lela

25.06.2014

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No es que me cueste concentrarme. Lo que me pasa, en realidad, es que me despisto con facilidad. En la facultad, por ejemplo, siempre prefería la cafetería atestada de ruido y de gente para estudiar porque, en la biblioteca, el simple parpadeo de una bombilla me impedía seguir con mi tarea.

Será cosa de genes o por el puro placer de llevar la contraria, pero eso de replegarme para pensar me sale mejor cuanto peores son las circunstancias. Cierro las puertas del castillo, tapio las ventanas y declaro el estado de autarquía, mientras en la fachada sólo queda mi cara de alelada.

El inconveniente de ese estado es que no te enteras de lo que pasa fuera. De verdad, no te enteras. Te llaman por tu nombre, te hacen preguntas… y a ti sólo te llega un rumor sordo, lejano, que, para colmo, te molesta. Por eso, para que se callen, emites un sonido gutural inconsciente, parecido a un asentimiento ausente que -si el receptor te conoce previamente- es capaz de interpretar en su forma ya descomprimida: “Di lo que quieras, que no te estoy haciendo ni puñetero caso” pero que con interlocutores novatos, suele dar lugar a un conflicto de facto: ellos creen haber transmitido la información, pero a ti no te ha llegado. Así es que sirva esto como si fuera un bando: si tengo cara de panoli, ojos de zombi y no articulo verbo es que no, no me he enterado.

De lo que sí me he enterado hoy es de que es 25 de junio, Día de la Gente del Mar, esto es: de las sirenas, los ictiocentauros, kraken y demás. Felicidades a todos ellos y buenos días a los que estáis ahí al otro lado, seáis o no gente de mar.

12.05.2014

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Hoy estoy mucho más dulce. 
Estoy de lunes de miel.

No. No. Cuidado, que esto no tiene connotaciones románticas ni implica un cambio en mi estado civil. Significa, exclusivamente, que mi liquido cefalorraquídeo se ha espesado, se ha hecho melaza. Un drama. Las palabras no llegan hasta mí y a las ideas les cuesta un triunfo salir. Detrás del hueso occipital sólo se escucha un glub-glub nauseabundo y el chirrido de un engranaje que no acierta a arrancar. Hasta caminar se ha convertido en una ardua tarea para tan escasa capacidad mental.

Por Dios! Qué sensación tan mala!! Qué es lo que me pasa?

La muestra poblacional limitada a la que he encuestado a este respecto opina que -simplemente- es lunes, que es el día en que estas cosas pasan. Y razón no les falta porque en la oficina estábamos todas ligeramente empanadas (hemos perdido media mañana comparando nuestro contorno pectoral, no digo más). Pero yo creo que va a ser cosa del fin de semana, que tener invitados en casa te trastoca; aunque sea familia, aunque sean visitas deseadas… te deja baldada.

El caso es que en este modo torrija que hoy me embarga he sido incapaz de dar los buenos días por la mañana y, antes de que el sopor vespertino me vuelva a hundir las ganas, os voy deseando lo que parece que yo no tengo: un buen comienzo de semana!!