milagro

09.02.2015

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De aquella excursión que hice el año pasado al Ensanche de Vallecas en pos del consumo de gangas de la que vosotros no os acordareis ya, me traje tres cosas a destacar: una toma de contacto con una zona de Madrid que no conocía, una jarra de cristal para el agua y una sábana bajera de tejido polar.

De lo primero ya os hablé en su día, lo segundo no creo que dé para mucho comentar (cristal, tapón de acero, capacidad de 1,2 litros, muy mona, no la uso… Ya está), pero lo de la sábana polar no me lo puedo callar.

¡Por Dios! ¿Cómo eran nuestras vidas antes de que se inventara el forro polar? ¿Cómo superábamos el invierno? ¿Qué nos poníamos para ir a la montaña?
Me confieso ferviente admiradora de este tipo de tejido: abriga, no pesa, lava fenomenal, no se plancha, es ecológico y tarda poco en secar. Suave, gustosito y transpirable. Más que un tipo de tela, es un milagro. Y para colmo de bienes ¡es barato!

Jerséis, pijamas, gorros, guantes, calcetines, pantalones, sabanas, batas, mantas y la hija fea de ambas, la batamanta. Todo es mejor si es polar.
Vale que es sintético, inflamable, no estiliza nada la figura y se fabrica con Tereftalato de polietileno (un polímero plástico derivado del petróleo con un nombre insufrible) pero ya me diréis si no es mejor reciclar cuatro botellas que seguir cazando visones para despellejarlos!!

¿Frío yo? ¡Nunca! Vendí mi Damart y ahora uso un forro polar. Lunes. Buenos días!!

04.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 3

Sí, puede usted apuntarlo. Sé que era miércoles porque son los días que salgo un poco más temprano del trabajo y quedo con mi primo Mario, que vive en la calle de al lado. Él me está ayudando, sabe? Es un buen tipo. Me hace reír; me escucha.

Ese día, sin embargo, casi nos peleamos. La conversación giraba en torno al único tema posible esa semana: la dichosa fórmula. La acababan de patentar y él estaba dispuesto a ser de los primeros en probarla. Me dijo que, de todas formas, en su vida no tenía nada; el amor nunca le había alcanzado a base se saltar deprisa de cama en cama; el trabajo no le apasionaba, era un mercenario que cumplía con su jornada; de salud pichí-pichá; los amigos eran de paso; ninguna afición le llenaba. Y nunca había creído en milagros, pero le parecía absurdo no aprovechar un avance de la ciencia de esa calaña.

Tuve que morderme la lengua casi hasta reventarla. En realidad, siempre había sido yo el de la existencia atormentada; siempre buscando un sueño impreciso, una quimera, el modelo ideal de una vida cuyos contornos apenas se dibujaban. Siempre inconcluso, inquieto, imperfecto… incapaz de encontrar la manera de encontrar la pieza que faltaba en mi propio rompecabezas. Infeliz, vaya. Y, sin embargo, yo no quería tomarla. Si llevaba tantos años buscándola y ahora la ingería en una ampolla, ya fabricada, mi vida no habría valido nada…

Allí le dejé con su decisión y su sonrisa anticipada. Empezaba a refrescar… Le di los buenos días y me fui a casa.

09.07.2014

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Con los productos de limpieza del hogar me pasa un poco como con los potingues de belleza: según los veo en la tienda, me los compraría todos!! No es solo por sus brillantes y atractivos colores que excitan mi mente de consumista compulsiva si no por la fascinante redacción de sus etiquetas que, aunque sepamos que mienten como bellacas, despiertan la ilusión de los humanos por los milagros: el spray que de una pasada deja el horno reluciente, el que con una gota te friega cien mil cacharros, el que poniendo un taponcito en la fregona te pule la tarima… Y qué me decís de los suavizantes: los quiero todos!! Atrás han quedado los aromas simples a lavanda o rosas; ahora huelen a spa, a sensualidad, a ropa limpia, a claro de luna o a las florecillas silvestres con que se chutaba la monja Julie Andrews en Sonrisas y Lágrimas.

 

Todos te convencen de que tendrás un universo pleno de alegrías domésticas por el módico precio del frasco en cuestión. Igual que los ungüentos para el rostro, que te dejan convencida de que vas a ser un bellezón si eres lo bastante lista (o incauta) para comprarlo.

 

Lo malo de unos y otros es que, quizá algo hagan, pero no por el mero hecho de instalarlos en una estantería del baño. Por lo visto, además, hay que usarlos! Ergo ya sabéis porqué sigo yo con este aspecto y no tengo la piel de la cara de una muñeca de porcelana, ni mi casa acaba de oler a frescor de flores blancas bañadas por el rocío de la mañana… Porque, desgraciadamente, la constancia no se vende embotellada!!

 

Miércoles. Vaya mitad de semana! Nos acostamos con 7 goles y nos levantamos con dos cornadas… Buenos días!

20.05.2014

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En vistas de que ahora el nuevo negocio de moda son las perfumerías low-cost, me han abierto a la par dos al lado de casa y, como buena vecina que soy, he pasado a visitarlas.

La primera -muy negra toda ella, muy sobria- sólo ofrece colonias a precio de ganga. ¿De imitación? ¡No! Es que evocan a otras. Ahhh.. Y tú te lo tragas y callas porque el vendedor tiene una de esas miradas que le dejarías que te perfumara lo que le diera la gana.

La segunda, en cambio, vende los perfumes ‘que recuerdan a otros’ y además cosmética. No una cosmética cualquiera, de hecho, las cremas perfectas: milagrosas y baratas. Así es que, aprovechando que este dependiente no me intimidaba sexualmente, decidí pedirle asesoramiento para lo que a mí me mata: las ojeras. Y el muchacho, aún sin los penetrantes ojos azules del otro, me convenció; para lo tuyo no hay remedio, me dijo (¡Ole! ¡Me tocó el sincero!) ‘Tengo cremas para bolsas y patas de gallo, pero tú no tienes de eso. La ojera oscura no tiene solución, si quieres te vendo un corrector’.

Y por más que me escueza, tiene toda la razón; no hay potingue que me quite la eterna sombra oscura de los ojos. Pero… digo yo… ¡Coño! Si a Michael Jackson, que era él entero negro, le dejaron mucho más blanco que yo… No habrá algo que me destiña a mí sólo ese trocito de alrededor de los ojos??

En fin, intentaré no destemplarme demasiado con este tema, que el frío ya ha vuelto él solito… A lo mejor me quedo pálida del susto!! Martes. Buenos días.

28.02.2013

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Ahora que ya me había hecho a la idea de no tener absolutamente nada de cobertura de móvil en casa, descubro que, sorpresivamente, hay un punto estratégico (por cierto, muy cerca de la aparición del Portal de Belén; para los incrédulos) donde sí tengo señal ¡tachaaán! Estupenda noticia, no? Pues mira, no sé yo… porque ahora suena el móvil y tengo que dejar lo que estuviera haciendo para ir a atenderlo y, como solo funciona en ese punto exacto, ya no es un móvil, si no que tiene que estar ahí fijo y, además, no puedo ponérmelo en la oreja porque se corta, con lo que me veo obligada a hablar doblando el espinazo… Un regalo envenenado, vaya.

A ver si llega en día en que ya no sean necesarias las antenas de telefonía para tener línea, que nada hay imposible; especialmente hoy que es el día de los grandes inventos con los que compartimos mucho tiempo y que ya se han quedado desfasados, véase el CD que fue lanzado al mercado por primera vez un 28 de febrero de 1983 o la peseta, que dejó de ser moneda de curso legal un 28 de febrero de 2002.

Jueves. Día de Andalucía y San Hilario. Se nos acaban el Papa y el mes, ambos un poco antes de lo normal; o venían con descuento o se han apuntado a la celebración de hoy ¡!

Buenos días…