precio

29.04.2015

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Lo bueno de compartir un pasado histórico y cultural común con los miembros de tu generación (entendiendo aquí que generación implica un amplio abanico de edades que distan tranquilamente hasta 20 años entre sí) es que así es muy fácil entenderse los chistes y poner en común los recuerdos.

 

Todos tenemos en la memoria las mismas imágenes en tonos anaranjados, los mismos programas de la tele, los mismos juegos y juguetes; incluso idéntico orgullo de pertenecer a ese grupo. Por eso, aunque no soy de las que se deja arrastrar con facilidad por los cantos de sirena de la nostalgia, de vez en cuando acabo con una sonrisa bobalicona hablando de pequeñas tonterías del pasado.

 

Para ser más exactos y por lo que he derivado en esta reflexión ha sido por los helados… El otro día nos batimos en duelo Mati y yo a cuenta cada una de su bando: ella era de Frigodedo y yo de Frigopie. Ella insistía en que, aunque el suyo era de hielo, no era hielo del que muerdes y te da un escalofrío en los dientes, si no que tenía una película cremosa por fuera. Yo le digo que es imposible, que eso no se inventó hasta los Fantasmikos… Afortunadamente, no llegó el polo al río porque llegamos a un Entente Cordiale vía Twister de nata y chocolate, que nos gustaba a todo el mundo ¿cómo pudieron dejar de fabricarlo?

 

El caso es que a cuenta de la conversación, buscamos un cartel de los helados de aquellos años, antes de que se inventaran los Mágnum y casi terminamos las dos llorando no ya por los recuerdos, si no viendo los precios que pagábamos… y es que no hay nada para hacerte sentir mayor como la puñetera inflación ¿o lleváis encima 70 pesetas para comprar un Superchoc?

 

En fin… Retocaremos digitalmente la imagen para quitarle el sepia, que la vida -y los precios- siguen su rumbo… Miércoles. Buenos días!!

Cartel Frigo helados antiguo

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23.03.2015

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Tengo las piernas claustrofóbicas.

 

Os parecerá extraño puesto que en invierno acostumbro a llevarlas enfundadas en medias o pantalones sin mayor remilgo, pero es rigurosamente cierto. Cuando tienen asignado un hueco específico -como en un autobús o una grada- se angustian y necesitan salir a respirar (léase andar, patalear… moverse, vaya). También les pasa en espacios más abiertos cuando detectan el relax; el relax también les angustia. Mira tú qué gracia.

 

He leído por ahí que son síntomas de no sé qué síndrome de piernas inquietas, aunque yo siempre lo he llamado ‘nervios en las piernas’. Ni idea, pero puestos a otorgar atributos a mis extremidades inferiores pienso que la claustrofobia define mejor la sensación que se apodera a veces de ellas. Una especie de encierro sin paredes que me recorre cual espasmos desde la cadera al tobillo, hasta que las zarandeo o salto o pataleo y me alivio. Lo sé: es raro.

 

Por eso nunca he comprendido por qué hay sillas en las cafeterías de las áreas de servicio. Quizá son para ciclistas, que esos ya las traen bien movidas; o para los que no cazan asiento en los buses urbanos (como el 32, que se llena de ancianos y a menos que seas mayor de 75 o estés de 9 meses te toca ir espachurrada y de pie), aunque no recuerdo que esos autobuses hicieran paradas de descanso en las gasolineras…

 

En fin, que me despisto. Qué quizá si no compraran sillas, taburetes y hasta bancos de exterior podrían cobrar el medio litro de agua algo más barato, no? Porque cada vez que suelto más de dos euros porque de sed muero se me inquietan no sólo las piernas si no hasta los brazos… Lo justito para tener que aliviarlos a puñetazos!!

 

Lunes gris de lluvia y sueño, pero… Buenos días!!

03.12.2014

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Yo creo que la culpa va a ser de Miguel Bosé. Tanto machacar con aquello de que ‘nadie como tú me sabe hacer café’, que nos hemos acabado creyendo la versión de Nestlé: que para hacer un delicioso café hay que meterlo en una cápsula de aluminio antes. ¿Cómo dice usted?

 

Estoy hasta los granos del susodicho del cambio que han experimentado nuestras cafeteras en los últimos años, que han dejado la discusión entre la italiana y la de goteo a la altura del betún. Ahora la gente quiere cafeteras dolce-ness-nosequé que no funcionan con los granos ni con la molienda, si no con la jodienda de unas capsulitas de colorines.

 

Hasta ahí, en principio, solo cabe una oposición medioambiental por el aumento del embalaje; pero cuando te paras a echar cuentas, se te caen los palos del sombrajo… Con una sencilla regla de tres comprobareis que, por el sibilino método de encapsular el café, el precio de éste asciende hasta los -aproximadamente- 50€/kilo, ocho veces más de los 6 ó 7 que pago yo por él (por exactamente el mismo café) ¡!

 

Que a lo mejor después de tanto divagar con las profesiones la semana pasada no encontré la más rentable: rellenadora de cápsulas de café! Si la gente está dispuesta a pagarlo a precio de bogavante, no veo por qué no puedo yo aprovecharme también!! De hecho, estoy a ver si convenzo a Mati -usuaria poco alegre de esas estafas con forma de cafetera- de que vuelva a sistemas más tradicionales y, con lo que se ahorre nos vamos de vacaciones a Colombia a ver si informamos de esto a Juan Valdez!!

 

Miércoles. Buenos días!

19.11.2014

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El otro día volví a hacerlo: me fui de excursión (urbana). Esta vez no se trataba de ir en busca de gangas allá donde sopla el viento frío de la despoblación si no que me interné en lo más hondo de Madrid en busca del mejor Cous-Cous que se pueda comer a este lado del estrecho.

Para llegar a él, como en los cuentos, el hada nadadora madrina me encomendó tres pruebas: “recorrerás el camino del monte hasta que no reconozcas ni tu propio nombre, subirás el puerto indicado sin haberte asustado y finalmente pagarás lo convenido (que es un precio bastante reducido)”.

Bromas aparte, no deja de sorprenderme descubrir zonas en mi propia ciudad en las que me siento tan ajena y ésta de los montes vallecanos lo es. Ni me da miedo ni me asombra: las calles son calles y los palotes de hierro con bombillas son farolas, como en cualquier otra parte; pero algunas miradas sí que saben ser excluyentes; y unas cuantas de esas me encontré.

Igual me da. El contraste de las vistas a un lado y otro de la M30 me parece de una belleza singular y como paladín de la buena comida a buen precio no hay río metafórico que no esté dispuesta a cruzar. Además, el aire de pueblo y el comercio colorista siempre me han encandilado, así no es fácil echarme para atrás. Pero… ya vale de mirar.

Miércoles. Qué deprisa. Buenos días!

16.07.2014

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Será por los avances, por el precio del dólar o por la presión asiática, pero me da la impresión de que, últimamente, el precio de la tecnología ha vuelto a dar un salto hacia abajo, no? Tengo un catálogo del hiper de turno entre las manos y los televisores, por ejemplo, están tirados. EBook, tablets y dispositivos de memoria igual, muy buenas rebajas.

 

Pero amigo, esto no significa que la pasta que te ahorras te la vayas a quedar… de eso nada! Ahora, cada cacharrito que te compras lo tienes que complementar: fundas, cables, soportes, altavoces, cargadores de mesa, de coche, bases de carga, pinchos, tarjetas, gafas 3d, guantes ‘touch’, batería externa, interna, a medio internalizar, extensión de garantía y hasta apartamento en la playa. Toma ya! Más gadgets que el inspector que los inventó. Ahora cambiar de móvil es lo de menos; tiene un coste X y ya está. Pero con los 10 de esto, 30 de lo otro y 15 de lo de más allá, incrementamos gradualmente el precio y, encima, sin protestar.

 

Nos engañan como a chinos (aunque esos no se suelen dejar engañar) y nosotros dando palmas por lo barato que nos hemos comprado el aparato… Os lo digo de verdad, si la política es el arte de tener entretener al pueblo a nivel gubernamental, imaginaros lo que es la ‘política comercial’ ¡!

 

Miércoles. La X de una semana caliente. Buenos días!!

09.05.2014

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Hay que ver, con lo que me gusta a mí el café y la de cafés malos que me tomo por ahí. Quizá con leche y azúcar logren enmascarar los sabores, como la carne con muchas especias; pero yo que lo tomo solo sin ná de ná, me embuto cada brebaje demoníaco que es para mandar a la horca al que me lo pone; porque sospecho que no está la cosa exclusivamente en la mezcla usada si no en la habilidad del que lo prepara, que algunos consideran que cambiar los polvos en cada tirada es un exceso o que si no se limpia el filtro no pasa nada… Os aseguro que me he tomado alguno que era 90% posos, que si viene una adivina y me los lee, le sale la historia completa de la humanidad.

 

El caso es que en esto de la hostelería, como en otros sectores -lo hablábamos ayer- hay quién vale y quien se mete al estilo Manolete. Y antes, en tiempos de vacas gordas, operaba el ‘ancha es Castilla’, pero desde que la crisis nos trajo cañas a 0,40 euros y el cubo de botellines a tres, el bar de la caña cara y la patata rancia está perdiendo más parroquianos que las próximas elecciones (que ya es). Y por más que levanten ampollas, hay que reconocer que el espíritu de sacrificio de oriente por aquí no se ve: ayer, más allá de la medianoche, cuando ya iban a cerrar el restaurante, nos volvieron a montar la terraza para disfrutar de cuatro gin-tónic y unos cuantos makis a un precio más que competente… Lo malo de tanta oferta viene al día siguiente, cuando amanece en viernes laborable y te levantas al estilo aragonés: con un ‘cuerpo jota’ que no hay café (por bueno que sea) que te lo quite.

 

Vierrrrrrrnes y Santa Europa. Que ustedes lo disfruten!! Buenos días!!!