memoria

16.02.2016

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Mi amiga Rocío, que goza -entre otros muchos dones con que la ha bendecido la naturaleza- de una prodigiosa expresividad, tiene una cita que utiliza frecuentemente para definir ese tiempo muerto que transcurre desde que uno decide una acción y ésta es llevada a cabo. La expresión exacta que utiliza ella y me encanta es “entre ponte bien y estate quieto”.

 

Y la frase me hace especial gracia no sólo por la coyuntura que te evoca mentalmente, si no porque la propia consideración de ese lapso de tiempo denota una sabiduría y una sensatez que no todos tenemos.

 

La inmediatez es una característica inherente a los niños y los inconscientes. Ese apremio por conseguir el objeto X del deseo no suele acarrear nada bueno. Acabas llenando tu armario, tu casa o tu vida de antojos que, de haberlo sopesado, no hubieras adquirido. O al menos a mí me sucede eso. Porque esos minutos, horas o sueños que transcurren ‘entre ponte bien y estate quieto’, te dan la oportunidad de macerar los actos y los pensamientos, amén de enseñarte la dotación de paciencia que todos deberíamos llevar en la mochila.

 

Mi mochila, en cambio, va fatal de estos conceptos: la madurez aporta poco peso y la paciencia mucho menos, porque no la tengo. Llevo otros trastos, en cambio, que posiblemente no me sirvan de mucho; llevo inocencia, llevo una memoria terriblemente selectiva y llevo un trapo rojo, al que siempre entro. Y llevo también otros vocablos que a veces están bordados en plomo… Pero que le vamos a hacer, si por lo visto ni me pongo bien ni me dejo de mover!

 

Martes. Buenos días!!

15.10.2015

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Una cosa voy a decir hoy: harpagofito

Renuncio. Definitivamente tengo las conexiones neuronales hechas cisco y, cuando estoy en pleno acto de meditación urbanita (jugando al Candy Crush) se me viene una palabra imparable a la mente. Me ha vuelto a pasar. Así es que renuncio. Si viene, por algo será. Investigo de qué se trata, os meto la chapa y ya se irá. Con un poco de suerte al final del año, sumándolas todas, lograremos descifrar el mensaje que el oráculo nos quiera contar.

Pues eso. Que esta vez la dichosa palabra ha sido esa: harpagofito. Me voy a la Wikipedia a consultar y el resultado es de traca: planta de la familia de las nosecuál que procede del sur de África y es conocida como garra del diablo; indicada para la artrosis y las flatulencias y ligeramente antiinflamatoria, siempre que se administre por vía intraperitoneal (¡!)

¿En serio? Que no quiero pensar mal pero ¿Qué otra lectura puede hacerse? Porque sospecho yo que esta vez mi subconsciente me está mandando ‘a tomar por culo’ así, tal cual. Eso sí, con paliativos no se me vaya a inflamar!!

Va a ser que algo le he hecho. Quizás es porque le tengo con el armario en una estación que está pasada ya y las neuronas congeladas o porque la otra noche le tuve hasta las tantas buceando en mis memorias y no tiene paciencia para tanto fantasma. Eso es. Seguro. Es una venganza. Y algo de razón no le falta. Así es que nada, harpagofito a demanda!

Jueves. Sugerís alguna otra planta? Buenos días!

13.04.2015

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Eso que hemos hablado algunas veces aquí de no lograr ser rencorosa por la incapacidad manifiesta de recordar lo mal que te sentó una cosa, tiene una contrapartida negativa en la que, hasta ahora, no había caído: eres permanentemente vulnerable a la decepción.

Lo normal sería que una persona pudiera decepcionante una sola vez; a lo sumo dos. Pero cuando añades el componente mala memoria selectiva, por mucho que alguien querido te haga un daño, siempre vuelves a partir de cero. Siempre dejas el corazón al descubierto y ¡zasca! siempre puedes volver a llevarte un coscorrón.

Por eso cuando este fin de semana me han dado un cachiporrazo (metafórico) en los morros que ya me habían atizado antes, el primer instinto ha sido dramático, iracundo y escandaloso pero, mediando el tiempo reglamentario para que me dejara de hervir la sangre, me di cuenta que se me venía a los labios el poso de un recuerdo… Esto ya me ha pasado antes (pensé yo). Y tras pasar por mi cabeza una tira de viñetas estilo Capitán Trueno (¡La venganza será terrible! y todo eso), me dije ¡qué coño! Esto ya lo he vivido y -lo que es más importante- ya lo he sobrevivido… No es para tanto!!

Y así, a base de tropezones y sangre que se coagula y se disuelve, esa lección la voy aprendiendo: que los amigos -aunque nos pese- son un complemento circunstancial y que aunque el cariño y los buenos momentos compartidos los atesores, cuando las circunstancias son cambiantes, cambian las relaciones. Así las cosas, no tiene sentido pegarse ni apenarse por quien decide voluntariamente el desapego. C’est la vie! Por suerte, salvando ese puente, el rencor tampoco procede…

Lunes. Buenos días!

13.11.2014

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Leí hace tiempo que los árabes gozaban de una capacidad de retentiva envidiable gracias a que jamás usaban agenda ni otro medio similar de registro y, por narices, debían recordar una ingente cantidad de información.

 

Y yo, que me siento esclava de la agenda del móvil y los recordatorios de cumpleaños del facebook, he decidido que quizá puedo copiar de ellos para dejar de pasarme la vida buscando el papel que nunca encuentro o temiendo no felicitar a algún amigo de los que no publican en su muro su fecha de nacimiento…

 

El caso es que dicen que un ejercicio sencillo para ir practicando es intentar recordar, por ejemplo, la lista de la compra; así es que ya me he puesto a ello; empecé el otro día que necesitaba tres cositas nada más -para no forzar la máquina- y salí del trabajo repitiendo mi letanía: ‘plátanos, cebollas, lechuga’, ‘plátanos, cebollas, lechuga’ y así seguí toda la calle abajo, ignorando a cuantos me cruzaba y me miraban raro. Pero al llegar a la tienda, cometí el error de saludar al frutero y hablar con él brevemente del tiempo, así es que ahora tengo que apañarme con los espárragos, champiñones y un repollo que he comprado mientras recupero el boli y la libreta, que no me ayudarán mucho con la memoria, pero me mantienen al día con la caligrafía…

 

Jueves (jueves, no?) Buenos días!!