porra

31.07.15

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Por un error fugaz en mi visión periférica el otro día, leí en una camiseta una ‘p’ donde ponía una ‘b’ y, gracias a eso, he tenido una idea genial. Allá va:

“Porrón y cuenta nueva”

Me encanta!! Pero ahora no sé muy bien qué hacer con ella…

He pensado que podría hacer un diseño chulo para unas camisetas, venderlas como churros y forrarme. Pero luego he visto que la idea era demasiado simplista y la frase daba para más juego, así es que he buscado más aplicaciones y podría ser  -por alusiones- el nombre de una franquicia de establecimientos especializados en el noble arte de saciar la sed; pero servido todo -evidentemente- en porrones: porrón de tinto de verano, de ron con limón, de whisky-cola…  todo iba bien hasta que he llegado al porrón de mojito y se me ha atascado, que la hierbabuena no se entiende bien con los orificios estrechos. Total, que viendo estos inconvenientes y que la idea tampoco era tan tan original, he vuelto a darle a la máquina de pensar y creo que ya lo tengo: voy a hacer una línea de productos eróticos a pilas! Un consolador, vaya; pero uno tirando a XXL claro. Porque si es porrón, es porrón (lo que es una buena porra). Y si la cosa cuaja, el propio merchandising me puede llevar a las camisetas y los garitos, no?

Pero me doy cuenta de que al final sólo he empleado mi buena idea en las banalidades más típicas: moda, alcohol y sexo, que muchas veces terminan por ser incluso lo mismo. Y eso no puede ser. Porque ‘porrón y cuenta nueva’ se merece más que una marca comercial o un dominio Web. Se merecería que, por una vez, me dejase llevar de veras por ese arrebato que anida al fondo de mi mente consciente, por esa vida subyacente que sólo aparece -por error- en una esquina de mi campo de visión.

Y así, sí que porrón. Porrón pompero. Pero… Pero… en cuanto salgo del ensueño, el mundo vuelve a ser el sitio donde los porrones se escriben con b y las cuentas nuevas sólo existen si una salda las anteriores.

Al menos es viernes y agosto ya viene. Buenos días!!

porrón y cuenta nueva

12.06.2014

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Es tradición pública, notoria y reconocida en mi familia que, a poco que comienza la temporada estival, comienza la producción e ingesta masiva de sopas frías de tomate; bien en la más popular forma de gazpacho, bien en forma de porra antequerana (lo que la mayoría conocéis como salmorejo). Igual me da; los dos me encantan y constituyen el primer plato perfecto de todas mis comidas veraniegas.

El primero del año siempre me sabe a campanada de salida de lo mejor de esta temporada: a terraceo, a mar, a amigos, a días largos, atardeceres lentos, a viajes, a poca ropa, a deseo. El primero de este año, en concreto, me ha sabido a todo eso y, además… a madera. A madera sí; cual si fuera un Rioja criado en barrica de roble. No. No es una metáfora ni que hayamos patentado un nuevo sistema de maceración del tomate… Ha sido cortesía de mi madre (el hada que, cuando aparece, rellena los tupper), que le ha añadido a la porra un ingrediente secreto: cuchara. Tuvo la peregrina idea de meterla en el thermomix mientras estaba funcionando (a saber con qué propósito, porque si era para removerlo digo yo que las cuchillas a toda leche ya harán algo); de tal forma que de la cuchara de palo que entró, sólo el palo salió. Y qué queréis que os diga, mezcladas con el tomate, el ajo y el sabor a sol, las astillas no están tan mal.

Lo malo del cuento es la moraleja refranera: madera que no mata.. ¿flota? Pues eso, otro verano flotando. Jueves. Buenos días!