jubilados

04.12.2015

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A cuenta de pasarme unos días haciéndome pasar por una jubilada ociosa, me he dado cuenta de que, para esto, también hay que tener escuela.

Mira que yo pongo mi mejor cara de ‘el tiempo y la estética no me importan nada’ y que el puñetero tinte vuelve a dejar asomar mis canas, pero no cuela. Cuando llego a los bancos del final del paseo marítimo, ellos ya los han ocupado. Si se me ocurre sonreirle a alguna paloma, ellos ya la tienen cebada. En la mesita perfecta de la cafetería, siempre hay alguno afincado jincándose una cerveza helada… Y a mí se me queda cara de atontada, porque me siento como una intrusa en ociolandia.

Y eso que yo tengo más juguetes que ellos: mi mp3, mi eBook, mi móvil y todas mis chorradas, pero no tengo esa capacidad de emplear el tiempo en ver el sol desplazarse por el cielo. Mis minutos reclaman siempre su finalidad: leer, escribir, pasear, relajarme… Coño! Que llega la hora y no me ha dado tiempo de relajarme casi nada!

De verdad que no sé si ese poso me lo va a dar la edad, porque el relax siempre se me ha dado fatal. Me pone un poco nerviosa, vaya. Recuerdo el día que en un balneario tuvo que venir el médico a socorrerme porque me dio un jamacuco en una bañera llena de sales y cáscaras de naranja en la que sólo tenía que ‘estar’.

En fin… Por ahora y por suerte, he podido escapar estos días a respirar aires más limpios, a empaparme de sol luciendo tirantes en pleno diciembre; a pesar de que mis amigos me odien cuando les mando fotos paseando por la playa y a pesar de que no saque buena nota en la asignatura ‘tranquilidad’. Tranquilos, que ya se me acabarán! Buenos días, buen puente y felices escapadas.

11.11.2013

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No digo que la playa abarrotada del verano no tenga su encanto, el de lo común, la sintonía con la multitud: la arena que abrasa, el niño de al lado que te patea la toalla, el esquivar los pelotazos de tanto tenista frustrado que no suelta las palas, el agua fría por lo caliente de la piel, el olor a pescaíto frito, la avioneta que pasa por enésima vez anunciando la discoteca de turno, las 500 sombrillas mal clavadas meciéndose con la brisa, joder que sed tengo, mi reino por una cerveza fresquita… Sí… Está bien. Pero poder robarle a noviembre una semana de calor a la orilla del mar: simplemente sublime. Una vez superas el pudor de compartir tus paseos con palomas y jubilados de varias nacionalidades, dejas de necesitar incluso la excusa del café y el libro para, sencillamente, deleitarte con los brillantes destellos del sol sobre la superficie del agua. Ese mismo sol del que en verano no quiero tomar nada y ahora pido tres platos llenos.

Lo mejor, volver a Madrid y encontrarla completamente sucia: literal, no figuradamente. No la han barrido desde que me fui ¡!

11 de noviembre, el día en que, en 1675, Gottfried Leibniz demostró lo evidente: que ‘y = ƒ(x)’; la playa en función del sol, la mierda en función de la huelga, el humor en función del día, las respuestas en función de las preguntas, las respuestas en función de las respuestas. Lunes. Buenos días…