muñeca de porcelana

31.10.2014

Posted on Actualizado enn

Jamás he visto al miedo esconderse en una calabaza, por mucho que metamos una vela en su boca desdentada. No. El miedo es más parecido a esa amalgama viscosa que se cuela reptando bajo tu cama. Aquello que espera en silencio, 60 centímetros por debajo de tu espalda; algo frío que, cuando tengas la luz apagada y la guardia baja, se colará entre los pliegues de tu sábana.

 

No creo que a nadie le aterren en realidad las telarañas, aunque podrían, si sientes cómo te atrapan, si te retienen inmóvil frente a un peligro que se acerca mirándote a la cara.

 

Tampoco es que den pánico los niños que llaman a las puertas con esa cantinela del ‘truco o trato’. En cambio la mirada sin párpados de una muñeca de porcelana o su risa infantil en una casa deshabitada puede ponerte los pelos como escarpias.

 

Los disfraces que se ponen los chavales para salir de marcha? Nada! Por más que porten hachas, motosierras o espadas ensangrentadas. El terror sí podría ser una máscara. Una que se aproximara flotando desde la nada.

 

Vampiresas de bote, dráculas de paja, zombis de pacotilla… Bailarines absurdos de esta mascarada: el auténtico terror se esconde en nuestra mente desbocada. La fiesta de los difuntos no es más que la bravuconada que usamos para olvidar que el miedo nos acecha desde cualquier puerta cerrada.

 

Feliz Halloween. Buenos días (mejores noches) y buen fin de semana.

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