piernas

13.07.2015

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Algunas veces derrapo en mi propia libido que se desata, se descontrola e incluso se derrama en los bajos fondos de mis nocturnidades. Aunque la noche no sea imprescindible en tales hazañas. Es la imaginación y no la hora del día la que peca de procacidad. Siempre he pensado que el mejor cine porno se proyecta dentro de la cabeza. Y es porque la mente -además del metro de Madrid- vuela. Y es capaz de volar a bajo coste, además; despega con una mirada un tanto pícara o un ligero roce de pieles que puede ser inocente.. O no. Y es de ese “o no” de dónde el sexo se cuelga. Se cuelga, se columpia y se balancea. Como un pulso que se hace impulso naciendo de una sutileza y que comienza a crecer detrás de las cejas para acabar retumbando entre las piernas. Como una tormenta. Una tormenta eléctrica que maximiza los receptores nerviosos de tus extremidades, de tal forma que percibes con claridad meridiana el abismo de tres milímetros que os separa. Dos brazos o dos piernas que, en una curva un poco más fuerte, se rozan ligeramente de forma tan poco inocente…

Pero Despeñaperros ya no es lo que era; las curvas son más suaves y cuando abres los ojos por completo y te detienes a observar con atención al objeto de tu deseo te das cuenta de que es precisamente eso: un jarrón, como cualquier otro, incluso tirando a feo. En el que tienes clarísimo además que no quieres poner tus flores. Y que lo que te ha dejado sudando desde fuera hacia dentro no era la compañía si no el propio juego.

Un curioso efecto. Pero es que a los que tenemos tendencias ludópatas nos pasa de vez en cuando eso…

Lunes. La semana comienza. ¿Echamos los dados? Buenos días!!

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07.05.2015

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Tenemos en la casa del pueblo de mi madre, en lo que allí se llama ‘corral’ y en el resto de la geografía patria se conoce como ‘patio’, unos arreates (arriates según la RAE, que yo creo que esta vez se equivoca) que acostumbran a criar por sí solos unas malas hierbas que cumplen al dedillo el refrán: no mueren jamás; al contrario, disfrutan de una salud y una frondosidad que ya la quisiera el ecosistema tropical de la estación de Atocha.

Lo malo de esta mala hierba es que, estéticamente, no funciona. Se ve enmarañada y desparramada y, lo peor, no cumple ninguna de las labores de las que considero imprescindibles para las plantas del hogar: ni huelen bien, ni se pueden usar para cocinar. Expuestos los cargos estaba clara su condena: había que arrancarlas y preparar la tierra para plantar en su lugar albahaca, cebollino, lavanda… integrantes todos ellos del reino vegetal conocidos por su resistencia y utilidad. Así es que me puse a ello el otro día, aprovechando la estancia y la temperatura primaveral.

Ya fue dura la extracción de los hierbajos (que parecían adheridos con loctite al cemento y a la tierra), pero la traca fue zachar la tierra para la siembra… Aquí es cuando descubrí -rastrillo en mano- un mundo bajo la superficie que apenas atisbamos: no sólo gusanos y lombrices (que no hacen ningún daño), si no unos extraños bulbos ocultos que bien podrían ser nidos de intraterrestres fantásticos cuyas raíces se remontan al propio centro de la tierra ¡!

Yo no sé qué eran (desde luego ni nabos ni patatas). Sólo sé que sacarlos fue toda una batalla que gané a medias: quité muchos y mutilé los que no pude quitar, pero sospecho que –escondidos y al acecho- anidan muchos más… que de momento ahí se van a quedar porque en nuestro ejército todo fueron bajas: mi madre se destrozó las manos zurrándole a los rosales y yo me gané una contractura que aún me dura en el bíceps femoral (que hasta ese momento no sabía cómo se llamaba) amén de un tembleque de piernas por pájara profunda en el uso de la azada…

 

Para mí que los urbanitas somos unos flojeras de solemnidad y así ni huerto ni ná de ná. Mientras valgamos y vivamos para contarlo, no está tan mal. Jueves. Buenos días!!

 

04.05.2015

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Por más que queramos defender el individualismo, hay situaciones en las que acabas siendo una oveja más en el rebaño. No hablo ya de cómo nos pastorean los medios ni los gobiernos, que eso es otra mandanga; me refiero a que llega un puente, por ejemplo, y salimos todos danzando cual corderos.

 

Me he dado cuenta en estos tres días robados de mayo, quizás porque hacía mucho que no veía tanto jaleo…

 

Yo me cogí mi autobús a Málaga tan contenta y resulta que a 150 personas más se les había ocurrido tan feliz idea exactamente el mismo día y a la misma hora… Pues nada, tres autobuses para allá.

 

Ahora llega el momento de parar.

Área de servicio gigante en medio de la nada de las que, en los días de viento, sólo pasan por allí esas bolas rodantes del desierto (estepicursores, se llaman).

De repente, recién orillados de la carretera, una flota de seis autobuses que desembarca como si aquello fuera Normandía un seis de junio del 44 (pero sin bombas, vaya).

Allá vamos, 288 vejigas orinándose a la vez, 253 muertos de sed, 75 gilipollas bloqueando cada una de las puertas… Y mira que el área de descanso es grande y cuenta con tecnología punta: autoservicio con boles de fruta ya pelada, agua Evian de 750 ml y huesitos a 3,50€ (será por precio), amén de cualquier forma de ocio imaginable que pueda conectarse a la red eléctrica, ya sean tragaperras, sillones de masaje, medidores de índice de masa corporal (lo que antes eran básculas) y otras cuyo uso no comprendo.

Aún así todo está a reventar, la manada desperdigada viene y va. Increíblemente hay gente incluso paseando, cosa que suelo hacer yo sola porque lo común es que haya una multitud que no tenga claro el concepto de ‘estirar las piernas’ (los que salen del bus y se sientan).

Gente en las cajas, en las sillas de dentro, en las de fuera, en los pasillos. Gente debajo de las puñeteras piedras.

 

Y yo arrugando el ceño toda digna porque esto de ser ganado me repugna… Seré ovejita como los demás, pero al menos me doy cuenta de que el hacinamiento huele mal.

Lunes. Buenos días!

23.03.2015

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Tengo las piernas claustrofóbicas.

 

Os parecerá extraño puesto que en invierno acostumbro a llevarlas enfundadas en medias o pantalones sin mayor remilgo, pero es rigurosamente cierto. Cuando tienen asignado un hueco específico -como en un autobús o una grada- se angustian y necesitan salir a respirar (léase andar, patalear… moverse, vaya). También les pasa en espacios más abiertos cuando detectan el relax; el relax también les angustia. Mira tú qué gracia.

 

He leído por ahí que son síntomas de no sé qué síndrome de piernas inquietas, aunque yo siempre lo he llamado ‘nervios en las piernas’. Ni idea, pero puestos a otorgar atributos a mis extremidades inferiores pienso que la claustrofobia define mejor la sensación que se apodera a veces de ellas. Una especie de encierro sin paredes que me recorre cual espasmos desde la cadera al tobillo, hasta que las zarandeo o salto o pataleo y me alivio. Lo sé: es raro.

 

Por eso nunca he comprendido por qué hay sillas en las cafeterías de las áreas de servicio. Quizá son para ciclistas, que esos ya las traen bien movidas; o para los que no cazan asiento en los buses urbanos (como el 32, que se llena de ancianos y a menos que seas mayor de 75 o estés de 9 meses te toca ir espachurrada y de pie), aunque no recuerdo que esos autobuses hicieran paradas de descanso en las gasolineras…

 

En fin, que me despisto. Qué quizá si no compraran sillas, taburetes y hasta bancos de exterior podrían cobrar el medio litro de agua algo más barato, no? Porque cada vez que suelto más de dos euros porque de sed muero se me inquietan no sólo las piernas si no hasta los brazos… Lo justito para tener que aliviarlos a puñetazos!!

 

Lunes gris de lluvia y sueño, pero… Buenos días!!

06.05.2014

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¿Vosotros queréis conocer al detalle la vida sentimental de la chica que me hace la depilación láser? Bueno, pues yo tampoco pero, después de hora y cuarto escuchándola me la sé mejor que la mía; me la sé con pelos y señales. Literalmente. Pelos los que me iba chamuscando y señales las que me dibuja con un lápiz, que me deja las piernas como el mapa de las Seychelles. Pero digo yo ¿esto no es el mundo al revés? Porque la que estaba tumbada en la camilla era yo!! La que larga, normalmente, es la clienta!! No?

Pues nada, la muchacha venga a contarme. Y con todo lujo de detalles: que si ese día me dijo que le dejara espacio, que si me volví a liar con él, que si se me acercó por detrás, que si me encontré una camisa de mujer en su piso… y claro, yo no podía perder el hilo, primero porque me hacía preguntas y después porque cuando estás sin bragas ni pantalones delante de una mujer que porta un rayo láser, no es cuestión de hacerla enfadar, que en cuánto me despistaba del relato disparaba sin compasión, en modo metralleta.

Y por más que la jurisprudencia y la razón dicten que estando con el culo en pompa hay cosas de las que es mejor no hablar; es más, que llegados a esa postura cualquier conversación huelga, así me vi yo ayer: en una estampa ni favorecedora ni respetable, aullando de dolor y obligada a dar consejos amorosos a una desconocida a punta de pistola (láser). Para luego despedirme sin darme ni las gracias, que la siguiente víctima esperaba ¿les contará su vida a todas, o sólo las de los cupones de oferta somos las agraciadas?

Que queréis que os diga: ya puede ser la depilación definitiva porque esto, con la cera, no pasaba! Martes. Buenos días!!

18.10.2013

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Desconozco si hay algún estudio (de esos subvencionados con el dinero que nos sobra) sobre el tema pero yo lo tengo claro: la generación espontánea de buenas ideas está directamente relacionada con la circulación sanguínea de las extremidades inferiores. A que sí?!?

La demostración empírica es evidente: estoy sentada en la mesa de la oficina con un problema que parece irresoluble entre manos, me levanto para ir al baño o hacerme el café y ¡chas! llega la inspiración; esa idea que lo arregla todo pero que cuando estaba sentada en mi sitio no veía. Luego está claro: en posición sedente la sangre no me circula libremente por las piernas, de tal manera que me riega el cerebro con la misma intensidad y, por tanto, no pienso con claridad! Además creo que, en general, la mente trabaja mejor cuando el cuerpo se mueve. Quizá porque aumenta el desfile de estímulos visuales (lo que también explicaría el efecto enriquecedor de las ventanillas de los trenes) o por lo de antes: la corriente sanguínea se hace más veloz; no lo se, pero sucede. Al menos a mí…

Y a los canadienses también les pasa; les pasó, de hecho, un 18 de octubre de 1929 cuando una ley declaró que las mujeres son personas ¡! Wau. Clarísima muestra de idea brillante, desde luego. A ver cuantas nos trae el fin de semana. Viernes santo y bendito. Buenos días!!

17.07.2013

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Pero qué les pasa a los tíos que no pueden cerrar las piernas? Qué es lo que tienen en medio para tener que sentarse tan espatarrados? Es una cuestión de envergadura, de estar escocido o de no saber elegir la talla del pantalón? Que ya sé que pedirle a un tío que junte las rodillas está al mismo nivel de dificultad que lamerse un codo, pero es que dejan una distancia tal entre una y otra que puede pasar el tajo por debajo!!

Siempre he pensado que eran tipos que la tenían muy cortita (la educación, digo), pero es que me encuentro a tantos en el metro, que he empezado a preocuparme; a ver si va a ser un problema médico y yo venga a darles rodillazos!!

El caso es que entre esa invasión del espacio del asiento de al lado y que ahora en verano suelen ir en calzonas con su vello corporal haciéndome cosquillas al mínimo traqueteo del vagón, he acabado por hacer lo que nunca hubiera pensado: ¡huir de los hombres!

Menos mal que las sondas espaciales son menos delicadas, porque si no, no estaríamos celebrando hoy que hace 38 años que un Apolo estadounidense se unió a una nave espacial soviética Soyuz convirtiéndose en la primera unión cósmica de las dos naciones… Tierno, no? Pues cerrad las piernas!!

Miércoles. Buenos días.