pelo

28.07.2015

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Definitivamente el calor da otra cadencia a las cosas. Impone su propio ritmo que más que lento es lánguido y espeso. La realidad se tiñe con una pátina de ficción en la que parece que todo vale, que todo da igual, que nada es del todo verdad.

Y así, mientras una gota de sudor recorre despacio tu espalda, te desperezas pensando -vaya usted a saber por qué- en cerezas. Te tocas por enésima vez la melena con la palma de la mano abierta pretendiendo que el rizo rebelde se quede detrás de la oreja. Pero tampoco es cosa de ponerse seria, que necesitas -para abanicarte- esa misma mano abierta; más por gusto al gesto que por eficiencia; porque el aire, por más manotazos que le des, ni se mueve ni refresca.

Al menos a mí, porque a la señora de etnia gitana que llevo enfrente le está dando buena ventolera; también es verdad que mueve a 1000 giros por minuto la muñeca. En cuanto pueda me pongo a su vera. Así me aparto del tipo que tengo al lado, que me tiene contenta: su atuendo playero con tripa cervecera no me molesta, pero es que el colega se ha descalzado y me ha plantado sus pinreles a tiro de piedra de mis narices, con unas pedazo de uñas largas y negras que parece que lleva un criadero de mejillones al final de cada pierna. Y para colmo se está hurgando entre ellas ¡! Era preferible cuando sólo se tocaba con sutileza el paquete…  Pa qué, pa qué me meteré yo en estos berenjenales. Que lo cuento por whatsapp y no me creen! Como que no? Allá voy, a por pruebas documentales. Hombre! Y las consigo y las adjunto. Ahí las tenéis. Para eso estamos.
pies descalzos cercanías

Para eso y para llevarnos disgustos, que una cosa es que con la caló relajemos los protocolos y otra cosa que no cuidemos las maneras en lo más mínimo. Que sudar, señores, sudamos todos, pero no con el mismo estilo. He dicho.

Martes. Buenos (y educados) días!

12.03.2014

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Reconozco en mí misma algunas aversiones que, aunque quizá sean algo infantiles, tienen su explicación, verbigracia, la de ir al dentista. Me da miedo. Pero es normal, porque sabes de antemano que un trance agradable no es (será, en el mejor de los casos, neutral). También entran en ese grupo consultar el extracto del banco cuando le has dado cera a la tarjeta, tirar una cebolla que se te ha puesto mala en la nevera, cocer una coliflor, cantarle a la vecina cotilla las merecidas cuarenta… Esas cosas.

Lo que no logro explicarme es la manía que le he cogido a ir a la peluquería. No es que esa actividad me haya gustado nunca, es verdad; pero tampoco puedo alegar que el contacto de la tijera con el pelo me duela. Y, sin embargo, no voy. Aún teniendo una enfrente de casa. Creo que la última vez que fui se llevaban los pantalones campana…

Necesito un corte de pelo más que el rey una muleta, tengo las puntas abiertas aunque me embadurne de crema y las capas ya no son tales, hace mucho que son greñas; cada vez que me desenredo rompo un peine y el otro día un chaval me pidió un autógrafo pensando que era el guitarrista de Metálica… Pensaba esperarme a que pasara la Semana Santa porque mi look a lo ‘Cristo en la cruz’ es apropiado para esas fechas, pero como sigo sin encontrar las bolsitas de lavar, sospecho que puedan estar escondidas entre los rizos de mi cogote, así es que cualquier día de estos iré a que me desbrocen. Ya veréis como aparece en las noticias que la selva amazónica se reduce ¡!

Miércoles. ¿Será hoy? Hoy no. Mañana será otro día; o pasado… Buenos días!

19.12.2013

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Odio mi pelo cuando llueve.

Lo que en condiciones normales es un conjunto más o menos armónico de rizos color castaño con un brillo aceptable se transforma, con la humedad, en una maraña de hojarasca seca, revuelta y electrizada en la que parecen haber anidado un par de avutardas… Desesperante e inevitable por más fris-fris (anti frizz) con que me embadurne ¡!

Debo tenerlo tan interiorizado que, cuando me pongo a dibujar distraída mientras hablo por teléfono, siempre pinto mujeres con cosas que le salen de la cabeza: una suerte de sombreros imposibles que ni en Ascot; gorros en forma de barco de los que sale una botella con un tapón de enredadera entre la que se esconde una casa… Cosas así.

Desgraciadamente el día que se repartieron los dones a mi no me tocó el del dibujo -ni tantos otros que hubiera querido- así es que mis diseños fabulosos en papel en sucio  terminan en la papelera (la de reciclar, claro) intentando que su fantasía no se ahogue entre trizas de impuestos y balances…  Nada. Siempre pierden. Así es que odio mi pelo cuando llueve y hoy, llueve.

Jueves. Esta mañana me he encontrado en la parada del bus con la mujer de Ted Mosby (o con la que le ha robado el paraguas, no sé). Buenos días…

07.03.2013

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Pues resulta que hoy, además de Santa Perpetua, es Santa Felicidad ¡Qué feliz coincidencia! y una -que será tonta, pero sabe sumar- ha salido de casa con la sonrisa bobalicona en la cara dispuesta a disfrutar del día más gozoso del calendario… Pero va transcurriendo la mañana y lo que a primera hora era una lluvia ligera que sólo mojaba lo suficiente para destrozar el pelo que me alisó la peluquera ayer, se va tornando en lluvia persistente que deja el día cada vez más gris y menos día, mira tú qué alegría. Casi tan grande como la que se debió llevar el pobre Antonio Meucci un 7 de marzo como hoy en 1876 cuando Alexander Graham Bell patentó su invento: el teléfono. El desdichado florentino fue víctima de innumerables zancadillas y malas artes vergonzosas que le llevaron a recurrir a los juzgados, pero hasta el año 2002 no se reconoció al auténtico padre de ese aparatejo que tanto nos ha cambiado la vida… De poco sirven los homenajes si ESTÁS criando malvas, pero aún así hoy va el mío para Meucci: hoy no usaré el ‘teléfono’ si no el ‘teletrófono’.

Jueves, la semana se va acercando a su feliz fin, porque nada hay perpetuo. Casi nada; tal vez sólo las intenciones… Que seáis perpetuamente felices con vuestros teletrófonos… o sin ellos. Buenos días!!!