médico

04.03.2015

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Feo está echarse flores, pero la verdad es que tengo unos reflejos increíbles.

Hace muchos años que no me hacen la prueba esa de darte el martillazo en la rodilla, pero yo creo que si me la hicieran mañana le reviento la cabeza al médico de la patada (de lo que se me levantaría la pierna, vaya).

 

No, en serio. Me decía hace tiempo un amigo que era la única persona que conocía capaz de tirar la copa con una mano y recogerla 50 centímetros más abajo con la contraria. Y es verdad! Lo malo es que en esa distancia el líquido se desparrama y atina siempre a caer sobre mi camisa (que de reflejos tampoco está el ron con naranja tan mal)…

 

Pero la principal ventaja que le encuentro es que supone un seguro anti-rotura para el móvil, pues nunca aterriza en el suelo por caída libre vertical si no por chute de diestra en horizontal. Me explico: como sabe todo aquel que haya adquirido conocimientos mínimos de física aplicada viendo de pequeño la Pantera Rosa, si ésta cae en recto de un quinto piso, plof! Mancha rosa en la acera que hay que despegar cual chicle de una suela. Ahora bien, si en la caída va rebotando con el tendedero de un vecino, la antena parabólica de otro y el cartel del supermercado, llega al suelo casi ilesa, quizá tan solo con su culo rosa algo raspado… Pues igualito le pasa al teléfono: que cada vez que se me escurre de las manos le endiño un zapatazo que me toca ir a recogerlo a Chinchón, pero ahí lo tienes, sin huellas del impacto.

 

Al fin y al cabo, es cosa inherente al carácter humano: el instinto reflejo de minimizar daños; o no?

 

Miércoles. Buenos días!!

23.07.2014

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Capítulo 3. La solución II

Os recuerdo que ayer nos quedamos mis restos de melocotón, mi ‘algo’ clavado en la garganta y yo sentados en un sillón de urgencias del Gregorio Marañón. Con una doctora que -pese a su buena voluntad y sus 5 intentos- era incapaz de sacarlo, otros dos tíos mirando y mi lengua dándose de sí de tanto tirón.

No quedó más remedio que pedir refuerzos. Así es que la residente cogió el teléfono y dijo a alguien al otro lado que estaba en quirofanito con un cuerpo extraño ¡! Coño, que no tendré un tipazo, pero eso de cuerpo extraño me parece pasarse, no? Afortunadamente el reclamo sirvió para que apareciera allí un señor con bata blanca y cara de ser el jefe de todos ellos que al segundo intento me lo sacó…  el cuerpo extraño… lo que tenía clavado y tanto me había amargado….

¡Un pellejo de tomate!
¡¡Apaga y vámonos!!

El otorrino dice que es el primer caso que él conozca y que casi supero en original a un señor al que le extrajo un pelo de su propio bigote que también se le había clavado.. Me dice el buen doctor que puedo reclamar por daños, pero como el gazpacho lo hizo mi madre, me da un poco de apuro sacar una indemnización del patrimonio familiar, no?

Total, que del extraño caso de la piel de tomate asesina hemos concluido que los vegetales son más dañinos que el cerdo, así es que a partir de ahora, todas las noches ceno torreznos. Total, como el cuerpo extraño ya lo tengo…

Miércoles. Buenos días!

Pellejo Tomate Asesino

22.07.2014

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Capítulo 2. La solución

Que en el hospital qué tal? Fenomenal. Nada más entrar se interesaron por mi persona: que cómo me llamaba, que cómo me encontraba, que qué me dolía, que cómo coño es posible que no tenga tarjeta sanitaria… Muy amables, la verdad. Y encima me regalaron una pulserita personalizada que me encanta. Es lo más. No me la pienso quitar.

Enseguida me hicieron pasar a un cuartito que llamaban box (aunque era un poco más grande que una caja) donde había otras dos personas que también estaban muy interesadas en lo que me pudiera pasar, así es que se lo volví a contar. Decidieron enviarme a una sala donde me atendieran y llamaron a un señor encantador de barbas blancas y cierto aire a Navidad para que me acompañara ¡Menos mal! Jamás hubiera llegado sola; me introdujo en lo más hondo del laberinto. Cuando el hijo de Papá Noel me dijo que luego no podría irme a buscar casi me desmayo, pero me las apañé para dejar -con disimulo- un rastro de miguitas de pan (del que me había sobrado de las técnicas de extracción caseras de la noche anterior).

El caso es que tras un breve ratito de espera -viendo pasar montones de personas que darían para contar meses de historias- me atendió una joven médico residente muy simpática que me acomodó en un sillón estilo dentista, me preguntó una vez más qué me había pasado (por si cambiaba mi versión de la historia, supongo) y procedió al examen visual de mi garganta trasera por el sutil método de tirarme fuertemente de la lengua.

En ese preciso instante caí en que haber sacado mi cepillo de dientes del bolso no había sido una buena idea y que era una pena que mi paisaje bucal probablemente contuviera restos del melocotón que me había zampado a media mañana ¡ODM! (En inglés OMG! que se entiende mucho mejor) y allí todos mirando…

Mirando que ya es martes y no acabo con esto!! Mañana el desenlace. Lo prometo. Buenos días!

Pulserita hospital

10.04.2014

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Lo he heredado de mi madre, y ella de su padre, y él probablemente de algún antepasado escriba de profesión que debemos tener en el árbol genealógico familiar, pero el caso es que me pirro por los bolígrafos que escriben bien. Como si padeciera el Síndrome de Diógenes de la tinta… da igual cuántos tenga, si pruebo un boli y escribe con un trazo diligente y fluido, me lo tengo que comprar y, si es de un conocido y no está a la venta, intento que me lo regale.

Mi madre, aquejada ya os digo, de la misma patología en grado severo, aparece -cada vez que tiene un catarro- con un boli nuevo que pone “Almax” o “Ibuprofeno”. No es que los robe -por suerte la cleptomanía no es un síntoma de lo nuestro- si no que el médico (santo varón donde los haya, con nulo apego a los útiles de escritorio), se los acaba cediendo. Y no me extraña, porque a mí me hace igual: si me pilla alguno que le entre por el ojo, me chantajea para que se lo cambie, aunque las dos sepamos que puede seguir viviendo divinamente sin él y que ese no es en realidad el boli de su vida, si no el último en llegar.

Probablemente nunca los gastaremos porque, como el afán recaudatorio viene de lejos, tenemos cada una su arsenal. Tendrían que correr ríos de, o transcribir el Quijote, o matricularme de nuevo en la facultad… O quizás bastara con quedarme sin móvil y tener que regresar a la libreta morada, que hace tiempo que tengo abandonada aunque aún me gusta como me gustaba. Pero es que a veces una es así de tonta: dejas caer en el olvido cosas -incluso personas- que te encantan y desgraciadamente no hay bolígrafo mágico ni río de tinta que consiga volver eso atrás…

Jueves ya y las vacaciones a la vuelta de la esquina! Buenos días!!