madre

03.06.2014

Posted on Actualizado enn

Cada vez que mi madre me honra con su presencia en mi mesa (dos veces al mes), intento sorprenderla con alguna de mis novedades culinarias que ella desconoce; por un lado porque quiero que la pruebe y, por otro, porque no quiero someterme a un examen comparativo de alguna de sus exquisiteces.

El caso es que ayer tuve la brillante idea de prepararle una deliciosa ensalada de hummus con crudités; receta directamente importada de la carta de un restaurante de la serranía de Ronda por el infalible método de ir separando cada ingrediente y preguntarle al personal ‘¿esto qué es lo que es?’

 

Con esa idea en mente me fui -más feliz que una perdiz antes de que el cuento acabe y la asen- a comprar los ingredientes. Miro el bloc de notas del móvil: calabacín, pepino, zanahoria y palmitos. Mande??? Que mira que yo peco de inocente, pero tanta acumulación de formas fálicas me hizo dudar si la receta estaría bien y dónde exactamente la tenía que comprar ¿sexshop o frutería? Al final me decidí por el término medio: un súper. Los tres primeros sin problemas (aunque me llevé de premio el guiño cómplice de la cajera), pero de palmitos niente. Vaaaale…No me rindo tan fácil… Me voy al chino de al lado, que seguro que tiene…

 

– Buenos días, palmitos tiene?

– Palomitas??

– No, palmitos

– Palomitos???

– Noooooo, pal-mi-tos

– Polomitos?

– Arrrrgggg!!! Mire, busco algo que parezca un pene, qué tiene?

 

Y os digo una cosa: la ensalada de hummus con crudités y salchichas, también está muy bien!

 

Martes 3. San Cono de Teggiano, ya veis… Buenos días!!

10.04.2014

Posted on Actualizado enn

Lo he heredado de mi madre, y ella de su padre, y él probablemente de algún antepasado escriba de profesión que debemos tener en el árbol genealógico familiar, pero el caso es que me pirro por los bolígrafos que escriben bien. Como si padeciera el Síndrome de Diógenes de la tinta… da igual cuántos tenga, si pruebo un boli y escribe con un trazo diligente y fluido, me lo tengo que comprar y, si es de un conocido y no está a la venta, intento que me lo regale.

Mi madre, aquejada ya os digo, de la misma patología en grado severo, aparece -cada vez que tiene un catarro- con un boli nuevo que pone “Almax” o “Ibuprofeno”. No es que los robe -por suerte la cleptomanía no es un síntoma de lo nuestro- si no que el médico (santo varón donde los haya, con nulo apego a los útiles de escritorio), se los acaba cediendo. Y no me extraña, porque a mí me hace igual: si me pilla alguno que le entre por el ojo, me chantajea para que se lo cambie, aunque las dos sepamos que puede seguir viviendo divinamente sin él y que ese no es en realidad el boli de su vida, si no el último en llegar.

Probablemente nunca los gastaremos porque, como el afán recaudatorio viene de lejos, tenemos cada una su arsenal. Tendrían que correr ríos de, o transcribir el Quijote, o matricularme de nuevo en la facultad… O quizás bastara con quedarme sin móvil y tener que regresar a la libreta morada, que hace tiempo que tengo abandonada aunque aún me gusta como me gustaba. Pero es que a veces una es así de tonta: dejas caer en el olvido cosas -incluso personas- que te encantan y desgraciadamente no hay bolígrafo mágico ni río de tinta que consiga volver eso atrás…

Jueves ya y las vacaciones a la vuelta de la esquina! Buenos días!!

01.04.2014

Posted on Actualizado enn

Nada como organizar una comida en tu casa para darte cuenta de que, después de mucho protestar, te has convertido en tu madre: vienen 4 pero preparas comida para 40, rellenas los platos hasta que se salen, insistes en que repitan, les animas a que se lo terminen, no consientes que prescindan del postre y no pones el culo más de dos minutos en la silla hasta que llegas al café.

Además es que te vas dando cuenta de todo mientras sucede, pero no lo puedes evitar; como si tuvieras el íntimo y pleno convencimiento de que esos angelitos, pese a su aspecto saludable, no han tenido en su vida un plato de macarrones delante. Al ‘no puedo más’ respondes automáticamente ‘sólo otro cacito’, al ‘ya estoy lleno’ un ‘pero te comerás un flan’ y sólo reaccionas cuando te preguntan dónde está el baño para ir a vomitar…

Para colmo, tus propias papilas gustativas están atrofiadas y eres incapaz de decidir si el pollo está salado o picante y, por supuesto, no te conformas con un ‘todo muy rico, gracias’, te embarga una inseguridad hasta ahora desconocida y necesitas un refuerzo positivo que no habías requerido jamás: si no te dicen un mínimo de 25 veces, de motu proprio y con cara de sinceros lo buena que está la comida, te sientes fatal; crees que han arrebañado el plato y te han pedido más sólo por disimular ¡¡Ay!! ¿Quién me lo iba a decir a mí?

En fin, ¿Un poquito más de martes? ¡Venga, otro cacito más de buenos días! Feliz comienzo de abril.