rabo

15.09.2014

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No tengo costumbre de dormir la siesta. No cabe en mi agenda diaria, ni me parece necesaria (una vez cumplida la edad adulta), así es que -durante 50 semanas al año- la omito. Pero cuando estoy en el pueblo, de vacaciones, se activa un código oculto en mi programación que me impele a echar, todos los días, necesariamente, una cabezadita después de comer [Os hago estas consideraciones previas para que entendáis que el estado mental en el retorno a la realidad está algo…disperso, quizás].

Bueno, pues en una de esas siestas estivales algo raro debí de soñar porque me desperté convencida de que la evolución humana lo estaba haciendo mal. Que deberíamos involucionar y volver a tener rabo. Sí, rabo, cola. De las de por detrás. Como un mandril o un personaje de Avatar. Que nuestra vida sería mucho mejor con una buena cola que nos permitiera un tercer miembro prensor. No? Imaginaros qué bendición para las incontables ocasiones en que nos faltan manos!

Y es que en muchos de mis sueños, yo vuelo. Pero no vuelo como Superman ni como un avión. Es más bien un vuelo corto, a poca distancia del suelo; de lo que deduje aquel día que quizás se trataba de tener un rabito con el que ir dándote impulso. Tipo: un pié aquí, el otro ahí, el rabo enganchado en la farola de allá y ¡zas! Cuatro metros en un solo paso!

Vamos que, francamente, sólo le veo ventajas al asunto. Y no me convencéis de lo contrario, que bastante lo intentó mi pobre amigo Fernando, destinatario aquella tarde de mis desvelos rabiles.

Lo dicho: pido involución. Quiero mi propio rabito (o rabón) y me salto del lunes al viernes de un empujón. Buenos días!!

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20.02.2014

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Era de noche, así es que él era pardo.

Me vigilaba desde una esquina de la calle en actitud de tenso reposo, con la astucia contenida en sus grandes ojos verdes. Yo no podía parar de mirarlo ondeando inquieta y sinuosamente el rabo. ¡Y no deja de lamerse! ¿Llevará botas? Me pregunté. Imposible si le sigo buscando tres pies…

Sabía que lo había visto en alguna parte ¿en el poyete de la ventana? ¿en el tejado de zinc? Puede ser. Es de esos que domina el arte de trepar y también el de descender, que a los demás nos cuesta lo nuestro eso de caer de pie… Rápido, sigiloso e independiente; desde luego no parece de los que se dejan poner un cascabel ¿Cuantas vidas llevará en su piel? Le tildan de doméstico, pero no está domesticado; es más bien Silvestre, que lo mismo te caza un ovillo de la lana que un pollo repipi, sin hablar de los malditos roedores…¡Cuánto has sufrido por Jerry! ¿Será éste el mismo al que acariciaba el profeta, el que entrará en el paraíso? Si es negro debe ser el de Poe, o puede que sea el de ‘el Brujo’, que se llama Macandé. Pero parece diluirse en la oscuridad, dejando sólo el rastro de su sonrisa… será el de Chesire, que se le ha escapado a Alicia. ¿Me lo habrán dado por liebre? Sólo espero no haberlo probado con salsa agridulce…

Hace ¡fú!, arquea el lomo como sólo él y una gimnasta rusa saben hacer y se pierde en el siguiente callejón, pero sé que le volveré a ver: el vicio de la curiosidad que compartimos nos reunirá otra vez.

Jueves y 20 de febrero. Día Internacional del Gato… (Maullando) Buenos días!!

20 febrero. Día Internacional del Gato.