mañana con el paso de ese muchacho de traje talar, le pego un fiu-fiu cada mañana que creo que le ha empezado a gustar, porque ya se sonríe cuando pasa.

 

Lo que ya no me atrevo a garantizar es si el chaval es cura, cura o tira más para sacerdote, fraile, canónigo o capellán. Debido a mi absoluta incultura acerca de indumentaria eclesiástica desconozco las implicaciones de su blanca sotana. Lo que sé es que el hábito de silbar está haciendo al monje perder la vergüenza, porque ya casi no se sonroja.

 

El caso es que, mientras no le de por darme una hostia (de las que no son de consagrar) yo no cambio la melodía, que bien fácil me es darle, cada día, una alegría.

 

Lunes. Empieza la semana y el invierno. Buenos días!!

12.06.2015

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Hace un par de días, cuando el cielo sólo amenazaba con nublarse, tenía en el andén de enfrente del metro dos muchachas a cual más incoherente, más divina… y más anacrónica. La una viste faldita corta vaquera, camiseta de tirantes, bota de cuero alto y paraguas, mientras que la otra ha elegido para pasar el día pantalón de pana, camiseta de manga larga con aire otoñal y chanclas.

 

Yo entiendo que estos días de tiempo variable es difícil elegir la indumentaria; que abres el armario cada mañana y las cuentas no te cuadran, entiendo que dudes entre Pinto y Valdemoro, a todas nos pasa. Pero no logro razonar que una se ponga -de un golpe- la mezcla exacta entre Laponia y Las Vegas. Como si entre el gazpacho y las sopas de ajo no hubiera nada… Por ejemplo, Canarias

 

Y sin embargo, visualmente, me encanta.

 

Creo que parte de la culpa la tienen las revistas de moda, que gustan de fotografiar a sus modelos de esa guisa. Pero una cosa es posar un rato por la nieve con calzonas y otra muy distinta salir de tu casa a las ocho de la mañana de un 10 de junio con 27° a la sombra y calzarte unos botorros forrados de borreguito hasta la rodilla.

 

Que la industria ya nos ha colado bastantes burlas, como los jerséis de lana gruesa y sin mangas o los helados, que nadie duda en comérselos fuera de temporada. Pero ¿calor y botas? Mi menda, por ahora, no se apunta. Lo dejo para cuando me apetezca que las extremidades me huelan a Roquefort o tenga las uñas retorcidas como las de un aguilucho que, de momento, no es el caso.

 

El caso es que es viernes y lo que hoy hay que ponerse es alegre. Feliz fin de semana y buenos días!

11.05.2015

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Llegados a estas fechas en que el buen tiempo no es que esté asegurado pero empieza a darse por sentado, la estación de la primavera da un sutil giro hacia una estación intermedia que podríamos llamar ‘pre verano’.

Para mí, esta época es tan deseada como agobiante y agotadora. Porque en invierno, de lo malo malo, te sale algún fin de semana descargado (de estos que tienes pocos planes y sacas más tiempo para el descanso), pero desde aquí hasta bien finalizado el verano ya no paro. Mi vida se convierte en una sucesión de idas y venidas con días laborables -también liados- en medio.

Esta acumulación de ocio primordialmente viajero, tiene -por supuesto- su cara y su cruz: en el lado bueno que me gusta, lo disfruto y me divierto. En la cara oscura está una cierta sensación de permanente destierro. La maleta no conoce el descanso, los días se pasan a velocidad de vértigo y acabas estando fuera tanto, que no te cunde lo que estás dentro. Además te encuentras amigos que te terminan torciendo el gesto (y lo entiendo) porque intentan quedar contigo y tú eres un cajón lleno de ‘no puedos’…

Pero es que hay tantos sitios en los que me apetece estar, tantas cosas de las que quiero participar, que muchas veces he pedido en la hoguera de los sueños fantásticos dones como la ubicuidad o el teletransporte; aunque éste último no me conviene, que ya sabéis cuanto me gustan los viajes… Me vendría mejor tener alguna mano extra, o una cabeza con más memoria, que hay muchas ocasiones en las que me faltan. Por pedir…

 

Lunes. Buenos días!

09.02.2015

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De aquella excursión que hice el año pasado al Ensanche de Vallecas en pos del consumo de gangas de la que vosotros no os acordareis ya, me traje tres cosas a destacar: una toma de contacto con una zona de Madrid que no conocía, una jarra de cristal para el agua y una sábana bajera de tejido polar.

De lo primero ya os hablé en su día, lo segundo no creo que dé para mucho comentar (cristal, tapón de acero, capacidad de 1,2 litros, muy mona, no la uso… Ya está), pero lo de la sábana polar no me lo puedo callar.

¡Por Dios! ¿Cómo eran nuestras vidas antes de que se inventara el forro polar? ¿Cómo superábamos el invierno? ¿Qué nos poníamos para ir a la montaña?
Me confieso ferviente admiradora de este tipo de tejido: abriga, no pesa, lava fenomenal, no se plancha, es ecológico y tarda poco en secar. Suave, gustosito y transpirable. Más que un tipo de tela, es un milagro. Y para colmo de bienes ¡es barato!

Jerséis, pijamas, gorros, guantes, calcetines, pantalones, sabanas, batas, mantas y la hija fea de ambas, la batamanta. Todo es mejor si es polar.
Vale que es sintético, inflamable, no estiliza nada la figura y se fabrica con Tereftalato de polietileno (un polímero plástico derivado del petróleo con un nombre insufrible) pero ya me diréis si no es mejor reciclar cuatro botellas que seguir cazando visones para despellejarlos!!

¿Frío yo? ¡Nunca! Vendí mi Damart y ahora uso un forro polar. Lunes. Buenos días!!

17.11.2014

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Bueno pues como las previsiones meteorológicas sólo se han cumplido parcialmente, mis planes también se han hecho realidad… pero sólo en parte; de las 27 películas que pensaba ver ha caído una nada más, pero era larga y he logrado permanecer todo el metraje despierta [espacio para una ovación] y respecto al deseado desgaste de sofá no ha sido tan eterno como prometía. A cambio he maquetado unas invitaciones de boda, he encerrado involuntariamente a una persona en mi portal y he estado a punto de matarme por portear fardos en las alturas, que nunca se sabe lo que el fin de semana nos puede deparar…

 

Lo más importante es que vuelvo a tener el armario lleno de cosas que ponerme y no de vestidos de tirantes. Ropa invernal que me sitúa en el mapa de lo que vendrá. Y es que no me querréis creer pero eso de trajinar con mi ropa me supone toda una revolución emocional: lo que me he puesto aquí y allá, lo que entra y sale sin ponerse jamás, lo que me aburre nada más colgarlo en la percha, lo que no es exactamente de mi talla pero confío en que algún día me valdrá…

 

Esta vez, además, me he percatado de la ingente cantidad que tengo de jerséis a rayas ¿eso qué significará? Que tengo vocación de presidiaria? Que soy una fetichista de los códigos de barras? El día en que alguien invente la ‘armarologia’ como prima hermana de la grafología para elaborar un test de personalidad, se sabrá. Mientras tanto, que nadie se extrañe de verme como el niño del pijama (a rayas) que con la ropa tengo el mismo síndrome de Diógenes que con todo lo demás: si aún sirve, cómo lo voy a tirar?  Mucho mejor sacarlo, doblarlo, lavarlo…y volverlo a guardar!

 

Lunes. Una semana más. Buenos días!

11.11.2013

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No digo que la playa abarrotada del verano no tenga su encanto, el de lo común, la sintonía con la multitud: la arena que abrasa, el niño de al lado que te patea la toalla, el esquivar los pelotazos de tanto tenista frustrado que no suelta las palas, el agua fría por lo caliente de la piel, el olor a pescaíto frito, la avioneta que pasa por enésima vez anunciando la discoteca de turno, las 500 sombrillas mal clavadas meciéndose con la brisa, joder que sed tengo, mi reino por una cerveza fresquita… Sí… Está bien. Pero poder robarle a noviembre una semana de calor a la orilla del mar: simplemente sublime. Una vez superas el pudor de compartir tus paseos con palomas y jubilados de varias nacionalidades, dejas de necesitar incluso la excusa del café y el libro para, sencillamente, deleitarte con los brillantes destellos del sol sobre la superficie del agua. Ese mismo sol del que en verano no quiero tomar nada y ahora pido tres platos llenos.

Lo mejor, volver a Madrid y encontrarla completamente sucia: literal, no figuradamente. No la han barrido desde que me fui ¡!

11 de noviembre, el día en que, en 1675, Gottfried Leibniz demostró lo evidente: que ‘y = ƒ(x)’; la playa en función del sol, la mierda en función de la huelga, el humor en función del día, las respuestas en función de las preguntas, las respuestas en función de las respuestas. Lunes. Buenos días…