pecar

16.03.2015

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Los domingos son ese día del fin de semana que uno no peca de lujuria ni de gula (bueno, de gula sí algunas veces) ni se peca de pereza como otros días laborables; son del días de pecar de inocente… Uno sale tempranito y se cree, inocentemente, que -mientras la luz acompañe- no hay peligro de perder el temple. Es más, aún se cree -cuando las farolas se encienden- que todavía puede plantarse en casa indemne…

Zasca! Ahí está el pecar de inocente. Porque, en realidad, salir los domingos de día es lo mismito que los sábados de noche con el agravante de que a la vuelta del despertador lo que aparece es el lunes y el volver a rendir como un ciudadano decente.

Aún así -como la inocencia es conmovedora cuando eres infante y rejuvenecedora cuando ya no lo eres- me encanta salir los domingos. Dominguear. Pasar la mañana recorriendo callejas a la caza y captura de ese bar donde el pincho va más allá de una patata frita o una aceituna y la tarde (en espera de que vuelva el tiempo de terrazas), buscando ese otro bar en el que la música te levante el ánimo y la sonrisa. Aunque tantas veces terminemos como Las Grecas, dándolo todo por Raphael o Rafaella. Que cualquier domingo de los que te estoy amando locamente, no sé cómo te voy a decir que puede ser mi gran noche; porque sin duda, es fantástica fantástica esta fiesta!!

Lastima que sea lunes ya. Buenos días!

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13.09.2013

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Parece que hoy me he pedido el comodín del viernes 13… es que llevo todo el día pendiente de no ir la primera, ni la última, ni quedarme sola, ni caminar aterrada hacia la oscuridad, ni ser una adolescente imprudente pasto del colega de la motosierra. Quizá debería haber recordado que de adolescente ya no puedo pecar ¡!

Puedo pecar de todo lo demás.

Feliz fin de viernes, fin de semana y buenas noches…