Juanito Oiarzabal

11.02.2016

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Un electrodoméstico sin par ha llegado a mi hogar… El quitapelusas!!

Bien es verdad que ha llegado previo pago de su importe, no por voluntad propia ni por generación espontánea;  y quizá pueda parecer de utilidad algo banal, pero no. En absoluto. Me parece un trasto fundamental.

Se acabó parecer un rerecogedero de pelotillas! Pondré fin -por fin- al look ‘chaqueta handmade with love’ (también conocido como ‘bufanda que me tricotó la abuela allá por la Expo de Sevilla’)!! Adiós a los jerséis con más bolas que el árbol de Navidad!!! Ahora tengo un quitapelusas profesional!!!!

No ese pequeñajo de viaje que durante un tiempo fue el regalo estrella de los vendedores de libros y hacía mucho ruido pero no pillaba ni una bolita, no. El mío es un cacharro cabezón con aspecto de alcachofa de ducha psicodélica y luz led para indicar el nivel de carga de su batería de litio. La caña.

Ahora, he de confesar que estoy un tanto decepcionada… El quitapelusas, hay que pasarlo. No basta con enseñarlo a las bolitas de la lana para que se acojonen y se vayan. Tienes que pasarte un rato manga arriba, espalda abajo deslizándolo por la prenda y, una vez que la emoción de ver desaparecer las primeras pelusas se pasa, la tarea se hace un pelín aburrida.

Además, tengo mucha curiosidad… Esa masa de lana que se queda en el depósito y luego hay que limpiar… Qué pasa con ella? No tenía ninguna utilidad? No abrigaba? Porque a mí de dos prendas que he pelado me han salido dos madejas como para hacer unos calcetines con los que no hubiera perdido ningún dedo Juanito Oiarzabal!! A ver si con el quitapelusas la voy a liar…

Aunque bien mirado, si dejo mi ropa con sus pelotillas, el aparato lo tengo que aprovechar. Y sospecho que eso debe de quitar escamas del pescado a toda velocidad, así es que luego igual me compro dos merluzas y ya os contaré qué tal.

Jueves. Buenos días!

09.09.2013

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A juzgar por la temperatura de esta mañana, el verano ya es historia. Este verano esquivo que se ha quedado con nosotros lo que una visita de compromiso; le costó llegar y estaba deseando irse y en la primera oportunidad ha emigrado cual cigüeña (de aquellas que emigraban, digo; porque ahora ya no gustan del cambio de latitudes). Y aquí nos ha dejado con el otoño asomando por los vientos fríos y las mochilas nuevas… Esos niños, angelitos… Desde luego, si fuera un hijo mío el que volvía hoy al cole, habría ido con su gorrito y su forro polar y no con mis sandalias, que he llegado a la oficina a punto de perder los meñiques por congelación, como si fuese la sucesora de Juanito Oiarzabal ¡!

Si me oye mi madre me dice que soy una exagerada; que eso es ‘el fresquito’ de la mañana. Pero es que su fresquito de la mañana comprende temperaturas de entre -2 y 15 grados y por ahí no paso. Yo, en este caso (y prácticamente sólo en este caso) estoy con la mayoría: si la mayoría de las chavalas en short tiemblan y tienen las piernas azuladas, si la mayoría de los que esperan el autobús no para de estornudar y abrazarse a sí mismos y si la mayoría llevamos los pelos (y lo que no lo son, que bendito Dios el que inventó el sujetador con cazuelas) como escarpias… por algo será, no? Y aunque a estas horas el sol ya ha tendido su red de ilusión, no nos engañemos: hay que sacar el edredón.

Lunes. Tengo frío, tengo sueño, tengo las manos destrozadas y una rodilla magullada… Lunes. Buenos días!!