palomas

04.12.2015

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A cuenta de pasarme unos días haciéndome pasar por una jubilada ociosa, me he dado cuenta de que, para esto, también hay que tener escuela.

Mira que yo pongo mi mejor cara de ‘el tiempo y la estética no me importan nada’ y que el puñetero tinte vuelve a dejar asomar mis canas, pero no cuela. Cuando llego a los bancos del final del paseo marítimo, ellos ya los han ocupado. Si se me ocurre sonreirle a alguna paloma, ellos ya la tienen cebada. En la mesita perfecta de la cafetería, siempre hay alguno afincado jincándose una cerveza helada… Y a mí se me queda cara de atontada, porque me siento como una intrusa en ociolandia.

Y eso que yo tengo más juguetes que ellos: mi mp3, mi eBook, mi móvil y todas mis chorradas, pero no tengo esa capacidad de emplear el tiempo en ver el sol desplazarse por el cielo. Mis minutos reclaman siempre su finalidad: leer, escribir, pasear, relajarme… Coño! Que llega la hora y no me ha dado tiempo de relajarme casi nada!

De verdad que no sé si ese poso me lo va a dar la edad, porque el relax siempre se me ha dado fatal. Me pone un poco nerviosa, vaya. Recuerdo el día que en un balneario tuvo que venir el médico a socorrerme porque me dio un jamacuco en una bañera llena de sales y cáscaras de naranja en la que sólo tenía que ‘estar’.

En fin… Por ahora y por suerte, he podido escapar estos días a respirar aires más limpios, a empaparme de sol luciendo tirantes en pleno diciembre; a pesar de que mis amigos me odien cuando les mando fotos paseando por la playa y a pesar de que no saque buena nota en la asignatura ‘tranquilidad’. Tranquilos, que ya se me acabarán! Buenos días, buen puente y felices escapadas.

06.03.2015

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Ya llega la primavera

No lo sé porque note mi sangre alterada ni porque los almendros empiecen a pasar del blanco al verde. La señal más evidente -al margen del consabido anticipo que nos hacen los grandes almacenes- es que la alegría viene de la mano de su anagrama: la alergia. Los picores se empiezan a esconder por entre mis cuerdas vocales recordándome que el polen no solo es esa sustancia que hace nacer las flores.

Pero no voy a presumir de cínica, el cambio de estación también me hace vibrar otras cuerdas: antes de ayer sufrí un deseo incontrolable de sacar a pasear al perro. Hasta que me di cuenta de que yo perro no tengo… pero no me dejé arredrar por eso: me armé de chaqueta deportiva, zapatillas, braga polar y miguitas de pan y me bajé al río a pasear, a ver si se me acercaban las palomas y podía poner alguna estofada para cenar (nada; las muy espabiladas se las saben todas y casi me estofan a mi).

El caso es que estas tardes que tengo tiempo -y el tiempo empieza a virar a mejor- he decidido practicar el deporte tradicional de los ancianos -me refiero a pasear, no a mirar obras- porque, la verdad, dejar ir los pies con el rumbo sin acabar de trazar me encanta. Especialmente cuando además puedes llevar música en las orejas, ideas en la cabeza y tienes un salvoconducto vulgarmente conocido como teléfono móvil y otro en forma de abono transporte por si los pies se te van de más.

Sí. La pátina de cinismo se resquebraja cuando sigues encandilada por tu propia ciudad, cuando caminas con paso musical al son de lo que escuchas, cuando levantas la vista para apreciar una balconada y en ese instante encienden la iluminación de la fachada. He de reconocer que la sonrisa que me baila en la cara es de lo más primaveral.

Viernes. Feliz fin de semana. Y buenos días!!

02.03.2015

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En general aborrezco a las personas que tienen por entretenimiento alimentar a las palomas.

Las palomas son bichos malos (pedazo de reflexión original, eh?). No es que me parezcan feas, ni ratas con alas como dicen muchos. Pero tienen un defecto congénito insoslayable: cagan. Cagan mucho y malo. Y cagan desde el cielo, para más recochineo. Y al margen de lo pernicioso que esto sea para nuestro patrimonio histórico, no les perdono la ocasión en que a mí me pusieron echa un zarrio… Tendría 14 o 15 años y estrenaba una falda roja monísima -iba yo echa un pimpollo- y, al pasar con una amiga por un parque al lado de casa, me cagaron. Nos dejaron echas un cristo a las dos, de hecho.

Por tanto, como decía, no me causan simpatía las personas que alimentan con migas de pan semejante incontinencia intestinal; pero el otro día una devota de la manutención avícola me tocó la fibra. Quizá porque era mayor pero no una anciana, quizá porque donde debía haber palomas comiendo no había nada… Me conmovió esa profunda soledad que emanaba, buscando la compañía de unos animales que ni por rapiña se le arrimaban.

Ya sabemos otro defecto de las palomas: de compasión no saben nada. Buenos días!

09.04.2014

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Hartos estaréis de oírme decir cuánto me gusta el buen tiempo: el sol, las horas de luz, el terraceo… Adoro el verano y sus aledaños, pero tengo que reconocer que también tiene su anverso: cuando llegan los días de calor mis vecinos -y yo- acostumbramos a abrir las ventanas que dan al patio, y el patio se convierte en un hervidero. Se mezclan los acentos extranjeros de los del segundo (estudiantes de Erasmus que fuera de sus casas no conocen el remordimiento por hablar y reírse a gritos a cualquier hora de la noche), con las voces de la del primero cada vez que habla por teléfono.

El otro día, sin ir más lejos, una señora (no sé si del cuarto o del tercero) decidió que era el día perfecto para resucitar a Mecano y se tiró no menos de tres horas cantándolo. Pero no el repertorio completo, no. Encalló en ‘Mujer contra mujer’ y se pasó toda la santa tarde-noche repitiendo aquello de ‘Quien detiene palomas al vuelo, volando a ras de suelo…’. Una vez, otra vez, otra vez… más de cien ¡¡¡Joder, ya está bien!!! Me parece precioso el alegato al amor lésbico del tema, pero no creo que sea para repetirlo a perpetuidad como si fuera la tabla de multiplicar! Y encima desafinando!! Lo que no puedo entender a qué tanto ensayo y siempre de la misma estrofa; porque está claro que Ana Torroja no era y con esa desarmonía vocal no creo que se haga coros en musicales; por su bien espero que no pretendiera conquistar a alguien con sus trinos… difícilmente semejante desatino puede encandilar a nadie; lo más fácil es que la espante ¡!

Hartita acabé. ¿Que quien detiene palomas al vuelo? Pues yo, señora, yo. Le aseguro que si tuviera una escopeta, ya las habría detenido!!

Miércoles. Otro día de sol. Buenos días!

11.02.2014

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Ante la inminente llegada del día más rosa del año, cantaba un chico en el metro un famoso tema de Serrat y, como me pilló en uno de esos momentos de mente en blanco toda oídos, me puse a pensar en la letra…

“Tu nombre me sabe a hierba”

Muy bonito, sí señor. Pero… si un ligue os dice esto… ¿Qué es lo que pensáis? Que no es que sea malo, si no -como poco- peculiar. Normalmente los apelativos cariñosos hacen referencia a cosas que se comen (fresita, melocotoncito, pichoncito mío…) y no que se fuman ¡! Pero es que la propia canción te da más datos ‘De la que crece en el valle’ ¡Toma claro! Porque si crece en medio de la planicie viene la guardia civil y acabas en el cuartelillo, y si crece por cultivo hidropónico tras una falsa pared de tu salón no hay quien lo explique con ritmo.

Claro que las que se ciñen a reclamos más comunes, también tienen su miga. Véase el “Currucucucu paloma”: aquí alude a un clásico de la nomenclatura cursi, vale; pero a santo de qué viene el ‘currucucucu’?! Que una cosa es que te llamen como a la verbena y otra muy distinta tener que hablar en su idioma!! Lo único que se me ocurre es que para decir la palabreja uno pone, indefectiblemente, boquita de piñón y esto tal vez pueda resultarle atractivo a alguien…

El caso es que, para escarnio de románticos y buena fortuna de socarrones, los ejemplos abundan; así es que nos dejaremos letras en el tintero para la próxima vez que nos rodee el ejército del único Santo al que parecen quedarle seguidores… Martes. Llueve, llueve y llueve, en Madrid. Buenos días!

11.11.2013

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No digo que la playa abarrotada del verano no tenga su encanto, el de lo común, la sintonía con la multitud: la arena que abrasa, el niño de al lado que te patea la toalla, el esquivar los pelotazos de tanto tenista frustrado que no suelta las palas, el agua fría por lo caliente de la piel, el olor a pescaíto frito, la avioneta que pasa por enésima vez anunciando la discoteca de turno, las 500 sombrillas mal clavadas meciéndose con la brisa, joder que sed tengo, mi reino por una cerveza fresquita… Sí… Está bien. Pero poder robarle a noviembre una semana de calor a la orilla del mar: simplemente sublime. Una vez superas el pudor de compartir tus paseos con palomas y jubilados de varias nacionalidades, dejas de necesitar incluso la excusa del café y el libro para, sencillamente, deleitarte con los brillantes destellos del sol sobre la superficie del agua. Ese mismo sol del que en verano no quiero tomar nada y ahora pido tres platos llenos.

Lo mejor, volver a Madrid y encontrarla completamente sucia: literal, no figuradamente. No la han barrido desde que me fui ¡!

11 de noviembre, el día en que, en 1675, Gottfried Leibniz demostró lo evidente: que ‘y = ƒ(x)’; la playa en función del sol, la mierda en función de la huelga, el humor en función del día, las respuestas en función de las preguntas, las respuestas en función de las respuestas. Lunes. Buenos días…