moderno

21.09.2016

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Amigos míos, la calzona ha muerto.

Fallecida. Hundida. Desterrada. Expulsada de los armarios y enterrada.

La han matado un par de generaciones de adolescentes sin acabar de destetar que han decretado que la calzona debía abdicar en favor de los shorts.

Y no nos equivoquemos, puede parecer que sólo se trata de una diferencia léxica y que no dejan de ser dos palabras diferentes para denominar unos pantalones cortos, pero nada más lejos de la verdad: un abismo las separa.

Las calzonas se gastaban en veranos de pueblo; en bicicletas, tardes de amigos, juegos y piscinas. Son, por decirlo así, la prenda estrella de Verano Azul. Los shorts ya son de otro pelo: esos se dejan ver en eventos más selectos; en terrazas de 20€ la copa y festivales, los usan las bloggers y hasta los hipster, que se los dejan a la medida de la barba (larga, a Dios gracias; que sólo nos faltaba tener que ver las entretelas de los más modernos gafapastas).

Los shorts son, definitivamente, otra cosa. No conocen las fotos sepia ni la inocencia. Ellos tiran a dar; a provocar, al pulso carnal de ver quién enseña más. Por usar poca tela, hasta los bolsillos quedan por fuera. Levantando pasiones, miradas y controversias. Y rehuyendo la elegancia cuanta más nalga muestran.

Pero allá cada uno cuide su estética. Faltaría más. Yo sólo pido que se añada una foto a esas colecciones de ‘yo crecí en los 80’. La de la calzona: desinteresada, desexualizada y en ocasiones hasta fea; pero tan nuestra.

Sin prisa, eso sí, porque a estas alturas del calendario, unos y otras comienzan a esconderse en los armarios…

Miércoles y, según Facebook, Día de la Paz… Así es que ya sabéis: echad la paloma con la rama de olivo a volar! Buenos días.

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18.02.2015

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Mira que me gusta el Spotify.

Es el sueño de mi generación hecho realidad: acceso gratuito a una biblioteca musical gigantesca con la posibilidad, además, de organizarse las canciones en bonitas listas… La versión actual de aquellas cintas que grabábamos con infinita paciencia y arduo trabajo de la radio hace poco más de 20 años. Seguro que más de uno se acuerda: te tocaba tener siempre la casete lista y los reflejos alerta y aún así se te colaba a la mínima la voz del locutor pelma que no respetaba el final de la pista ¡! En eso hay que reconocer que estos tiempos son sustancialmente mejores.

Ahora bien, estos del Spoti que se creen tan a la última y tan modernos, no han debido oír hablar de los algoritmos que permiten la publicidad selectiva, porque a mí (a mí, personalmente) me tienen frita… Lo voy a dejar por escrito y bien clarito: por más veces que suene el anuncio de ‘Latiiiino Caliente de Filter’ no voy a agregar la puñetera lista!!

Es que tiene guasa la cosa; sabiendo mis gustos, pudiendo acceder a mis playlist, a las de mis amigos y hasta a la de mis padres ¿por qué narices me sale cada tres canciones un tío diciendo que tiene para mí una selección del mejor regetón? No guapo, perdona, pero para mí no tienes eso!! Que estás tan tranquila barriendo al ritmo de Carlos Sadness -por decir algo- y te empieza a sonar tres puntos de volumen más alto que tu música, un hortera cantando ‘Hoy vamo a selebrá que estamo en carnavá, lalalalala’ Mande?? Joder, que me toca soltar corriendo la escoba para cerrar la ventana a toda velocidad no vayan los vecinos a pensarse que esa es de verdad mi selección musical!!

Empiezo a sospechar que precisamente pretenden eso: que te pases a la versión premium no para evitar los anuncios, si no para evitarte la vergüenza!!

Miércoles… qué vamo a escuchá? Buenos días!!

14.03.2014

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A mis amigas mujeres probablemente ya les habré confesado mi pasión por Kiko Milano (haya paz, que no es ningún maromazo nuevo e italiano que me quite el sentío), son esas tiendas de cosméticos donde una puede darse caprichos de colores sin tener que extirparse ningún órgano vital luego. Bueno, pues como parece que el amor no es mutuo, nadie me había informado de que hace poquito han abierto una en Gran Vía y, el otro día que pasé por allí, decidí invertir unos minutos y unos euros en conocernos. Pensé que se trataría de un establecimiento más de la firma, pero ¡en absoluto! Eso no es un comercio. Es ‘El Comercio 2.0’ (léase ‘el comercio dos punto cero’). ¡Madrecita! Os aseguro que he estado en garitos con aparcacoches (no acostumbro, pero he estado) mucho menos cool que esa tienda. Música de diseño a todo trapo, brillante suelo negro, luces estilo Las Vegas en el techo… Os diría que me sorprendió pero creo que la sorpresa se la llevaron ellos cuando le enseñé el DNI al de seguridad, pedí un gin-tonic al chico de negro que quería ayudarme y a la de la caja le pregunté que si eso era el ropero…

Y ya sé que no es el único caso, que desde hace tiempo son muchas las tiendas en las que -según pones un pie dentro- te lanzan al hiperespacio del moderneo, imponiéndote sutilmente la idea de que tú eres así de estupendo sólo por comprar un lápiz de ojos azul a un módico precio pero… ¿no podemos, además, bailar dentro?

Viernes y Día Internacional del Sueño. Pensaba celebrarlo estilo Calderón de la Barca, pero lo estoy haciendo al modo león de la Metro ¡! Buenos días…