Mecano

07.10.2014

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Pues por muy bien que lo cantara la Torroja, si entre mi suelo y mi cielo hay algo con tendencia a quedarse calvo es porque…

 

me cuesta tanto…

…callarme.

 

Lo de ‘olvidarte’ me parece una tontería que no es imprescindible y que, en cualquier caso, puede venirte dado con la edad a poco que te toque una demencia senil o el otro cabrón alemán.

 

Lo que es un auténtico hueso es callar. Callar a tiempo. Callar cuando el verbo lo destila la rabia. ‘Morderse la lengua, dicen’. Yo me la podría desollar y, aún así, hablar. Cuando estoy cabreada es lo que el cuerpo me pide ¡y  la naturaleza es sabia! No se lo puedo negar (bueno, excepto cuando me pide un plato de patatas con chistorra a las tres de la mañana, la verdad). La musa de la ironía no deja espacio en mi cabeza para nadie más; y mucho menos para la del silencio, que es tan sutil y delicada, tan… callada.

 

Y aunque admire el temple de aquellos que son capaces de aguardar el postre helado de la venganza y guardarse para ese momento sus palabras, no logro imitarlos y, cuanto más me hierve la sangre, menos controlo el caudaloso río de los truenos que me atraviesa la garganta.

 

Así es que si alguno padece de trompa de Eustaquio sensiblera o delicada, le aconsejo tome la opción sensata -no invocar al demonio de la ira- o la práctica -tapones para oídos o dejar la dichosa trompa letárgica-

 

Buenos días de martes con postdata (Ayer, callé. Ahí es nada).

09.04.2014

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Hartos estaréis de oírme decir cuánto me gusta el buen tiempo: el sol, las horas de luz, el terraceo… Adoro el verano y sus aledaños, pero tengo que reconocer que también tiene su anverso: cuando llegan los días de calor mis vecinos -y yo- acostumbramos a abrir las ventanas que dan al patio, y el patio se convierte en un hervidero. Se mezclan los acentos extranjeros de los del segundo (estudiantes de Erasmus que fuera de sus casas no conocen el remordimiento por hablar y reírse a gritos a cualquier hora de la noche), con las voces de la del primero cada vez que habla por teléfono.

El otro día, sin ir más lejos, una señora (no sé si del cuarto o del tercero) decidió que era el día perfecto para resucitar a Mecano y se tiró no menos de tres horas cantándolo. Pero no el repertorio completo, no. Encalló en ‘Mujer contra mujer’ y se pasó toda la santa tarde-noche repitiendo aquello de ‘Quien detiene palomas al vuelo, volando a ras de suelo…’. Una vez, otra vez, otra vez… más de cien ¡¡¡Joder, ya está bien!!! Me parece precioso el alegato al amor lésbico del tema, pero no creo que sea para repetirlo a perpetuidad como si fuera la tabla de multiplicar! Y encima desafinando!! Lo que no puedo entender a qué tanto ensayo y siempre de la misma estrofa; porque está claro que Ana Torroja no era y con esa desarmonía vocal no creo que se haga coros en musicales; por su bien espero que no pretendiera conquistar a alguien con sus trinos… difícilmente semejante desatino puede encandilar a nadie; lo más fácil es que la espante ¡!

Hartita acabé. ¿Que quien detiene palomas al vuelo? Pues yo, señora, yo. Le aseguro que si tuviera una escopeta, ya las habría detenido!!

Miércoles. Otro día de sol. Buenos días!