primavera

11.05.2015

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Llegados a estas fechas en que el buen tiempo no es que esté asegurado pero empieza a darse por sentado, la estación de la primavera da un sutil giro hacia una estación intermedia que podríamos llamar ‘pre verano’.

Para mí, esta época es tan deseada como agobiante y agotadora. Porque en invierno, de lo malo malo, te sale algún fin de semana descargado (de estos que tienes pocos planes y sacas más tiempo para el descanso), pero desde aquí hasta bien finalizado el verano ya no paro. Mi vida se convierte en una sucesión de idas y venidas con días laborables -también liados- en medio.

Esta acumulación de ocio primordialmente viajero, tiene -por supuesto- su cara y su cruz: en el lado bueno que me gusta, lo disfruto y me divierto. En la cara oscura está una cierta sensación de permanente destierro. La maleta no conoce el descanso, los días se pasan a velocidad de vértigo y acabas estando fuera tanto, que no te cunde lo que estás dentro. Además te encuentras amigos que te terminan torciendo el gesto (y lo entiendo) porque intentan quedar contigo y tú eres un cajón lleno de ‘no puedos’…

Pero es que hay tantos sitios en los que me apetece estar, tantas cosas de las que quiero participar, que muchas veces he pedido en la hoguera de los sueños fantásticos dones como la ubicuidad o el teletransporte; aunque éste último no me conviene, que ya sabéis cuanto me gustan los viajes… Me vendría mejor tener alguna mano extra, o una cabeza con más memoria, que hay muchas ocasiones en las que me faltan. Por pedir…

 

Lunes. Buenos días!

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06.03.2015

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Ya llega la primavera

No lo sé porque note mi sangre alterada ni porque los almendros empiecen a pasar del blanco al verde. La señal más evidente -al margen del consabido anticipo que nos hacen los grandes almacenes- es que la alegría viene de la mano de su anagrama: la alergia. Los picores se empiezan a esconder por entre mis cuerdas vocales recordándome que el polen no solo es esa sustancia que hace nacer las flores.

Pero no voy a presumir de cínica, el cambio de estación también me hace vibrar otras cuerdas: antes de ayer sufrí un deseo incontrolable de sacar a pasear al perro. Hasta que me di cuenta de que yo perro no tengo… pero no me dejé arredrar por eso: me armé de chaqueta deportiva, zapatillas, braga polar y miguitas de pan y me bajé al río a pasear, a ver si se me acercaban las palomas y podía poner alguna estofada para cenar (nada; las muy espabiladas se las saben todas y casi me estofan a mi).

El caso es que estas tardes que tengo tiempo -y el tiempo empieza a virar a mejor- he decidido practicar el deporte tradicional de los ancianos -me refiero a pasear, no a mirar obras- porque, la verdad, dejar ir los pies con el rumbo sin acabar de trazar me encanta. Especialmente cuando además puedes llevar música en las orejas, ideas en la cabeza y tienes un salvoconducto vulgarmente conocido como teléfono móvil y otro en forma de abono transporte por si los pies se te van de más.

Sí. La pátina de cinismo se resquebraja cuando sigues encandilada por tu propia ciudad, cuando caminas con paso musical al son de lo que escuchas, cuando levantas la vista para apreciar una balconada y en ese instante encienden la iluminación de la fachada. He de reconocer que la sonrisa que me baila en la cara es de lo más primaveral.

Viernes. Feliz fin de semana. Y buenos días!!

11.06.2014

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En estos días en que el sol ejerce de Dios (aprieta, pero todavía no ahoga), la ciudad se transforma en el peor de mis demonios… El asfalto se me adhiere al carácter, los edificios me pesan en el ánimo y la polución me estropea la cosecha, porque me pone de mala uva.

Lo que el cuerpo me pide es salir. ¡Salir! Agua, verde, monte. Renovarme para no morir. ¡Salir! Nacional X adelante, darle por unos días la patada a Madrid. Quitarme el reloj de la muñeca y las telarañas del horizonte. Escuchar el rumor del agua que fluye, sin tener que cerrar corriendo el grifo. Bañarme de la primavera que todavía nos queda. Alejar la nariz del olor a rutina del metro. Encontrar animales al borde de la vereda, no animales que me empujan en la acera. Acercar mis pasos al camino que quiero seguir.

Que no haya más límite que lo que el día dé de sí, ni más carga en las espaldas que la mochila con un bocata. Cambiar malos humos por buenos tiempos y volver a sentir que el mundo es, exactamente, ese lugar donde me gusta vivir.

24.04.2014

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Siempre había pensado que ese ancestral sistema de predicción meteorológica basado en los dolores corporales era exclusivo de la tercera edad, pero recientemente he descubierto que no es así.

Conozco una persona -no diré el nombre por si es secreto profesional, pero es una que tengo aquí sentada a mi diestra todos los días en la oficina- que es capaz de detectar cambios de temperatura y humedad del aire gracias a su rodilla operada; hasta tal punto que me he llegado a preguntar si la operación fue de menisco o en realidad le instalaron un sensor… La pobre se ha pasado una temporada con dolores y en vez de decírselo a un médico, se lo consulta al meteorólogo. Al final creo que se ha auto-diagnosticado primavera… Ese tiempo loco que igual te tuesta que te congela y al que tan alegremente le echamos las culpas de cualquier cosa que nos pase. ¿Alergia? La floración primaveral ¿Amor? Es bonito en primavera ¿Sueño? Astenia primaveral ¿Constipado? El cambio de estación ¿Pasión? Otra vez la primavera, que la sangre altera ¡!

Me pregunto a quién le echaremos la culpa en verano cuando, por ejemplo, se nos escape un estornudo por aquello que dicen de dormir con según que parte al aire…

Jueves. La primavera ataca de nuevo y deja el tiempo revuelto y a mí hecha una sopa. Si me he pescado un constipado ya tenemos el menú del día completo. Buenos días.

20.03.2014

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No sé cómo estaréis viviendo vosotros la desaparición del avión malayo, pero en mi trabajo se ha convertido en el culebrón sobre el que compartimos las últimas noticias y especulamos cada día a punta mañana para empezar la jornada laboral.

Hemos pasado de la teoría originaria de la abducción alienígena a la de la conspiración para la repoblación de la china rural, sin descartar que estén en la isla de Lost, en un mundo paralelo del que nadie ha oído hablar. Una pena que Expediente X haya caído en el olvido ya, porque a Mulder y a Scully les iría el caso como anillo al dedo.

Lógicamente, nos achanta la posibilidad de que al final la cifra de pasajeros sea una cifra de víctimas, pero mientras nada se confirme, los seguimos dando por vivos y defendiendo la idea de que manden a un comando de madres en su busca, que esas son las que encuentran todas las cosas…
La verdad es que la cosa tiene tela; que buscando los restos han llegado a encontrar varias agujas del pajar. Yo sigo pensando que antes o después aparecerá, se conocerá toda la historia y tendrá una explicación racional pero, de momento, en este limbo en el que simplemente no están, todo es posible, cómo si fuera la novela de intriga en la que estoy segura que algún escritor avispado ya ha empezado a trabajar… Sólo espero que la que escriba la realidad se quede en thriller y no en drama.

Jueves. A las 17:57, primavera. Feliz equinoccio y buenos días.

19.03.2014

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De la noche a la mañana, el paseo de acceso a la piscina donde voy, ha sufrido una grata transformación: han abierto un restaurante kebab con pequeñas mesas dispares en su idílica terraza; a continuación, una floristería rodeada del aura mágica de los colores de sus flores y, algo más allá, una tiendecita de no se sabe qué que rezuma encanto vintage… Todo muy bucólico, todo muy fantástico. Tan fantástico es, que todo es mentira.

Frente a ese despliegue de armonía visual han aparecido también unos focos más grandes que yo y cámaras y cables por todas partes ¡El paseo se ha convertido en un set de rodaje! Y no es que me moleste el constante trasiego de técnicos y actores o tener que pedir permiso para pasar; lo que no les perdono es la decepción, el breve espacio de tiempo en que tomé la ilusión por realidad; aunque cierto es que ver un kebab idílico debería haberme hecho sospechar… Bueno, pues ahora resulta que la primavera me la ha jugado exactamente igual: el buen tiempo también era una ilusión y hoy -que además de felicitar a padres y Josés, despedimos el invierno- me entero de que el sol y el calorcito se van con él… Qué barato sale ser cruel.

Luces, cámara, acción y…. ¡Miércoles! Buenos días.

06.03.2014

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Adoro ir camino del trabajo y que el sol domine el cielo de la mañana. Aunque me pille sin las gafas en el bolso, un rayo me dé en los ojos, me deslumbre, cruce a ciegas y un coche casi me atropelle… la rutina resulta mucho más prometedora así, cuando el almendro en flor nos recuerda la posibilidad de una primavera.

No es que haga calor (para mí no lo hace hasta que el termómetro llega a los 40°), pero al menos el aire ya no huele a invierno y la hoja del calendario tiene una flor en el día 20 indicando el próximo equinoccio. La naturaleza vuelve a brotar tras el letargo invernal y lleva de la mano mis intenciones: ¡quiero salir! quiero volver a hacer camino al andar, perder de vista las cuatro paredes de la ciudad; quiero oler la vida que empieza, quiero que mi eco rebote en otras piedras, taparme con la manta del viajante, encontrar la carretera a ninguna parte; quiero volar…

Quietos en su alegría los accionistas de Iberia, que no estoy diciendo que vaya a plantarme en Barajas a dejarme el sueldo en billetes. Digo que cuando salen estos primeros días buenos, Madrid me pesa como si cargara todo el cemento de la ciudad en la espalda. Me pueden las ganas de montarme en mi coche hacia destinos inciertos de prados verdes, riachuelos que fluyen y mimosas que florecen… ¿Se ha cubierto ya la vacante que Labordeta dejó? Porque yo también soy capaz de llevar este país en la mochila, o en la suela de las botas que ya no tengo, o entre esas cuatro ruedas que tanto echo de menos.

Jueves y, aunque no procede, San Fridolino. Al mal tiempo, buena cara y, al buen tiempo, una cara mejor. Buenos días de sol…