mocos

05.10.2015

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Tengo catarro.

Bueno, ya lo tengo un poco menos pero todavía soy todo moco.

Ya sé que en sí mismo no parece un acontecimiento digno de mención pero como llevaba aproximadamente siete años sin constiparme, tenía que contarlo.

 

Después de días rondándome, el viernes -para hacer la gracia en fin de semana- me atrapó por completo y creedme que daba mucha pena verme. A pesar de no soltar de la mano mi pañuelito de papel, la incontinencia nasal era imparable… Cuando agoté las reservas de celulosa de mi bolso descubrí que la bayeta de microfibra es mucho más útil para estos menesteres pues, además de secarte las narices con más suavidad, cuenta con la ventaja de que se puede escurrir y volver a utilizar.

 

Pero es que además de los inconvenientes catarrales que ya conocía, me he dado cuenta que el constipado ataca sin piedad tanto tu imagen pública (la gente te mira mal), como tu precaria economía… A la vista de mi (mal) estado, decidí aprovechar el paseo para lucirme en una farmacia y suplicar un antigripal de esos tan maravillosos que tanto anuncian por estas fechas y cuando me dijeron el precio es cuando me acabaron de rematar. ¡¡8 euros del ala por 10 sobrecitos de nada!! ¿Disculpa? Dame una caja más pequeña, espeté, que no creo que esté 10 días constipada. Y me dice el farmacéutico que no, que la dosis es de un sobre cada 8 horas!! Joder, vaya clavada!!

 

Lo más grande es que el dichoso milagro de medicamento que parece que me está arreglando el trancazo, me ha desarreglado el estómago y llevo dos días con más momentos All-Bran de los que mi cisterna es capaz de desaguar, así es que me temo que tendré que volver a dejarme expoliar en la farmacia para cortar la algarabía… Madre mía! No sabía lo que me ahorraba cuando no me constipaba!!

 

Lunes. Buenos días.

23.01.2015

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Pues parece que por fin termina esta semana y no sé si alzar el puño de la victoria, suspirar de alivio o abrir la ventana y saltar (pero con este frío igual me hago carámbano en la caída y no es plan).

En estos días pasados he sido atacada por la enfermedad: los mocos, el malestar, los oídos, fuertes mareos, una contractura… afortunadamente de los dedos meñiques estoy fenomenal. Tengo la sensación de que mi cuerpo ha intentado ponerse malo de distintas maneras -por puro vicio de molestar- pero no le he dejado salirse con la suya. Entre la piscina, las pastillas y la indiferencia he ganado la batalla.

Es cosa de prescindir de las partes dañadas: que siento ruidos, pues paso de escuchar; que me mareo, me agarro a la barandilla para no rodar por la escalera; que la contractura no me deja dormir, pues me pongo a soñar; que el faro de la bahía tiene la bombilla fundida, dejo el barco y me dedico a trepar por las rocas de la orilla ¡y ya está! Lo de siempre: guardar la proporción entre el problema y el remedio a aplicar…

Pero sí que es cierto que tanto frente abierto me deja el ejército con pocos vélites por hilera y se apoderan de mi algunas tormentas. He acabado, por ejemplo, presa de varias adicciones: al telediario, al Candy Crush Soda, a las acelgas, a una barra de cacao que huele a rancia y a alguna fantasía auto-elaborada que me reconforta.

Sólo espero que el gin de semana haga conmigo lo mismo que el temporal: darme una tregua, que todavía queda enero por delante y ya se sabe que está en cuesta. Buenos días!!

21.01.2015

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Por cachondearme de los días oficialmente mustios, he llegado a la mitad de la semana en severa recesión mental…

Me siento mal.

Hecha una alcachofa en todos los sentidos, excepto en su verde colorido.
Aunque sea el día X de la semana, del sexo sólo me queda hoy lo del centro: sin la s y sin la o.

Sólo puedo pensar en las mil maneras de cocinar los dos kilos de acelgas que tengo en la nevera (malditas sean las ofertas). Y lo que fue una tormenta de ideas se ha convertido en ruido.

[Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso.
Silencioso ruido]

El sonido de una caverna que campa en mi oído derecho. Y una turbina en sordina en el izquierdo.

Tengo catarro en los pabellones auditivos (lo que viene a ser los mocos a modo de pendientes) y es tan asqueroso de sufrir como de contar.
Porque la gente más tradicional se suena las narices, pero yo las orejas no me las puedo sonar!!!

Ay! Ay! Ay de mí, que no me quiero quejar… pero la invasión viral no me deja sitio en las letras para nada más!
Me siento fatal (con tres aes al final) y ni siquiera puedo llorar porque los ojos ya me lloran solos sin poderlo remediar.
Ahora sé para qué sirven las ojeras: para desaguar.

Hasta la espalda la tengo encharcada de penas: me pica en el sitio exacto donde no me puedo rascar. En el ángulo muerto de mi trasera. El envés de esta alcachofa apática.

Los buenos días en estos días son jodidos de solemnidad (y no los puedo desear más).