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09.02.2015

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De aquella excursión que hice el año pasado al Ensanche de Vallecas en pos del consumo de gangas de la que vosotros no os acordareis ya, me traje tres cosas a destacar: una toma de contacto con una zona de Madrid que no conocía, una jarra de cristal para el agua y una sábana bajera de tejido polar.

De lo primero ya os hablé en su día, lo segundo no creo que dé para mucho comentar (cristal, tapón de acero, capacidad de 1,2 litros, muy mona, no la uso… Ya está), pero lo de la sábana polar no me lo puedo callar.

¡Por Dios! ¿Cómo eran nuestras vidas antes de que se inventara el forro polar? ¿Cómo superábamos el invierno? ¿Qué nos poníamos para ir a la montaña?
Me confieso ferviente admiradora de este tipo de tejido: abriga, no pesa, lava fenomenal, no se plancha, es ecológico y tarda poco en secar. Suave, gustosito y transpirable. Más que un tipo de tela, es un milagro. Y para colmo de bienes ¡es barato!

Jerséis, pijamas, gorros, guantes, calcetines, pantalones, sabanas, batas, mantas y la hija fea de ambas, la batamanta. Todo es mejor si es polar.
Vale que es sintético, inflamable, no estiliza nada la figura y se fabrica con Tereftalato de polietileno (un polímero plástico derivado del petróleo con un nombre insufrible) pero ya me diréis si no es mejor reciclar cuatro botellas que seguir cazando visones para despellejarlos!!

¿Frío yo? ¡Nunca! Vendí mi Damart y ahora uso un forro polar. Lunes. Buenos días!!

27.01.2015

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Mi madre es maravillosa. Eso lo sabe todo el que la conozca. Pero hay que reconocer, que también tiene sus cosas…

Me refiero, particularmente, al modo en que hace la compra. No es que sea una compradora compulsiva, si no más bien impulsiva y quizá algo repetitiva. Hace tiempo, por ejemplo, debió detectar que se le estaba acabando el lavavajillas y su cerebro lo memorizó de tal manera que cada vez que iba al súper, lo compraba; hasta que llegó a acumular unos 25 botes de fairy en casa. Lo mismo sucedió otra temporada con los recambios de fregona, y otra con las bayetas… Le entraba la duda y, por si acaso, echaba una más a la cesta.

Pero la campanada la dio hace poco por el lado menos pensado: el enjuague bucal. Un buen día vio una estupenda oferta de Listerine y no se lo anduvo pensando; arreó con nada menos que tres frascos de litro cada uno: uno para su casa, otro para la mía y otro para ir rellenando ¡Tres litros de colutorio para dos tristes bocas! Pero si a mí me dura meses el bote pequeño!! Pues nada. Ya tenemos el plan quinquenal cubierto; como los rusos, pero para echarnos al coleto.

Lo cojonudo es que ahora va y me dice que en realidad a ella no le hace mucha gracia el Listerine, que ha descubierto que lo mejor es lo más simple, el enjuague bucal casero: agua con bicarbonato y, si hay llagas, con agua oxigenada ¡Maravilloso! Esto me deja a mí con más reservas de colutorio que Irak de petróleo. Así es que si un día de estos alguien detecta que dejo un ligero tufo mentolado, no me lo tenga en cuenta, es que voy a lavarme la melena con frescor verde menta!

Martes… La madre del cordero!! (Y la mía!) Muy buenos días…

01.07.2014

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Ya sé que ahora el sector es muy liberal y cada tienda puede ponerlas cuando le dé la gana pero, para las clásicas como yo, hoy empiezan las rebajas. Y esto que para algunos no pasa de noticia de relleno al final del telediario, para mí supone el inicio de una época de gran peligrosidad; corro el mismo riesgo que los pollos en Navidad: acabar desplumada.

Porque esos cartelitos en rojo, esos porcentajes del 50 y el 70 con el menos delante, ejercen el mismo efecto sobre mi estructura mental que las luces de las recreativas sobre los ludópatas y los cerebros jugosos para los muertos vivientes antes de que los llamaran caminantes: me atraen hacia ellas…

Mmmm… Rebajas… No es lo mismo pagar 20 por una camiseta sin más, que pagar 20 y que tenga un 40 tachado detrás! En el segundo caso, te lo compras sin pestañear y ahí reside la gran trampa, en permitir que el gen consumista se acueste con el gen de economizar: acabas con más bolsas de las que puedes acarrear, con más camisetas de las que te caben en el cajón y con el saldo de la cuenta por debajo de la línea de flotación.

Y no importa que no salgas ex profeso a por ellas, es que en cuanto pones un pie fuera de casa, ellas te buscarán. ¿Los tiempos muertos? Fatal, siempre hay una tienda cerca ¿Quedamos a tomar una caña? Error, los escaparates te acechan. ¿Voy a dar un paseo? Anda ya! Quién pasea en julio? En realidad vas a comprar… Y sí que es cierto que a veces hay alguna ganga, pero son gangas que en realidad no te hacían falta!!

Así es que me este año he pensado que si lo primero que me compro en oferta es una buena venda, igual me doy algún piñazo, pero me ahorro lo demás!! ¿Tienen antifaces en rebajas? Martes. Buenos días.