maleta

24.07.2015

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Lo que más se lleva esta temporada veraniega no son -en contra de las apariencias- los kimonos ni el color amarillo; ni los kimonos amarillos siquiera. Lo que de verdad se lleva son las maletas. Fijaos bien. Hay montones de personas que van con ellas.

Se llevan maletas grandes, pequeñas (más éstas), maletas rojas, azules o negras. Pero hoy por hoy, todas con ruedas. Maleta en ristre como complemento de belleza. Maletas que se hacen con tanta ilusión como pereza. Contenedores de los cuatro conceptos básicos de nuestra despensa. Prueba material del rodaje de nuestra existencia. Maletas vacías bajo la cama y llenas llenando las aceras, los andenes y las bodegas de carga que cargan con ellas.

Maletas de ejecutivos que llevan trajes y no han olido otra prenda. Maletas de niños que no pueden con ella. Maletas de turistas que no conocen las consignas y consignas con maletas perdidas de las que nadie se acuerda. Maletas que se multiplican en vacaciones partidas que hacen más que una entera. Maletas trágicas que quedan en las cunetas.

Maletas con asa y yo asada tirando de una de ellas… Me he pasado la vida pegada a una maleta. Recuerdo con cariño la primera: de cuero rojo, muy muy pequeña. Y tengo ante mis narices la enésima, que nunca espero sea la última, porque jodido es el viaje que se hace sin ella.

He cargado con tanto equipaje, he mareado tantas prendas, que no entiendo por qué si me pongo unos patines el equipaje no me lleva. Podría exigir la tarjeta Premium de porteadora de maletas. Pero por ahora me conformaré con esta meta: la de lanzar un viernes cualquiera una

“Oda a la maleta”.

Buenos días y, si la habéis hecho, buen viaje.

11.05.2015

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Llegados a estas fechas en que el buen tiempo no es que esté asegurado pero empieza a darse por sentado, la estación de la primavera da un sutil giro hacia una estación intermedia que podríamos llamar ‘pre verano’.

Para mí, esta época es tan deseada como agobiante y agotadora. Porque en invierno, de lo malo malo, te sale algún fin de semana descargado (de estos que tienes pocos planes y sacas más tiempo para el descanso), pero desde aquí hasta bien finalizado el verano ya no paro. Mi vida se convierte en una sucesión de idas y venidas con días laborables -también liados- en medio.

Esta acumulación de ocio primordialmente viajero, tiene -por supuesto- su cara y su cruz: en el lado bueno que me gusta, lo disfruto y me divierto. En la cara oscura está una cierta sensación de permanente destierro. La maleta no conoce el descanso, los días se pasan a velocidad de vértigo y acabas estando fuera tanto, que no te cunde lo que estás dentro. Además te encuentras amigos que te terminan torciendo el gesto (y lo entiendo) porque intentan quedar contigo y tú eres un cajón lleno de ‘no puedos’…

Pero es que hay tantos sitios en los que me apetece estar, tantas cosas de las que quiero participar, que muchas veces he pedido en la hoguera de los sueños fantásticos dones como la ubicuidad o el teletransporte; aunque éste último no me conviene, que ya sabéis cuanto me gustan los viajes… Me vendría mejor tener alguna mano extra, o una cabeza con más memoria, que hay muchas ocasiones en las que me faltan. Por pedir…

 

Lunes. Buenos días!

01.04.2015

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Estamos que lo tiramos, oiga. Nunca se ha visto tanta gente contenta por estas fechas: los playeros se pueden bañar, los senderistas caminar, los cofrades procesionar, los esquiadores esquiar… Imagino que los únicos de mala leche deben de ser aquellos que les toque trabajar toda la santa Semana Santa, pero los demás somos la viva imagen de la felicidad.

 

Bien es verdad que no sabe uno qué gaitas meter en la maleta, porque la solana nos pilla de sopetón y tenemos la manga corta sin entrenar; que yo no me atrevo a alejarme cuatro largos días de bufandas y medias por más que tenga la cabeza puesta en verdes praderas cuajadas de campanillas de las que se abren por primavera… Lástima es que la jara no sea tan tempranera!!

 

Y es que esto de que haga un tiempo espléndido para las vacaciones más raquíticas del calendario es tan poco habitual que me tiene trastornada (y a los meteorólogos, más) El señor Barreiro y sus colegas no salen de su sorpresa: es el primer año en muchos que no tienen que engañar a los viajeros incautos para que hagan reservas hoteleras a mansalva y se les nota la cara de desconcierto al dar la noticia… sólo les falta apuntar que esta vez hará buen tiempo ‘de verdad’.

 

Así es que ‘de verdad’ espero que tengáis una estupenda Semana Santa -ya sea en bikini, capirote o caravana- y que el tiempo, además de bueno, os sea favorable para que cuatro días de sol nos sepan a mucho más. Feliz puente, buen miércoles y buenos días!!

10.09.2014

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maleta vacaciones

02.04.2014

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La otra noche, en uno de esos raros momentos en los que le doy la enésima oportunidad a la tele y hago unos minutos de zapping antes de quitarla, me tropecé con el final de La Pasión Turca. Ya la tenía vista, claro; pero no recordaba como acababa.

Al margen de la trama argumental, la secuencia final me dejó boquiabierta. Ana Belén -guapísima- con un vestido rojo y un abrigo oscuro tres tallas mayor de lo necesario -probablemente para potenciar la sensación de abatimiento del personaje- camina calle abajo cargada con las maletas en las que ha guardado todo cuanto tenía en Turquía: sus pertenencias y sus ilusiones, ahora rotas. Llega a un sorprendentemente desierto puente sobre el Cuerno de Oro y allí, con el imponente fondo del estuario dominado por la Mezquita de Suleiman, se para un momento a reflexionar sobre lo que triste que resulta que te derrumben tu castillo, aunque éste fuera de papel. Acto seguido agarra de nuevo su maleta y su bolso de viaje y se va (presumiblemente a España y con el rabo entre las piernas).

Así contado parece un final más o menos normal. Algo ñoño para el resto de la pelí pero aceptable, no?… Pues no! El final se torna ridículo en el preciso instante en que te fijas en que la maleta que porta la protagonista en la mano izquierda ¡Tiene ruedas!

¡Hombre, por favor, Sr. Aranda! ¡Que por esa tontería se derrumbe una película! En el cine, como en la vida, lo que resulta imperdonable no es la falta de medios, si no la falta de coherencia… ¡Será por maletas! O le pone usted una sin ruedas y que cargue con su peso igual que con su pena o, si la maleta lleva ruedas, que la arrastre como ha arrastrado su alma en pos de sus pasiones, no? Que ambas cosas pueden ser. Lo que no puede ser es que una vaya con un disgusto tremebundo, unos buenos tacones y cargada con un maletón que no deposita en la acera a pesar de contar con cuatro hermosas ruedas!!

No se puede hacer al espectador más que el santo del día… Miércoles, 2 y San Abundio. Buenos días!!

23.12.2012

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Estambul se me está escapando entre los dedos. Las calles probablemente siguen vivas ahí fuera, con su oferta para todos, pero a mi me observa desde el rincón ese cacharro rojo con cuatro ruedas vulgarmente conocido como maleta, que está esperando que embuta mis recuerdos entre sus fauces para trasladarlos al Madrid de lunes a viernes en horario de oficina, para quitarles el brillo y los colores de la novedad y el exotismo y dejarlos en preterito perfecto.

Me llevo pocos cachivaches en realidad: unos baklavas para merendar y un ojo para invocar la buena suerte en las nuevas paredes en que espero colgarlo; me llevo la impresión de que he hecho mucho pero también la sensación de que podría haber hecho más…castigo del turista insaciable, supongo.

Se acabó chapurrear idiomas ajenos y hablar con todo el que te cruzas por la calle; se acabó cruzar el cuerno de oro, subir a la torre Galata y escuchar como rebota la llamada a la oración de mezquita en mezquita; se acabó el horizonte poblado de alminares; se acabaron los bocatas de caballa…vuelvo al bocata de calamares.

Sağ ol Estambul, thank you y buenas noches.