latido

27.03.2015

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Contra las ilusiones ópticas, las palabras falsas y las miradas mudas a veces, los cuerpos… hablan. Se comunican entre ellos mediante un lenguaje ancestral que sólo ellos dominan.

 

Es cierto que esta comunicación no se produce siempre. Se conoce que los cuerpos también estaban en la torre de Babel y no todos tienen el mismo idioma. Algunos no se entienden, no empatizan. Hacen contacto, pero -en realidad- no se tocan.

 

Pero cuando dos cuerpos se tocan y están afinados en un mismo verbo, la comunicación se hace magia. El cerebro desconecta, es innecesario; incluso estorba.

 

Y es la piel la que manda.

El tacto el que habla.

El instinto el que abre el camino.

Las sensaciones las que toman el control.

 

Así, el más mínimo movimiento se hace perceptible, cada latido merece su reflexión y en la propia carne queda una huella que horas más tarde sigue vibrando, como un diapasón.

 

Cuando hablan los cuerpos, callan tanto la razón como el corazón.

 

Es viernes. Hagamos pues el silencio.

Feliz fin de semana y buenos días a todos.

06.06.2013

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Quizás se trate de otra mala pasada de la percepción selectiva, pero en ocasiones me da la impresión de que el mundo sufre sus propias mareas, una especie de corrientes aéreas que soplan en la misma dirección. Y últimamente los vientos que me rodean son vientos de desamor. Veo romperse afectos como cables deshilachados. Y ya sabemos que nada es eterno, salvo mi pan de molde (pasan los meses y ni siquiera verdea) y que todo tiene un final, excepto la salchicha que tiene dos (sabiduría de llavero), pero por mucho que conozcamos la mutabilidad del mundo y por mucho libro de ‘Quién se ha llevado mi queso’ que nos endosen, es inevitable un vértigo en el estómago ante los cambios y sentir un tropezón entre latido y latido aunque la marea negra aparezca en playas ajenas. Y lo siento, cuánto lo siento.

A lo mejor es culpa de la alimentación, que hoy hace 84 años que comemos alimentos congelados y ya se sabe que de lo que se come se cría; o a lo mejor es cosa de que sea Santa Cándida, que nos contagia de una inocencia impropia de estos días. Y aún así, buenos días…