objetos

14.01.2015

Posted on Actualizado enn

Desde pequeñita tengo cierta tendencia a coleccionar. Esto es, acumular una serie de objetos de similar naturaleza contenidos en un mismo espacio físico -generalmente una caja- que sólo se abría  para incorporar un nuevo elemento a la colección, instante en el que aprovechaba para deleitarme con su contenido, pronunciar las palabras en modo Golum ‘mi tesoro’ y volverla a cerrar hasta la siguiente novedad.

 

Probé con llaveros y postales durante una larga temporada, con entradas a teatros y conciertos y hasta de invitaciones de boda tengo llenita otra caja. Pero al final todo empacha.

 

Mi mayor colección, a decir verdad, está formada por objetos variopintos que -en su momento- llevaban asociada alguna historia personal detrás: piedras, flores secas, servilletas, alguna pluma, el envoltorio de un caramelo, una carta de la baraja, un trozo de tela, una vela medio usada… Cosas muy simbólicas cuando recordaba la aventura que llevaban aparejada pero que, con el correr de los años han ido quedando olvidadas, de tal manera que lo que tengo ahora son varias cajitas llenas de guarradas… Pero soy incapaz de tirarlas.

 

A mejor vida han pasado ya otras colecciones que me labré con el duro esfuerzo de la paciencia y el pirateo: películas, discos… Hasta muchos de mis preciados libros han acabado relegados a la casa del pueblo. Ahora todo queda reducido a megabytes en el disco duro, archivos que suben y bajan al ritmo de mis presentes anhelos. Es duro al principio, pero ganas espacio y pierdes peso (aunque sea en el piso y no en el cuerpo).

 

Ahora mi espíritu de coleccionista atesora otro tipo de objetos: recuerdos, momentos, palabras… Y este blog se nutre de ellos. Miércoles. Buenos días!

17.07.2014

Posted on Actualizado enn

Ayer mientras hacía pis me dio por pensar que la belleza de las cosas tiene una parte intrínseca, inherente al objeto (llamémosla naturaleza, N), y otra extrínseca que le confiere el contexto y que es tanto o más importante que la primera (la llamaremos oportunidad, P).

De esta manera, la apreciación de una cosa (A), viene dada en función de ambas tal que:

A = (0,4N) + (0,6P)

Si otorgamos a N y P valores entre 1 y 10 por orden positivo ascendente y consideramos el sistema de evaluación de un maestro de toda la vida, veremos que hasta un huevo de Fabergé, puede suspender…

 

Me explico. Un zapato de tacón puede ser muy bonito, el más bonito del mundo incluso (N=10), pero resulta espantoso si te lo calzas con un chándal, no? (P=0)

Por lo que A = (0,4*10) + (0,6*0) = 4 –> Suspenso!

 

Pues en eso andaba pensando yo en el retrete de un bar al darme cuenta de que no había tapa del wc, ni papel higiénico, pero había una preciosa columna de hierro forjado frente al estrecho habitáculo habilitado para mear… Extrínsecamente incoherente, me decía a mí misma  mientras recordaba que no había llevado clinex y no sabía dónde me iba a limpiar. La N del papel es 0 por inexistente y la P de la columna también… Estos baños seguro que suspenden!!

 

Pues así pasa con tantas cosas. A veces queremos coleccionar objetos hermosos que no encajan en nuestra vida: esa chaqueta, aquel cuadro, alguna mirada, un sueño, el despertar de una mañana… Sin pensar que incumplen el requisito de la oportunidad; si no encajan en nuestro contexto, al final no pueden aprobar…

 

Jueves con contexto por determinar. Buenos días!!