millones

10.03.2014

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‘Para conseguir los millones hay que comprar los cupones’ coreaba esta mañana mi vendedor de la ONCE favorito. Es un chico joven y ciego que tiene la caseta en la estación de metro de Sol, pero jamás le verás dentro de ella. Se pasa toda su jornada laboral de pie en una escalera cercana que tiene mucho más tránsito de viajeros y desde allí nos anima cada día a adquirir su mercancía con ingenio y buen humor; hasta el punto que yo que no soy de comprar el cupón, me quedo con las ganas de hacerlo…

El caso es que la consigna de esta mañana se me ha pegado a los pensamientos para el resto del trayecto. Coño, es que no por más simple es menos cierto; tendemos a quejarnos de una suerte que no nos llega pero no movemos un dedo para lograrla. Nos quedamos cómodamente sentados en nuestra caseta esperando que la buena fortuna nos llame a la puerta. Evidentemente, no hablo ya de los juegos de azar (que no quisiera yo incitar a la compra compulsiva de loterías) si no que la analogía me sirve para cualquiera de los tres pilares que le encomendamos tradicionalmente a la buenaventura: salud, dinero y amor. Cuidarse, trabajar duro, amar y dejarse querer… Así es posible que la fortuna encuentre antes el camino de nuestra puerta.

Lunes y San Simplicio (este promete). Buenos cupones, buenas ocasiones… y buenos días!