paraguas

11.11.2014

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Nada como alejarte unos días de la ciudad para volver relajada, muerta de sueño… y encontrarte todo hecho unos zorros: los paraguas asesinos han tomado las calles, el frío se ha hecho norma y han montado ya las luces de la Navidad. Que parece que en lugar de tres días me he fugado tres semanas!!

 

El caso es que mi lado racional comprende que la instalación de tantas decoraciones festivas lleva su tiempo y la antelación es necesaria, pero contemplar cada mañana el esqueleto mudo y oscuro de una ristra de lámparas, me da cierta tristeza. Como si tanto cable desnudo y tanta bombilla apagada que penden sobre nuestras cabezas fuera una ilusión trasnochada. Como una anciana solitaria tejiendo patucos o un manco que intentara rascarse a dos manos la barba.

 

Pero lo de las luces al fin y al cabo no es nada comparado con lo de los paraguas: eso sí que es la amenaza fantasma!! No sabes por dónde vienen ni porqué te atacan, pero hasta en el interior de los soportales o bajo las paradas del bus pueden esconderse sus varillas asesinas siempre dispuestas a sacarte un ojo, tirarte del pelo o arañarte la espalda. Joder, que no temo a cucarachas, avispas ni ratas y me dan miedo los puñeteros paraguas!!

 

En fin… vaya inicio de semana; lunes o martes o lo que toque; que el calendario dice una cosa y a mi los párpados me pesan como otra. Sea como sea, que las luces (y las sombras), las afrentas y los estoques no nos quiten los buenos días…

10.09.2014

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Ya sé que algunos perros les tienen pánico y que los animales no son inmunes a la desorientación que a veces produce, pero nunca había visto que una tormenta pusiera tonto a tanto bicho como la de hace unas semanas. Estábamos campeando por tierras del Cid y nos pilló un tormentón -más o menos similar a la que cayó por tantos otros lugares- que, curiosamente, dejó a la fauna local con un tornillo suelto.

 

No es sólo haber matado a un pájaro -no acostumbro, pero a veces sucede- que se empeñó en meterse entre mis bajos (los del coche), es que tuve que esquivar otros pocos que intentaban estrellarse; amén de un perro, que tenía una vena suicida o quería ligar con mi rueda derecha (la del coche) o  detectó el olor a pájaro muerto,  yo que sé.

 

Pero lo más grande no es la enajenación mental transitoria de algunos animales, lo grave es la pedrada que tenemos los de nuestra propia especie, al menos los madrileños, que también nos volvemos locos cuando llueve: el tráfico lleva dos días imposible y empiezo a plantearme seriamente salir a la calle con armadura completa para protegerme; no de la lluvia, que moja pero no duele, si no de los que usan los paraguas como lanzas cada vez que pueden!!

 

Por favor, señores usuarios de esas peligrosas armas llamadas paraguas, los que no los usamos también tenemos derecho a caminar por la acera, cruzar los pasos de cebra y entrar en los portales; no intenten extirparnos un ojo con las varillas al menor descuido ni sacudir sus paraguas mojados sobre nuestros abrigos y así, todos tan amigos!!

 

Viernes como el huevo: pasado por agua. Buenos días y que disfrutéis del finde!

19.12.2013

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Odio mi pelo cuando llueve.

Lo que en condiciones normales es un conjunto más o menos armónico de rizos color castaño con un brillo aceptable se transforma, con la humedad, en una maraña de hojarasca seca, revuelta y electrizada en la que parecen haber anidado un par de avutardas… Desesperante e inevitable por más fris-fris (anti frizz) con que me embadurne ¡!

Debo tenerlo tan interiorizado que, cuando me pongo a dibujar distraída mientras hablo por teléfono, siempre pinto mujeres con cosas que le salen de la cabeza: una suerte de sombreros imposibles que ni en Ascot; gorros en forma de barco de los que sale una botella con un tapón de enredadera entre la que se esconde una casa… Cosas así.

Desgraciadamente el día que se repartieron los dones a mi no me tocó el del dibujo -ni tantos otros que hubiera querido- así es que mis diseños fabulosos en papel en sucio  terminan en la papelera (la de reciclar, claro) intentando que su fantasía no se ahogue entre trizas de impuestos y balances…  Nada. Siempre pierden. Así es que odio mi pelo cuando llueve y hoy, llueve.

Jueves. Esta mañana me he encontrado en la parada del bus con la mujer de Ted Mosby (o con la que le ha robado el paraguas, no sé). Buenos días…