mayor

06.07.2015

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Me da un pelín por el envés la gente que presume de su juventud, de los pocos años que tiene. Quizá no es presumir la palabra, pero ya sabéis a qué me refiero; esos que, en una conversación X te sueltan un “claro, es que yo soy más joven” (o algo similar) con una sonrisa de  autosuficiencia y una cuadratura del hombro en ligera alzada.

Pues muy bien, chaval.
¿¿¿Y???

¿Dónde está el mérito del que te vanaglorias? ¿Te ha costado mucho esfuerzo nacer 5 años después? ¿Estamos tontos? La edad -así como la estatura, el color de los ojos o el tamaño de… las orejas, por decir algo- nos viene dado, firmado, sellado y cerrado desde fuera, por causas exógenas a nuestra conducta o nuestros actos, ergo no veo justificado alardear de ello.

Cosa distinta es la gente que teniendo muchos años se esfuerza por mantenerse joven en su aspecto o, especialmente, en su mente; ahí sí que hay una actitud encomiable. Aunque estos suelen ser los que no presumen de ello.

Y están también los otros. Me encuentro muchos que toman exactamente el camino contrario; esos que -da igual la edad que tengan- son viejos tempranos que siempre te están recordando que “ya no somos unos críos” o las cosas que hacían antes… y que en muchos casos podrían seguir haciendo, pero a los que sus barreras auto impuestas se lo impiden.

Será que la edad es realmente una cosa extraña pues, a pesar de ser una ciencia exacta, no puede ser más relativa.

Es lunes. De cuántos años podéis presumir esta mañana? Buenos días!!

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01.10.2014

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Al hojear el otro día el catálogo de un hipermercado -de esos modelo enciclopedia que sacan ahora para el otoño- me di cuenta, de repente, de que mis hermanas han crecido: tuve que saltarme íntegra la sección de juguetes infantiles, porque ya no tengo excusa para mirarlos. Ya no les interesan en absoluto ni la muñeca Bratz de turno (que a decir verdad, nunca les ha hecho mucho tilín) ni el ‘Crea tus propios tapetes de macramé Feber’ (que tampoco). Ahora intentan quitarse a garrotazos el olor a pañal y el mayor de sus entretenimientos es jugar a ser mayores, con todos sus complementos: maquillaje, ropa sin lazos, teléfono móvil, cámara de fotos y ese aire de inconformismo perpetuo que se gastan.

 

Ahora el juego es wasapearse tonterías con el chavalito de turno mientras se arrastran de la cama al sofá y regalan sus primeros besos, sus primeras lágrimas y algún que otro desvelo. Lo cierto es que lo segundo y lo tercero todos lo hemos hecho; la diferencia radical estriba en lo primero: los que vivimos la preadolescencia antes de que Dios le diera un vuelco a las telecomunicaciones no podíamos tontear con el muchacho de turno desde la comodidad de nuestra casa. Nos tocaba desplegar nuestros encantos en el cara a cara, con toda la vergüenza que ello podía acarrear. Los de ahora, se dicen de todo por vía telemática y, cuando se ven, no tienen nada nuevo que contar, por lo que no les queda otra que ‘enrollarse’ para no dar por perdida la tarde…

 

A riesgo de sonar a lo que no soy: ni mojigata ni anticuada, lo nuestro me gustaba más. Enfrentar las cosas a la cara y no tras el chaleco antibalas de una pantalla me parece una lección de vida fundamental (además de mucho más natural); ese mercadeo de afectos tan evidente en el que la foto de perfil es la pieza de carne expuesta me horroriza, pero veo difícil la vuelta atrás. Esperemos que lo superen al madurar…

 

Miércoles y Día de los Mayores; de los Viejos, vaya; de los que han madurado ya. Buenos días!!