química

24.06.2015

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El hombre era nómada.

 

Antes. Al principio. Cuando la historia aún no existía porque no se escribía.

 

Nuestra especie nació haciendo suyo el poema de Machado y al andar no sólo hicieron caminos si no calzadas, carreteras y autovías que les acabaron llevando hasta el hogar.

 

Pero por más que uno firme una hipoteca y saque cada mañana su calcetín del mismo cajón, algo del gen errante de nuestros antepasados anida en cada paso que damos.

 

Somos nómadas de un destino que acaba por ser siempre incierto, que está en constante movimiento. Nómadas en nuestras relaciones, que fluctúan, que se desplazan con las mareas y que unas veces te acercan hasta rozarte y otras te alejan. Nómadas en nuestra profesión, donde hoy es un suicidio quedarte anclado. Somos perpetuos viajeros en fines de semana y fiestas de no guardar nada, vagabundos en nuestra ciudad buscando el mejor rincón para quedar, titiriteros del último grito, saltimbanquis de las modas. Y si no somos nómadas de conciencia es porque ejercemos el principio de coherencia.

 

Somos nómadas hasta en la cama. Recorriendo caminos que no aparecen el las sábanas. Haciendo kilómetros en estática, cuando el movimiento busca un destino en la química y no en el mapa. Muchos somos nómadas de la espalda a la que quedar pegada, o de la mano que por ella sube y baja…

 

Es cierto que dejamos los caminos para criar animales de granja, pero hoy no hay nadie sedentario; excepto, quizás, esas vacas.

 

Miércoles. Ojalá nuestros caminos de nómadas encuentren la manera de cruzarse, aunque sea en ‘los bajos fondos de la inmensidad’. Buenos días!

12.12.2013

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quimicefa-plus

Cómo echo de menos mi ‘Quimicefa’.

No es la primera vez que sufro de estas añoranzas lúdico-infantiles; algunas veces no sé qué ponerme y me acuerdo de ‘La rueda de la moda’ o me meten una pulla y contesto con un ‘tocado el submarino’ del clásico ‘Hundir la flota’; pero hoy lo que me gustaría es tener a mano aquella caja azul de las sorpresas: empezar a echar polvitos de colores en un matraz y ver qué pasa, que aunque en la mayoría de ocasiones el experimento se quedaba en un símil de agua de cloaca por más reactivos que aplicaras, en otras -las menos frecuentes pero más emocionantes- cambiaba de color, aparecían burbujas y entraba en peligrosa ebullición… Me encantaba; aunque me llovieran las broncas por estropear alguna bandeja y algún mantel. Y es que aunque nunca hice profesión de aquella afición, creo que algo de esos juegos debió de cristalizar en mí cuando, tanto tiempo después, sigo echando palabras a una probeta buscando la ebullición o si quiera alguna reacción, por la mera aplicación de la química de un verbo.

Jueves. Un-dos, un-dos, un-tres. Buenos días…

18.06.2013

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No sé qué broma es ésta, pero no me hace ni pizca de gracia. Ya no hablo de guardar el nórdico de invierno, que esos patos no me piden pan, ni de despedirme de las botas, que nacieron para pisar charcos; hablo de burros apaleados, que entro ésta mañana a tomarme un café y suena en la radio “antes de ver el sol, prefiero escuchar tu voz”… Eso qué es ¿publicidad subliminal? Pues no señor, no cuela. Oír tu voz no es paliativo para estos fríos renovados, especialmente después de haber disfrutado de un fin de semana veraniego de acostarme con ranas, comer con chicharras y despertarme con ruiseñores.

Oír tu voz puede arrancarme una sonrisa, devolverme la fe, dar brillo a los sueños gastados, repoblar de lepidópteros mi intestino e incluso darme calor… Pero ese lustre que me da el sol, que consigue que hasta el amarillo me siente bien, eso no lo logra el sonido de tu voz; la química de las palabras ya no desata mi fotosíntesis, quizá porque falta foto y falta síntesis. Y faltan ya hasta las palabras.

18 de junio. Hace 835 años, un meteorito impactó contra la luna y cambió la distancia entre ella y la tierra. Eso sí que fue una voz que merecía la pena escuchar ¡! Buenos días….