mal

21.01.2015

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Por cachondearme de los días oficialmente mustios, he llegado a la mitad de la semana en severa recesión mental…

Me siento mal.

Hecha una alcachofa en todos los sentidos, excepto en su verde colorido.
Aunque sea el día X de la semana, del sexo sólo me queda hoy lo del centro: sin la s y sin la o.

Sólo puedo pensar en las mil maneras de cocinar los dos kilos de acelgas que tengo en la nevera (malditas sean las ofertas). Y lo que fue una tormenta de ideas se ha convertido en ruido.

[Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso.
Silencioso ruido]

El sonido de una caverna que campa en mi oído derecho. Y una turbina en sordina en el izquierdo.

Tengo catarro en los pabellones auditivos (lo que viene a ser los mocos a modo de pendientes) y es tan asqueroso de sufrir como de contar.
Porque la gente más tradicional se suena las narices, pero yo las orejas no me las puedo sonar!!!

Ay! Ay! Ay de mí, que no me quiero quejar… pero la invasión viral no me deja sitio en las letras para nada más!
Me siento fatal (con tres aes al final) y ni siquiera puedo llorar porque los ojos ya me lloran solos sin poderlo remediar.
Ahora sé para qué sirven las ojeras: para desaguar.

Hasta la espalda la tengo encharcada de penas: me pica en el sitio exacto donde no me puedo rascar. En el ángulo muerto de mi trasera. El envés de esta alcachofa apática.

Los buenos días en estos días son jodidos de solemnidad (y no los puedo desear más).

24.06.2014

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Ay que ver, no se puede poner una mala…

 

El viernes de hace un par de semanas, a eso de las tres y algo de la madrugada, tuve un ligero problemilla con los hielos de la última copa: me sentaron mal. Seguro que a vosotros alguna vez también os pasa: no has bebido tanto, no vas mal pero, de repente, al cuarto trago de la tercera copa, te emborrachas. Es inexplicable porque ya te ibas para casa pero, según vas subiendo la calle, más te tajas; de tal manera que llegas a la cama con una melopea monumental en la que ni el echar pie a tierra sirve de nada.

 

Evidentemente es que en algún trago te han metido garrafón; garrafa y de la mala, porque al día siguiente te levantas acabada. El estómago del revés, la cabeza te estalla, sigues mareada… Cuando a eso del tercer intento logras salir de la cama, las fuerzas sólo te alcanzan para las labores de supervivencia básicas: comer y visitar la taza. Después, por no volver a meterte entre las sábanas, te viertes en el sofá desmadejada y para no pasar solita semejante trauma enciendes la tele sin prestar mucha atención a lo que haya.

 

Y aquí, señores, es cuando todo el peso de la presión social cae sobre tus espaldas en sesión doble y de traca: “Madre de alquiler” peli cutre donde las haya, que parte de la premisa de que toda mujer, si no ha tenido hijos, debe ser como poco directiva millonaria, seguida de una cabezadita para abrir los ojos y encontrarte “Nueve Meses”, otra oda a la maternidad de lo más descarada… Tan mal anda la natalidad en España?

 

Lo que os decía, no puede una ponerse mala. Menos mal que esto, los martes, no pasa. Buenos días!

03.04.2014

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Como hace mucho que no hablo de los albañiles de la obra de mi comunidad de vecinos, a lo mejor os pensáis que ese infierno ya es agua pasada. Pues no. Aquí siguen los andamios, las paredes descarnadas y esos pedazo de profesionales de la construcción que el otro día me sugirieron medio en broma medio en serio abrir una arqueta de desagüe en medio de mi salón  ¡¿Cómo?! Ah no sé, señorita, es lo que viene en los planos, me contestó ¡! Y era nada menos que el jefe de obra. Apaga y vámonos.

Y es que se supone que tienen que arreglar los desagües de los patios, pero a juzgar por su actitud es la primera vez en su vida que han visto un agujero en el suelo porque ayer, cuando pasaba, vi a uno echándole agua con la manguera y al resto mirando eclipsados cómo se la tragaba. Hombre, es bonito conservar la capacidad de asombrarse, pero 6 adultos contemplando un sumidero como si fuese un milagro es excesivo, no? Me recuerda un poco a las rotondas en Albacete, que las anuncian desde varios kilómetros con carteles llenos de señales y peligro como si fueran una cosa excepcional; la primera vez esperaba encontrarme al menos un platillo volante…

Pero lo que no les perdono a la cuadrilla no es su incompetencia, que me causen tantas molestias, ni que el sábado casi lapidan a dos amigas mías por su costumbre de dejar caer cascotes con total libertad; lo que me escuece es que me están fastidiando también en el plano espiritual: hace unos días les hice una maldad (con razón, pero una maldad) ¡¡y ahora no duermo del arrepentimiento!! Hay que ser idiota…

Jueves. Creo que el domingo regresa el buen tiempo, a ver si también los buenos vientos. Buenos días.