Museo del Jamón

18.12.2015

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A mí me ha pasado ya otras veces porque ya sabéis lo fácilmente que me instalo en la parra, pero creo que esta vez el mal se extiende: llegan las Navidades y no hay quien se concentre.

 

Entre el tiempo primaveral, el estreno de La Guerra de las Galaxias y la campaña electoral, no parece Navidad ni ná de ná. Parece que no procede felicitar las fiestas porque tenemos la cabeza, los whatsapp y las noticias a otra cosa mariposa… Ayer me llegó la postal de unos amigos que todos los años tienen la deferencia de usar el correo tradicional para transmitirme sus buenos deseos y me extrañó encontrarme su felicitación en el buzón!!

 

Es verdad que en el centro no hay dudas existenciales de esas: el adviento se deja notar en la densidad de población por metro cuadrado de acera, llegando a cotas de hasta diez personas por baldosín. Todos, por supuesto, viendo las luces, comprando en el Primark, aguantando la cola de Doña Manolita y haciendo fotos absurdas al Museo del Jamón.

 

Pero la cosa desentona porque a 18 de diciembre seguimos echando las cañas en terrazas sin estufas y la nieve sobre la cuál ese repartidor de Coca-Cola apodado “Santa” desliza su trineo es tan irreal que los muñecos de las tarjetas se están quedando en un charco y una zanahoria.

 

Y eso que las fieles seguidoras de la moda se empeñan en calzarse abrigos y chalecos de pelo despeluchados que recuerdan sospechosamente a un Chewbacca teñido y despellejado, como si también él participara en la campaña electoral…

 

Lo que os decía, con este panorama, no hay quien se embriague de espíritu navideño ni se centre en la Navidad, que bastante belén se ha montado ya. A ver si para el lunes cambia el plan.

 

Viernes. Disfrutad del fin de semana (si se tercia) y buenos días!

25.11.2015

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Aprovechando que el lunes tenía la tarde libre y pocas ganas de quedarme a solas con mi cabeza, decidí ir por fin a conocer la tienda que trae revolucionado el centro de Madrid últimamente: el Primark de Gran Vía.

Como su inauguración provocó el mes pasado un auténtico caos circulatorio porque la marea de gente que esperaba en la entrada inundó la calzada, me había dado miedo ir antes por tener que enfrentarme a semejante concentración de almas entusiasmadas por adquirir unos leotardos a precio de ganga. No me agradan las aglomeraciones y menos las que se producen cuando -para más INRI- no regalan nada, pero en vistas de que se nos echan encima primero las Navidades y después las rebajas, la cosa era ir ahora o dejarlo hasta Semana Santa… y mi afán consumista llevaba mejor baza.

Para mí el Primark era esa tienda donde comprar calcetines y pijamas del centro comercial que sólo visitaba cuando tenía algún bebé al que obsequiar (porque la ropita para ellos es cuca y económica), pero -a juzgar por la fiebre desatada- me equivocaba. Han montado el chiringuito a todo trapo en un edificio de nada menos que cinco plantas con estructura de colmena y bóveda acristalada, sin complejo alguno de vender ropa barata.

Desde luego, han dado la campanada; allí hay más gente que en la guerra, más nacionalidades que en la ONU y más lenguas que en Babel. Tengo la impresión de que pasa lo mismo que un domingo de playa en Málaga: que llegan miles de autobuses de cincuenta excursionistas dispuestos a acampar cual lemmings en la orilla… pero estos vienen sin sombrilla.

Y es que este establecimiento ha provocado un seísmo de tal magnitud que ha desplazado el eje del renombrado “triángulo del arte” que ahora está formado por el Primark, el Museo del Jamón y el del Prado ¡¿Qué no?! No aparecerá en guías ni revistas, pero preguntad a cualquier turista..

 

Total, que mi intención era hablar de mi experiencia interior (dentro del edificio, que no espiritual), pero ya me he explayado demasiado, así es que me parece que este artículo irá en dos capítulos. Dejamos el resto para el próximo día. Miércoles. Buenos días!!

25.02.2014

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Sufro de un fuerte conflicto de intereses que socava día a día mi moral: mi velocidad media al caminar es incompatible con la de mi calle, donde moran los únicos caminantes de Madrid que no tienen prisa: los turistas…

El turista es ese ser que, aunque tenga siete títulos universitarios y un trabajo de responsabilidad en su país natal, en el momento que viene al tuyo parece faltarle un hervor. Hay, además, características comunes al turista general y otras específicas según se trate de turista de playa o de ciudad: los de playa se distinguen por el tono de su piel (que suele ser de intenso rojo cangrejo), su atuendo de vivos colores y sus horas intempestivas de almorzar.

El turista de ciudad, sin embargo, goza de otras peculiaridades… Para empezar, lo fotografía todo, igual le da que sea la fachada del Prado que la de un bloque de pisos de protección oficial (eso sin volver al fascinante caso de los asiáticos y el museo del jamón). Para seguir, carece de sensores de proximidad o los tiene invertidos; esto es, cuando te aproximas a él desde atrás no te cede el paso jamás, aunque pongas suavemente una mano en su brazo para hacerle a un lado, será como el barco de Chanquete: no se moverá (o lo hará en la dirección que te estorba). Y para terminar hay que reconocerles, eso sí, una conciencia política mucho más avanzada que en España: para ellos no existe la izquierda y la derecha, por lo que pueden caminar ocupando todo el espacio vayan por la acera que vayan.

Martes. Por favor, por favor, por favor… ¡dejadme pasar! Buenos días

16.09.2013

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Sabía que si os lo contaba no me creeríais, así es que me he esperado a poder aportar las pruebas gráficas que adjunto. Y ahí lo tenéis, es rigurosamente cierto: en los tour guiados para turistas asiáticos que visitan Madrid, se incluye una visita al ‘Museo del Jamón’, con explicación y fotografías conmemorativas incluidas.

Que digo yo que a ver si el traductor no era muy avispado y la palabra “museo” le ha inducido a pensar que el famoso triangulo del arte pasa por allí o que quizá hay algo en la arquitectura de la famosa cadena de restaurantes/charcutería que a mí se me escapa; o será el jamón en sí mismo lo que es un auténtico monumento… El caso es que allí tenían a media docena de angelitos de ojos rasgados haciendo el guiri de la peor de las maneras… San Cornelio nos pille confesados ¡!

Lunes y 16 de septiembre. Lo sabemos, pero no está de más recordarlo: menos coche, menos vacas, menos aire acondicionado, más desodorante de bolita y más darle a la patita. Feliz Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono y buenos días!!

Chinos museo jamon