perroflauta

21.05.2014

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Reconozco que con mis hermanas no soy nada objetiva. Para mí son las más guapas, las más listas y las que lo hacen todo mejor… Bueno, o eso creía yo hasta que el otro día oí a la mayor tocando la flauta… Madre-del-amor-hermoso!! Se nota que mi padre nunca ha querido perros en casa: la niña perroflauta no es.

Menos mal que parece que el angelito puede ser competente en otros campos, porque desde luego con la flauta, no saca ni para pipas ¡! Tenía que aprenderse para el cole la melodía de Titanic y, aunque empezaba bien, al llegar al Do, el instrumento chirriaba de tal manera que saltarían voluntariamente al helado océano la mitad de los pasajeros. Ya le he explicado, con el tacto que me caracteriza, que si seguía por ese camino no habría trasatlántico que se le resistiese, que haga el favor de practicar en casa de su peor enemigo y que en su vida se le ocurra aparecer por Hamelin, que la curten.

Y es que por más que las pasiones nos embarguen y nos nublen la vista cuando nos tocan lo nuestro, a veces es bueno hacer un ejercicio de objetividad. Es casi obligatorio en estos días que los equipos de fútbol y los partidos políticos copan la cartelera; para no perder de vista el refranero y ser capaces de ver vigas en lo propio amén de pajas en lo ajeno.

 

Y hasta ahí voy a llegar, que yo también sé de lo que peco y en pajas y vigas no quiero entrar ¡bastante mojada he llegado a la oficina hoy ya! Es miércoles (X), qué le vamos a hacer. Buenos días…