natación

29.01.2015

Posted on Actualizado enn

No es que no sepa ducharme sola -en mi casa casi siempre lo hago- es que a lo largo de los seis últimos años me he acostumbrado a las duchas multitudinarias de los polideportivos (entendamos aquí el término multitud en la cualidad del dicho, esto es, referido a más de dos), de tal manera que cuando disminuye el aforo, me aburro como un percebe perdido en un cocido.

 

El martes pasado, por ejemplo, que los vestuarios estaban desiertos porque la gripe había hecho estragos entre los nadadores, ducharme, echarme la crema y vestirme fue un auténtico coñazo. Hay que hacerlo y lo hago, pero un coñazo.

 

Normalmente, con eso de que la desnudez física incita a la intelectual, la conversación suele estar de lo más animada y nunca nos falta. De hecho, en esas lides conocí a mi buena amiga Alba. Y siempre que nos preguntan ¿de qué os conocéis vosotras? respondemos entre risas que de las duchas, que nos conocimos en pelotas… razón por la cual nos fue imposible ocultarnos nada!

 

Desconozco si ese mismo ambiente se respira en el vestuario de enfrente, el masculino. Y me temo que con la duda me tendré que quedar porque si entro a curiosear quizá rompa su dinámica… Los chicos que se duchan así en modo manada…son capaces de conservar la misma naturalidad? Porque desde luego cuando a las chicas se nos cae el jabón no pasa nada de nada!

En fin.. Curiosidades de jueves, nada más. Buenos días!

Anuncios

25.09.2014

Posted on Actualizado enn

Dice la cultura popular que el cuerpo de la mujer cambia con el paso de los años: que se pierde tonicidad, se ensancha la cintura y que el pecho y las posaderas comienzan a hacer demostraciones gratuitas de la ley de gravedad… y no digo que mientan, pues suele pasar que -en hombres y mujeres- la flacidez aumenta con la edad; pero a mi se me están produciendo algunos efectos secundarios que no figuran en ningún manual: me han encogido los pies (me di cuenta porque no parece probable que me crezcan todos los zapatos a la vez) y ahora me ha mermado la cabeza.

 

Si tengo que decir la verdad, por mucho que me llamen cabezona, mi perímetro craneal nunca ha sido gran cosa; los sombreros y gorras que vienen sin tallaje (la mayoría), me bailan y corro riesgo de quedarme sin ellos a poco que sople el aire; pero es que ahora con los gorros de nadar -que ya son humillantes de por sí- tengo un problemón: todos se me escapan! Odio los de silicona porque me enganchan esos pelillos de la nuca que en mi casa llamamos ‘los pelos del coraje’ (¿Por qué? Ni idea. Supongo que porque te da rabia cuando se te enganchan ¡!) y me suelo comprar unos que son medio tela medio goma, que antes me iban fenomenal. Bueno, pues ahora ya no me sirven; si me los encajo del todo me tapan los ojos y si dejo el sobrante a la altura del moño, la goma no me sujeta. De tal manera que cuando me meto en el agua, el puñetero gorro sale disparado a la misma velocidad que yo, pero en dirección contraria…

 

El otro día, consciente del problema y en un alarde de asumir la merma de mi testa, decidí probarme uno de niño a ver que tal… Fatal. No me cabe la melena y el efecto estético es demencial, así es que me estoy empezando a desesperar. Sólo me queda pasarme a la gelatina de pescado, como las de sincronizada (salvando las distancias) o hacer como algunos chicos: raparme la cabeza para evitar el gorro y dejar libre el pelo en pecho, para el que necesitarían un neopreno completo!

 

Jueves. Buenos días!!

10.10.2013

Posted on Actualizado enn

Creo que ya he mencionado algún día que este año disfruto de las directrices de una nueva sargento camuflada de monitora de natación, de esas que esconden, tras su cara sonriente y su aspecto afable, un extenso conocimiento de los más refinados métodos de tortura al alumnado (de ahí que yo sospeche que posea formación paramilitar profesional o que vea a diario El Sargento de Hierro). Porque yo no voy a nadar los martes y jueves, no. Ahora lo sé; voy a hacer instrucción. ¡!

Pirámides imposibles, ausencia de instantes de recuperación, intercalado de fuera-pistas corriendo con el agua por la rodilla… El otro día, a medio martirio, las piernas comenzaron a temblequearme (no preocuparse, a los tres días se me pasó), vi caer en una esquina, llorando, a un compañero y, cuando salí, me di cuenta de que la sandalia izquierda se me salía, que casi me caigo de camino a casa… Vamos, que el pie me encogió (porque no creo que el zapato haya crecido en ese rato). Total que cada vez que salgo viva de la clase, me apetece celebrarlo; pero como fumar es imposible hasta 5 horas después y no tengo fuerzas para sujetar una copa, lo acabo celebrando semi-desmembrada en el sofá, que no es tan mal plan.

10 de octubre. Día Mundial de la Salud Mental y Nuestra Señora del los Remedios. Para conservar la primera no me queda más de la segunda que dejarme torturar: nadar y nadar. Buenos días…

22.04.2013

Posted on Actualizado enn

Mira que, a lo largo de los años, he ido atesorando -como todos- grandes perlas de sabiduría popular imprescindibles para la navegación cotidiana: “las señoras mayores siempre se intentan colar en la fila del pan”, “no se debe usar el móvil a según qué horas y en según qué estado de embriaguez”, “si lavas el coche y/o te alisas el pelo en época de sequía, esa noche llueve”… ese tipo de bagatelas. Pero siempre te quedas alguna olvidada en el fondo del cajón cuando más falta te hubiera hecho y eso fue lo que me pasó el viernes pasado en la piscina: me olvidé de “si hay un tío bueno nadando en la calle de al lado, no intentes hacer chulerías, que la lías” y como no tuve presente ese axioma básico en el manual de toda single que se precie, tuve un momentazo digno de la próxima secuela de Bridget Jones: estaba el tarzán de los mares nadando tan tranquilo sin percatarse de mi existencia, cuando a mi me dio por marcarme un largo de espalda a lo Michael Phelps con las aletas puestas a máxima potencia y, por pura física de mareas, generé una ola que muchos calificarían de tamaño tsunami que me entró a la vez por la bocaza abierta que esperaba ingerir aire y por las fosas nasales, de tal manera que, al final, logré atraer la atención del adonis… y de otros cinco o seis más, que se debieron acabar preguntando a) por qué, de repente, se había vaciado la piscina y b) cuan grave era la apoplejía que le estaba dando a la chavala del bañador negro y azul…

Quizá debería haberme muerto de vergüenza, pero debe ser que ya he pasado esa línea cósmica o esa edad, porque lo resolví con un ligero sonrojo y un ataque de risa, que cuando más me río es cuando me río de mi misma. De todas formas, aprovecharé que hoy la lluvia de meteoros conocida como las Líridas está en su máximo esplendor para pedir mi redención, que son estrellas fugaces que vienen de la constelación de la Lira, la lira que Orfeo tocó para enamorar a la bella Eurídice y hacer descansar el alma de los hombres y esas me deben comprender.

Lunes. San Cayo (Malayo) y Día de la madre (de la madre Tierra). Buenos días…