jamacuco

04.12.2015

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A cuenta de pasarme unos días haciéndome pasar por una jubilada ociosa, me he dado cuenta de que, para esto, también hay que tener escuela.

Mira que yo pongo mi mejor cara de ‘el tiempo y la estética no me importan nada’ y que el puñetero tinte vuelve a dejar asomar mis canas, pero no cuela. Cuando llego a los bancos del final del paseo marítimo, ellos ya los han ocupado. Si se me ocurre sonreirle a alguna paloma, ellos ya la tienen cebada. En la mesita perfecta de la cafetería, siempre hay alguno afincado jincándose una cerveza helada… Y a mí se me queda cara de atontada, porque me siento como una intrusa en ociolandia.

Y eso que yo tengo más juguetes que ellos: mi mp3, mi eBook, mi móvil y todas mis chorradas, pero no tengo esa capacidad de emplear el tiempo en ver el sol desplazarse por el cielo. Mis minutos reclaman siempre su finalidad: leer, escribir, pasear, relajarme… Coño! Que llega la hora y no me ha dado tiempo de relajarme casi nada!

De verdad que no sé si ese poso me lo va a dar la edad, porque el relax siempre se me ha dado fatal. Me pone un poco nerviosa, vaya. Recuerdo el día que en un balneario tuvo que venir el médico a socorrerme porque me dio un jamacuco en una bañera llena de sales y cáscaras de naranja en la que sólo tenía que ‘estar’.

En fin… Por ahora y por suerte, he podido escapar estos días a respirar aires más limpios, a empaparme de sol luciendo tirantes en pleno diciembre; a pesar de que mis amigos me odien cuando les mando fotos paseando por la playa y a pesar de que no saque buena nota en la asignatura ‘tranquilidad’. Tranquilos, que ya se me acabarán! Buenos días, buen puente y felices escapadas.

05.11.2015

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Anoche batí mi propio récord: me cené un yogur que había caducado el 10 de noviembre… de 2012!!

Exquisito, oye.
En serio. Estaba bueno! Y me sentó fenomenal. Sólo me produjo un poco de remordimientos porque sé que si se entera mi madre le da el jamacuco a ella, que no confía mucho en mi criterio sobre lo que es o no comestible.

El caso es que normalmente no me los dejo caducar tanto, pero este se me debió camuflar al fondo de la nevera y ahí ha madurado. Yo creo que como es probiótico y proactivo y pronosequé, las bacterias lácticas se han conservado bien. Vamos, que me lo pilla una que yo me sé y hace un bizcocho de rechupete; que tenemos la teoría de que con yogures sin pasar no le quedan bien.

Y es que los insondables pozos del fondo del frigorífico son un poco como los fondos de armario, que dan un poco de miedo hasta que venga uno con afán de reinvención y nos meta el término ‘vintage’ en la nevera.

Ahí será cuando le de yo aire a esos pepinillos de antes de la guerra y a unas salsas que no sé de que son porque el latín no es lo mío. ¡Vamos! Me van a quedar los estantes preciosos sin tantos botes con telarañas, que habiendo pasado Halloween, no pintan nada.

Además, lo de la ingesta de antigüedades se puede plantear incluso como un juego: una especie de ruleta rusa de la intoxicación. Pero con balas de fogueo, que como mucho te llevas un retortijón. Aunque no tengo nada claro qué dice de esto la OMS….

Jueves ya y no tan fresco: justo como yo lo quiero. Buenos días!!