personalidad

27.03.2014

Posted on Actualizado enn

De la inmensa variedad de lechugas que pueblan desde hace unos años nuestras fruterías yo las simplifico agrupándolas en tan solo dos: las que me gustan y las que no. No me gustan esas lechugas perfectamente redondas de hojas tiesas y blancuzcas que no se mojan ni debajo del agua, parecen de plástico y, para colmo, hundieron el Titanic. Me gustan todas las demás.

Bueno, pues tengo la desgracia de que las que no son de mi agrado son las más baratas y las únicas que no se estropean, las que puedo dejar más de dos días en la nevera y sigue pareciendo que acaban de salir de fábrica. Digo bien: no del huerto, si no de la fábrica. Como bien suponéis, con las personas me sucede algo similar; las que parecen recién salidas de una planta de producción en serie me tiran para atrás. Igual me da que sean progres de acaramelados e hipócritas ideales, que conservadores recalcitrantes que apestan a naftalina. Me da la impresión de que a todos les han cercenado el mismo núcleo neuronal. Lo mismo me pasa con otros estereotipos: chonis, pijos, intelectuales… todos esos que se ponen la personalidad como si fuera una chaqueta de Zara, cortada por un mismo patrón, me parecen gente de poco fiar. Así es que no me hagan más ofertas, por favor. Esas lechugas no las pienso comprar. Las representaciones en los escenarios, que para algo celebramos hoy el Día Internacional del Teatro.

Jueves y en estado de buena esperanza: esperando el viernes. Buenos días!