montaña

19.06.2015

Posted on Actualizado enn

Tiene bemoles la ironía. Que puede tirarse una en Málaga seis largos días de verano y no darle ni una gota el sol hasta que se monta en el autobús de vuelta, en el que te toca ventanilla al oeste sin cortina y ahí te da todo.

Pero todo tiene un fin (menos -ya sabéis- la salchicha, que tiene dos) y el día declina en un ocaso que, en este caso, es espectacular. Una puesta de sol a lo Corrupción en Miami pero en road movie a la española: poste de teléfono con pajaritos, montaña al fondo, nube de Sorolla a la diestra y todos los colores de la paleta reflejados en esa porción del cielo.

El niño sueco que va delante y yo miramos eclipsados. Aunque él es más inocente y pretende grabarlo con el móvil. Yo ya sé que esos momentos mágicos de un atardecer son efímeros y complicados de retratar. O será que él lo intenta con imágenes y yo con palabras… Como es sueco no me atrevo a preguntarle, que tengo el catálogo del Ikea sin actualizar.

Pero los que me parten el corazón son los paneles de la granja solar que acabamos de pasar. Todos girados hacia la montaña por donde el sol se va. Levantando sus cabecitas mecánicas para captar un rayo más. Como si pretendieran atisbar esos otros horizontes que se adivinan detrás del que les toca contemplar. Son una alegoría tan mecánica como poética. Una imagen que no puedes plasmar si no la captas. Y no creo que un sueco de 11 años tenga un máster en ocasos y en horizontes que se escapan. Aunque con quienes saben hacerse los suecos, nunca se sabe nada…

Viernes de una semana ocupada en otros menesteres. Estas ausencias me matan… Buenos días! Feliz fin de semana!!

24.02.2014

Posted on Actualizado enn

El que dijo que la perfección no existe sabía de lo que hablaba. Al universo no le gusta y los que en él moramos nos tenemos que aguantar. Por qué, si no, cuando más te emperifollas para una boda te sale un grano en mitad de la cara o cuando por fin lavas el coche hasta que reluce se pone a llover?

Este sábado, por ejemplo, tenía el plan perfecto de ruta en raquetas por la nieve (gracias al buen hacer de Andara Rutas) y estaba preparada: me hago el bocata, recojo todos los aperos invernales de casa de mi madre, tengo ganas, no me duele nada; todo a punto, vaya. Pues cuando vamos de camino, mis botas de montaña a las que adoro (adoraba) deciden que es el día perfecto para morir en batalla ¡Tócate las narices! Pero no fallecer discretamente, no. Lo que hicieron fue desintegrarse. Literal. Esa suela con la que he recorrido kilómetros de aventuras, se hizo migajas y quedó desparramada por el autobús de camino a Navacerrada; de tal manera que al llegar estábamos los tres (mis dos pies y yo) infinitamente más cerca de la nieve de lo que las buenas costumbres mandan, para consternación mía y cachondeo de todo el que me rodeaba…

Pero no pasa nada, el destino nos pone estas zancadillas para comprobar que podemos superarlas: botas alquiladas, calcetines secos y en marcha! Perfecto… Hasta que llegué a casa y tuve que limpiar los restos de las zapatillas incrustados en mi tarima… a cuatro patas ¡!

Aunque bien mirado ¿qué habría contado si las botas no me la preparan? Que todo fue bien, muy divertido y tal… como historia: una castaña. En las imperfecciones está la sal de la vida, ahí está la gracia, así es que llegados a esto y siendo lunes, os desearé buenos días y una imperfecta semana.