niños

17.12.2014

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Ya sé que los de mi generación (que incluye a los nacidos en un período aproximado de 20 años) estamos muy orgullosos de nuestra infancia: nuestros días lejos de videojuegos, móviles e i-cacharros, nuestras bicis, barriguitas y nuestro criarnos en la indolencia de la calle, en el desparpajo del contacto entre seres humanos… Todo eso fantástico.

Fantástico. Sí. Pero, seamos francos. Teníamos mucho. Pero no lo teníamos todo: no teníamos parques de ocio!! Me refiero a esos sitios ideados para niños llenos de bolas de plástico de mil colores donde rebozarse cual croqueta de dos patas y lanzarse por toboganes, cuerdas y colchones elásticos con la alegría de caer y no hacerse daño.

En ese sentido me temo que he nacido demasiado pronto. Es ver los Dino-chismes, Aventuro-tierras y Parque-colorines y empezar a salivar descontroladamente. ¡¡¡Yo quiero montarme!!! En mis sueños más felices no me acuesto en la cama, si no en un suave lecho de bolas de colores mulliditas que me arrullan y me atrapan. Pero nada! Estoy vedada!! Para mayores de 12 años no hay bolas que valgan!!!

Y ese, hoy miércoles, era mi tercer -y por ahora último- trauma… Buenos días!

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16.12.2014

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Otra cosa que no le perdono ni a mis padres, ni a mis abuelos, ni a la época en que me tocó ser niña es, sin lugar a dudas, la puñetera “digestión”.

 

Aunque la llegada del verano era (y sigue siendo) para mí un acontecimiento maravilloso, venía siempre acompañada de la peor de las amenazas fantasma: el corte de digestión. Los días cálidos traían las vacaciones, los baños, los helados, los juegos en la calle, la libertad en forma de playa y de pueblo… todo lo que necesitábamos los niños para vivir en el paraíso pero también, acechando desde las sombras de la calurosa hora de la siesta, el peor de los castigos: tener que guardar un mínimo de dos horas sin catar charco. No había manera de convencer a los adultos: ni me meto despacito, ni me meto rápido, ni más cuento que me invento. Reposo obligado de secano porque si no, te llevaba el peor de los cocos: se te cortaba la puñetera digestión. Y así la primera hora de la tarde se convertía en un infierno; los mayores dormían la siesta, veían el tour o charlaban un rato; pero para los niños la vida se nos iba en mirar aburridos las manillas del reloj, que se movían particularmente despacio…

 

Lo cojonudo es que ahora ese suplicio parece haber desaparecido! Mis hermanas (que son de estos tiempos modernos), ni han oído hablar de semejante posibilidad; se bañan sin miramiento cuando les parece oportuno y, por supuesto, nunca han sufrido corte alguno. Es más, el único que yo he tenido en mi vida fue por beber agua fría, no por meterme dentro.

 

Y con lo que me ha gustado siempre el agua y la cantidad de horas de ella que me he perdido… Es para tener un trauma o no?

Martes y van dos. Buenos días!

15.12.2014

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Desahogándome en una conversación de barra (de barra bar, no de barra de pan) con dos amigos una noche, me di cuenta de que arrastro algunos traumas desde la más tierna infancia… Nada demasiado preocupante -de esta tampoco me encierran- pero ahí se me han quedado, como espinitas, clavados.

Por un lado está la manera de educarnos. No es que no fueran correctas las enseñanzas recibidas en la escuela, es que ahora se enseña de otra manera. Y ésta es mucho más divertida.
Cantan más, aprenden mientras juegan, les mandan tareas más entretenidas, practican cosas tan interesantes como el discurso y el debate… El otro día me enseñaron una actividad propuesta para chavales de 12 años en la que, por equipos y usando material de consulta e Internet debían responder a la ‘pregunta imposible’, un pequeño misterio que relaciona distintas materias, con varias cuestiones intermedias; al estilo de aquellos retos finales de ‘El tiempo es oro’ pero con la wikipedia de por medio. Que no es lo mismo…

Ya me diréis si no es una gozada! Me encanta. Me encantaría participar, vaya. Hasta el punto que he intentado apuntarme, pero dice la madre que no, que para eso tengo que estar matriculada en primero de la ESO y que no le parece oportuno.

Y hasta aquí llegamos con el trauma número uno: verte obligada a crecer sin debates ni discursos. Verte obligada a aprender sin divertidos concursos…

Y estamos a (y) de lunes! Buenos días!!

31.10.2014

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Jamás he visto al miedo esconderse en una calabaza, por mucho que metamos una vela en su boca desdentada. No. El miedo es más parecido a esa amalgama viscosa que se cuela reptando bajo tu cama. Aquello que espera en silencio, 60 centímetros por debajo de tu espalda; algo frío que, cuando tengas la luz apagada y la guardia baja, se colará entre los pliegues de tu sábana.

 

No creo que a nadie le aterren en realidad las telarañas, aunque podrían, si sientes cómo te atrapan, si te retienen inmóvil frente a un peligro que se acerca mirándote a la cara.

 

Tampoco es que den pánico los niños que llaman a las puertas con esa cantinela del ‘truco o trato’. En cambio la mirada sin párpados de una muñeca de porcelana o su risa infantil en una casa deshabitada puede ponerte los pelos como escarpias.

 

Los disfraces que se ponen los chavales para salir de marcha? Nada! Por más que porten hachas, motosierras o espadas ensangrentadas. El terror sí podría ser una máscara. Una que se aproximara flotando desde la nada.

 

Vampiresas de bote, dráculas de paja, zombis de pacotilla… Bailarines absurdos de esta mascarada: el auténtico terror se esconde en nuestra mente desbocada. La fiesta de los difuntos no es más que la bravuconada que usamos para olvidar que el miedo nos acecha desde cualquier puerta cerrada.

 

Feliz Halloween. Buenos días (mejores noches) y buen fin de semana.

24.06.2014

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Ay que ver, no se puede poner una mala…

 

El viernes de hace un par de semanas, a eso de las tres y algo de la madrugada, tuve un ligero problemilla con los hielos de la última copa: me sentaron mal. Seguro que a vosotros alguna vez también os pasa: no has bebido tanto, no vas mal pero, de repente, al cuarto trago de la tercera copa, te emborrachas. Es inexplicable porque ya te ibas para casa pero, según vas subiendo la calle, más te tajas; de tal manera que llegas a la cama con una melopea monumental en la que ni el echar pie a tierra sirve de nada.

 

Evidentemente es que en algún trago te han metido garrafón; garrafa y de la mala, porque al día siguiente te levantas acabada. El estómago del revés, la cabeza te estalla, sigues mareada… Cuando a eso del tercer intento logras salir de la cama, las fuerzas sólo te alcanzan para las labores de supervivencia básicas: comer y visitar la taza. Después, por no volver a meterte entre las sábanas, te viertes en el sofá desmadejada y para no pasar solita semejante trauma enciendes la tele sin prestar mucha atención a lo que haya.

 

Y aquí, señores, es cuando todo el peso de la presión social cae sobre tus espaldas en sesión doble y de traca: “Madre de alquiler” peli cutre donde las haya, que parte de la premisa de que toda mujer, si no ha tenido hijos, debe ser como poco directiva millonaria, seguida de una cabezadita para abrir los ojos y encontrarte “Nueve Meses”, otra oda a la maternidad de lo más descarada… Tan mal anda la natalidad en España?

 

Lo que os decía, no puede una ponerse mala. Menos mal que esto, los martes, no pasa. Buenos días!

07.02.2014

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Chanquete ha muerto.

Es más, hoy precisamente hace 32 años que murió y ya parece que lo iba yo superando hasta que el jueves pasado, haciendo una batida de canales, recalé en el Cuéntame y el pobre hombre la palmó otra vez. De la primera no me acuerdo, era pequeña y no debió de suponerme un trauma permanente (los niños suelen tener una capacidad de recuperación a prueba de cualquier drama televisivo) pero, cada vez que los de nuestra generación se ponen nostálgicos -que es día sí y día también- el pobre Chanquete vuelve a estar de cuerpo presente y eso sí que acaba siendo traumático. Que ya le tuvo que escocer a Antonio Ferrandis que no le llorasen ni la mitad que a su personaje…

El caso es que allá por el 82 se cargaron en prime time al abuelo de España y a nadie le preocupó qué impronta dejaría eso en los niños de la época, que ya habíamos pasado además por el cruel asesinato de la madre de Bambi. La muerte es parte de la vida (la parte en que se acaba, vaya) y los críos teníamos que asumir eso. Hoy en día esa sabiduría parece que se ha perdido: los niños son apartados de cementerios, hospitales y todo lo que huela a muerto en la vida y en el cine ¿Que no? Coño, que para uno que se cargan en Narnia (el león Aslan), lo resucitan en 20 minutos!

Lo que me temo es que con esta sobreprotección pase igual que con la del sistema inmunológico, que lo que no se va dando dosificado genere intolerancia…

Es viernes. Dosificaros el fin de semana no sea que, con la profusión de lágrimas etílicas, se nos ahogue el pescaíto. Buenos días…

09.09.2013

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A juzgar por la temperatura de esta mañana, el verano ya es historia. Este verano esquivo que se ha quedado con nosotros lo que una visita de compromiso; le costó llegar y estaba deseando irse y en la primera oportunidad ha emigrado cual cigüeña (de aquellas que emigraban, digo; porque ahora ya no gustan del cambio de latitudes). Y aquí nos ha dejado con el otoño asomando por los vientos fríos y las mochilas nuevas… Esos niños, angelitos… Desde luego, si fuera un hijo mío el que volvía hoy al cole, habría ido con su gorrito y su forro polar y no con mis sandalias, que he llegado a la oficina a punto de perder los meñiques por congelación, como si fuese la sucesora de Juanito Oiarzabal ¡!

Si me oye mi madre me dice que soy una exagerada; que eso es ‘el fresquito’ de la mañana. Pero es que su fresquito de la mañana comprende temperaturas de entre -2 y 15 grados y por ahí no paso. Yo, en este caso (y prácticamente sólo en este caso) estoy con la mayoría: si la mayoría de las chavalas en short tiemblan y tienen las piernas azuladas, si la mayoría de los que esperan el autobús no para de estornudar y abrazarse a sí mismos y si la mayoría llevamos los pelos (y lo que no lo son, que bendito Dios el que inventó el sujetador con cazuelas) como escarpias… por algo será, no? Y aunque a estas horas el sol ya ha tendido su red de ilusión, no nos engañemos: hay que sacar el edredón.

Lunes. Tengo frío, tengo sueño, tengo las manos destrozadas y una rodilla magullada… Lunes. Buenos días!!