móvil

23.11.2015

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Últimamente -y fruto de la casualidad- casi todos los días le silbo a un cura por las mañanas.

 

Yo sé que es complicado de creer, pero no lo puedo evitar! Resulta que en mi casa no hay cobertura de móvil (cosas de los pisos interiores en edificios antiguos, será) y cada mañana, según salgo por el portal, el móvil pilla señal y me entra el mensajito de rigor bien avisándome de las llamadas que me he perdido, bien con publicidad, que desde que Dios inventó el whatsapp, solo me llegan SMS de Cortefiel y de Orange (eso sí, no me paran de llegar). El caso es que, aunque tengo casi todas las funciones del teléfono silenciadas, suenan en alto mensajes y llamadas, los primeros con ese silbido tan característico que venía de fábrica.

 

He ahí como, habiendo sincronizado el azar mi salida de casa cada mañana con el paso de ese muchacho de traje talar, le pego un fiu-fiu cada mañana que creo que le ha empezado a gustar, porque ya se sonríe cuando pasa.

 

Lo que ya no me atrevo a garantizar es si el chaval es cura, cura o tira más para sacerdote, fraile, canónigo o capellán. Debido a mi absoluta incultura acerca de indumentaria eclesiástica desconozco las implicaciones de su blanca sotana. Lo que sé es que el hábito de silbar está haciendo al monje perder la vergüenza, porque ya casi no se sonroja.

 

El caso es que, mientras no le de por darme una hostia (de las que no son de consagrar) yo no cambio la melodía, que bien fácil me es darle, cada día, una alegría.

 

Lunes. Empieza la semana y el invierno. Buenos días!!

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15.04.2015

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El otro día -y previo requerimiento de la Agencia Tributaria- me tocó bucear en los archivos informáticos de la oficina a la caza y captura de un impuesto del año Maricastaña. Parece mentira, no me acordaba yo pero, en el año 2001, estábamos en bragas! (en bragas telemáticas, digo). Odisea en el espacio? No, no. La odisea de ir despacio, será; porque no os hacéis una idea de cómo ha cambiado el cuento de la informática nuestras relaciones con la Administración.

 

Ya no hablo del ámbito personal, ni sociológico de la era de la información. Doy por hecho que todos tenemos asumido nuestra cuarta dimensión tras la pantalla plana de un teléfono o un ordenador (sabiendo que si haces el payaso vas a acabar en formato avi, si haces un posado en jpg y si bebes en 16:9). Hablo de algo tan complejo y tan sencillo como cruzar datos, por ejemplo (eso que los más cotillas hacen tan bien en Facebook).

 

El paso fiscal del papel al archivo de datos es abrumador. Mucho más que el que dio en la luna Neil Armstrong (si es que lo dio, que ahora que está de moda Jerónimo Tristante os recomiendo a ese respecto un libro suyo: 1969. Ahí lo dejo). Y pienso que lo más gordo está aún por venir, a medida que se desarrollen bases de datos compatibles… Es como si se compararan automáticamente las versiones que -de cada historia- le das a  tu madre, tus amigos, tu jefe, tu médico, tu novio, tu marido y tu amante bandido (y te sancionaran por las diferencias!!).

 

Terrorífico.

Aunque si no ocultas nada, no… Los voluntarios para tirar la primera piedra que vayan cruzando sus datos.

 

Miércoles. Buenos días!!

06.03.2015

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Ya llega la primavera

No lo sé porque note mi sangre alterada ni porque los almendros empiecen a pasar del blanco al verde. La señal más evidente -al margen del consabido anticipo que nos hacen los grandes almacenes- es que la alegría viene de la mano de su anagrama: la alergia. Los picores se empiezan a esconder por entre mis cuerdas vocales recordándome que el polen no solo es esa sustancia que hace nacer las flores.

Pero no voy a presumir de cínica, el cambio de estación también me hace vibrar otras cuerdas: antes de ayer sufrí un deseo incontrolable de sacar a pasear al perro. Hasta que me di cuenta de que yo perro no tengo… pero no me dejé arredrar por eso: me armé de chaqueta deportiva, zapatillas, braga polar y miguitas de pan y me bajé al río a pasear, a ver si se me acercaban las palomas y podía poner alguna estofada para cenar (nada; las muy espabiladas se las saben todas y casi me estofan a mi).

El caso es que estas tardes que tengo tiempo -y el tiempo empieza a virar a mejor- he decidido practicar el deporte tradicional de los ancianos -me refiero a pasear, no a mirar obras- porque, la verdad, dejar ir los pies con el rumbo sin acabar de trazar me encanta. Especialmente cuando además puedes llevar música en las orejas, ideas en la cabeza y tienes un salvoconducto vulgarmente conocido como teléfono móvil y otro en forma de abono transporte por si los pies se te van de más.

Sí. La pátina de cinismo se resquebraja cuando sigues encandilada por tu propia ciudad, cuando caminas con paso musical al son de lo que escuchas, cuando levantas la vista para apreciar una balconada y en ese instante encienden la iluminación de la fachada. He de reconocer que la sonrisa que me baila en la cara es de lo más primaveral.

Viernes. Feliz fin de semana. Y buenos días!!

04.03.2015

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Feo está echarse flores, pero la verdad es que tengo unos reflejos increíbles.

Hace muchos años que no me hacen la prueba esa de darte el martillazo en la rodilla, pero yo creo que si me la hicieran mañana le reviento la cabeza al médico de la patada (de lo que se me levantaría la pierna, vaya).

 

No, en serio. Me decía hace tiempo un amigo que era la única persona que conocía capaz de tirar la copa con una mano y recogerla 50 centímetros más abajo con la contraria. Y es verdad! Lo malo es que en esa distancia el líquido se desparrama y atina siempre a caer sobre mi camisa (que de reflejos tampoco está el ron con naranja tan mal)…

 

Pero la principal ventaja que le encuentro es que supone un seguro anti-rotura para el móvil, pues nunca aterriza en el suelo por caída libre vertical si no por chute de diestra en horizontal. Me explico: como sabe todo aquel que haya adquirido conocimientos mínimos de física aplicada viendo de pequeño la Pantera Rosa, si ésta cae en recto de un quinto piso, plof! Mancha rosa en la acera que hay que despegar cual chicle de una suela. Ahora bien, si en la caída va rebotando con el tendedero de un vecino, la antena parabólica de otro y el cartel del supermercado, llega al suelo casi ilesa, quizá tan solo con su culo rosa algo raspado… Pues igualito le pasa al teléfono: que cada vez que se me escurre de las manos le endiño un zapatazo que me toca ir a recogerlo a Chinchón, pero ahí lo tienes, sin huellas del impacto.

 

Al fin y al cabo, es cosa inherente al carácter humano: el instinto reflejo de minimizar daños; o no?

 

Miércoles. Buenos días!!

23.02.2015

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En ocasiones veo renglones torcidos.

Y no es una metáfora que quiera plagiar, de camino, a Torcuato Luca de Tena. Es literal.

Líneas que me consta que están rectas y encuadradas, las veo ligeramente caídas. De lo que deduzco que, si no son ellas las que escoran, será que escoro yo.

De repente, me asalta una paranoia hipocondríaca severa y me imagino presa de una terrible enfermedad, así es que acudo rauda al doctor Google a consultar…

Y me hincho a leer páginas sobre la DMAE (Degeneración macular) que además resulta que la tenía mi abuela y puede ser hereditaria; pero después de repetir tres veces con cada ojo el test de la rejilla de Amsler -para sorpresa del resto de usuarios de metro que me rodean- concluyo que ni mi edad ni la claridad con que aprecio las líneas hacen sospechar que padezca esa enfermedad.

Toca bucear un poco más hondo en la red. Es que a nadie más le pasa? Sí hay una muchacha de 27 años en un blog de salud (que no debe ser muy saludable porque Chrome me advierte que no puede garantizar mi seguridad en esa página) que dice que al colgar un cuadro lo ve torcido. Eso es! Y yo tengo en casa dos cuadros por colgar!! Pero el oftalmólogo le dice que eso se llaman metamorfopsias (¡!) y que a su edad -no siendo miope- no se tienen por qué dar. Y la manda a otras web a navegar…

Pues me quedo igual: ni miopía ni mácula, a Dios gracias. En realidad veo fenomenal. Sobre todo si me comparo con la señora de enfrente que separa el móvil todo lo que el brazo le da, o la chica de al lado, que lo tiene pegado a la punta de la nariz… A mí me pasa, nada más que -de tanto en tanto- algún horizonte se me vierte… Pero no creo que sea el de este lunes. Buenos días!

P.D.- Hoy alguien ha escrito en su blog “Como a todos los que usamos habitualmente el metro, la convivencia con chalados de distinto grado no me sale en absoluto de alto. Esta mañana llevaba sentada enfrente a una chica de apariencia normal, que debía estar más para allá (que para acá). No paraba de alejar y acercar la pantalla del móvil a la cara mientras se tapaba primero un ojo, luego el otro. Pobrecita. Será uno de esos renglones torcidos de Dios sobre los que escribía Luca de Tena…”

01.10.2014

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Al hojear el otro día el catálogo de un hipermercado -de esos modelo enciclopedia que sacan ahora para el otoño- me di cuenta, de repente, de que mis hermanas han crecido: tuve que saltarme íntegra la sección de juguetes infantiles, porque ya no tengo excusa para mirarlos. Ya no les interesan en absoluto ni la muñeca Bratz de turno (que a decir verdad, nunca les ha hecho mucho tilín) ni el ‘Crea tus propios tapetes de macramé Feber’ (que tampoco). Ahora intentan quitarse a garrotazos el olor a pañal y el mayor de sus entretenimientos es jugar a ser mayores, con todos sus complementos: maquillaje, ropa sin lazos, teléfono móvil, cámara de fotos y ese aire de inconformismo perpetuo que se gastan.

 

Ahora el juego es wasapearse tonterías con el chavalito de turno mientras se arrastran de la cama al sofá y regalan sus primeros besos, sus primeras lágrimas y algún que otro desvelo. Lo cierto es que lo segundo y lo tercero todos lo hemos hecho; la diferencia radical estriba en lo primero: los que vivimos la preadolescencia antes de que Dios le diera un vuelco a las telecomunicaciones no podíamos tontear con el muchacho de turno desde la comodidad de nuestra casa. Nos tocaba desplegar nuestros encantos en el cara a cara, con toda la vergüenza que ello podía acarrear. Los de ahora, se dicen de todo por vía telemática y, cuando se ven, no tienen nada nuevo que contar, por lo que no les queda otra que ‘enrollarse’ para no dar por perdida la tarde…

 

A riesgo de sonar a lo que no soy: ni mojigata ni anticuada, lo nuestro me gustaba más. Enfrentar las cosas a la cara y no tras el chaleco antibalas de una pantalla me parece una lección de vida fundamental (además de mucho más natural); ese mercadeo de afectos tan evidente en el que la foto de perfil es la pieza de carne expuesta me horroriza, pero veo difícil la vuelta atrás. Esperemos que lo superen al madurar…

 

Miércoles y Día de los Mayores; de los Viejos, vaya; de los que han madurado ya. Buenos días!!

10.06.2014

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No interpretéis mis palabras como una apostasía de las telecomunicaciones, por favor, que no soy ninguna abanderada de volver a los vasitos de Danone y la cuerda.

No entonaré a Chimo Bayo ‘móvil sí, móvil no, el móvil me gusta me lo como yo’, porque está claro que no tenerlo no es una opción. Ni cantaré tampoco a Karina ‘cualquier tiempo pasado nos parece mejor’ porque el pasado esta caput y lo de ahora es lo que tenemos, pero… tiene cojones cómo ha cambiado nuestro mundo el dichoso móvil.

Los tiempos muertos han muerto. Y el best seller ha cambiado el título: ya no es ‘No sin mi hija’, ahora es ‘No sin mi móvil’. Hemos mejorado como electricistas: ahora sabemos dónde están localizados todos los enchufes de nuestra casa, la de nuestros familiares y amigos y, si me apuras, las de los bares que frecuentamos.

Pero es que ha variado hasta nuestra fisonomía: los pulgares ya sirven para algo y el estiramiento cervical está asegurado (la curvatura del cuello es imprescindible para consultar el aparato). Además, se ha eliminado la necesidad de aprender a sostener miradas incómodas (todo el mundo mira hacia abajo) y si te encuentras al vecino del quinto (es feo) y no quieres saludarlo, con una consulta al móvil lo tienes arreglado. Lo malo es que las miradas cómplices también han volado.

Ha cambiado hasta el paisaje urbano! Ya no hay nadie erguido, aburrido, oteando el infinito, solo y esperando. Ya no hay nadie caído de brazos.

Yo? Que qué hago? Nada. Pensando… mientras escribo esto con el móvil entre las manos… ¿Qué os traéis entre las vuestras? Miércoles. Buenos días!!